[0:00]Cristianos en armas, una serie de 11 que tiene un ángulo diferente, la de registrar la acción y la opción por la violencia de los cristianos en la historia de México. En este capítulo presentamos la Guerra Cristera.
[0:38]Las demandas que explican el levantamiento armado cristero se remontan a la Guerra de Reforma. Pero el epicentro se encuentra en la promulgación de la Constitución Mexicana de 1910 por sus rasgos extremadamente anticlericales. Los constitucionalistas veían con recelo las incursiones de católicos en el golpe de Estado perpetrado por Victoriano Huerta. El haber conformado el Partido Católico, pero sobre todo haber ampliado la base social católica compuesta de miles de laicos y fieles de parroquias en diferentes regiones de la nación. La Iglesia había construido obras sociales como orfanatos, hospitales, colegios y asilos católicos en todo el país. Fenómeno conocido como un poderoso catolicismo social, percibido por el General Calles como una verdadera amenaza política. Damos inicio a un dramático episodio de México que costó la vida de más de 250.000 personas y otro tanto igual que migraron en exilio. La Guerra Cristera.
[1:56]Pues la Cristiada fue un movimiento bélico que fue la respuesta de católicos frente a lo que era la Ley Calles. Esta ley, durante la presidencia de Calles en julio de 1926, que lo que hacía era estrechar todavía más el control que tenía el Estado sobre la Iglesia, puntos fundamentales. Se limitaba el número de sacerdotes por cada 6.000 habitantes, que si esto se dice en Sonora, pues no hay bronca, ¿verdad? Pero si se dice en el Bajío, con esta concentración del catolicismo tradicional era muy fuerte. Por otro lado también el de delitos de derecho penal, o sea, delitos penales en contra de los sacerdotes que incumplieran estos nuevos reglamentaciones. Y luego un permiso que daba el Congreso o los gobiernos estatales sobre el ejercicio del ministerio sacerdotal. Y esto llegara a nivel municipal. Entonces, por supuesto, que hubo hubo una reacción muy fuerte de la jerarquía, de los propios fieles católicos, como reacciona esto, ¿no? Y a esto siguieron, pues después, la suspensión de cultos, que se ha debatido mucho si estaba consensuado o no con la Santa Sede. Y en la suspensión de cultos que se empezaron a radicalizar las posturas y surgió, pues este movimiento armado a nivel regional, sobre todo entre campesinos. Pues vamos a hablar de Zacatecas, de Colima, de los estados del Bajío. Fundamentalmente los argumentos eran la libertad religiosa. El asunto es que en los argumentos teológicos usados por los obispos mexicanos y por un grupo de jesuitas implicaban toda esta noción de la guerra justa. La Cristiada eh tiene muchas lecturas. Primero es una guerra civil, no, eh comandada digamos entre dos bandos muy bien definidos. Eh especialmente por el tiempo en el cual se da, que es al terminar el conflicto armado, al terminar la Revolución. Es un conflicto que va a surgir entre el Estado mexicano que quiere imponer una versión digamos muy radical de la laicidad, que está contemplada en el artículo 24 Constitucional. Y por otro lado, un grupo de católicos asentados principalmente en el Altiplano Central y en el Occidente y en el centro del país, que ven en la aplicación de esas leyes emanadas de la laicidad una violación a sus derechos. Una violación a sus derechos como creyentes, no? Esa es una de las lecturas, otra lectura que podemos hacer es que es un conflicto agrario, no? en donde hay grupos de campesinos que aprovechando la revuelta eh religiosa se suman a a los cristeros eh para impedir el mayor fraccionamiento de sus tierras, es una época en la cual eh se está planteando eh empezar con el reparto agrario. Entonces, van a haber campesinos en Guanajuato, en Jalisco, en Michoacán, que después van a formar eh los sinarquistas que se oponen a la repartición de tierras, ¿no? A que sus tierras sean más fragmentadas, ¿por qué? Porque ellos no vienen de una cultura de hacienda, vienen de una cultura de rancho. Y por último, podemos decir que es un conflicto este también dentro de de de la jerarquía católica con eh la feligresía, ¿no? Va a haber un momento en donde eh la feligresía al levantarse en armas este va a poner en entredicho al clero católico y especialmente a a los obispos y va a haber este enfrentamiento entre laicos y religiosos. La Guerra Cristera viene entre comillas a resolver un conflicto que lleva más de medio siglo, que son las Leyes de Reforma. Las Leyes de Reforma y la Constitución del 57 en su carácter laico, transforma la vida religiosa de este país. Quita propiedades a la Iglesia, pero especialmente quita algo importante, que es su papel como orden público. La Iglesia antes de las Leyes de Reforma opera registrando nacimientos, registrando defunciones, siendo parte integral de la vida política. Cuando se hace la Constitución del 17, los católicos que son una fuerza política importante, quedan fuera de las discusiones de del Constituyente del 17 y se va generando lo que será ahí el conflicto cristero, ¿no? ¿Por qué? Porque la Constitución del 17 es todavía mucho más radical en el sentido de separación entre Iglesia y Estado que la Constitución del 57, ¿no? Inclusive este hay propuestas sobre reducir el número de sacerdotes, este eh prohibir la confesión, este obligar a los sacerdotes a casarse, este tipo de cosas que a la larga van a ir fomentando una enorme animadversión contra el nuevo régimen. Y entonces, en la década de los 20, cuando se está formando el nuevo Estado Mexicano, y surgen personalidades como Plutarco Elías Calles, que quiere llevar esta radicalización como impronta de su gobierno, surgen los grupos católicos como movimientos políticos, ¿no? Y entonces, surge la Guerra Cristera como un movimiento en oposición al nuevo régimen, pero también en apoyo para demandar ante la comunidad internacional y ante eh digamos la opinión pública, digamos actualmente, las violaciones que ellos sienten que que se deben a sus derechos como católicos, ¿no? Impidiéndoles, por ejemplo, reducir el número de sacerdotes, buscando que hubiera una cisma con la Santa Sede y otras este acotaciones que venían de la ley. Ellos lo sienten como una agresión y, por lo tanto, organizan un movimiento que primero será pacífico y que a medida que el gobierno se niega a resolver, se va a ir a las armas. La intervención eclesiástica fue muy dispareja, es decir, no podemos decir que había una posición común del episcopado. O sea, tenemos por un lado una carta del Papa de entonces, Pio 11, diciendo, pues, que se mantuvieran alejados los sacerdotes de estas leyes anticlericales. Esto lo cita mucho Ran Mayer en su libro de la Cristera, también había obispos que favorecieron y apoyaron al movimiento cristero, como el caso del Obispo de Huejutla, el Obispo de Tacámbaro, el propio Orozco y Jiménez de Guadalajara. Y hubo otros obispos, como el caso de Ruiz y Flores de Morelia y que además era el delegado apostólico, que decía, vámonos con tiento, no está tan sencillo entrarle, ¿no? Entonces, había muchas posiciones en un movimiento que no estaba claro y que pues el juicio histórico le pegó a la jerarquía por al fin y al cabo haber pactado con un estado, como el mexicano, en 1929.
[9:13]Y muchos de los católicos que participaron en las distintas organizaciones, los cristeros, la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa, los Caballeros de Colón, pues muchos de ellos vieron como una traición de sus pastores, de sus obispos, haber negociado con un estado como el mexicano. Toda la Guerra Cristera parte de una división de esta división que hay en la Iglesia desde el siglo 12, desde el pacto gregoriano que se hizo, en donde los laicos y los clérigos están perfectamente divididos. Toda la Guerra Cristera va a jugar sobre ese pacto.
[9:54]Por ejemplo, la visión del el historiador oficial de los Jesuitas sobre la Guerra Cristera dice, cuando los católicos no encontraron otra salida que lanzarse a la guerra para recuperar su libertad religiosa, está dividiendo a los católicos de los jesuitas y a los católicos de sus obispos. Los obispos van a hacer exactamente lo mismo. El asesinato del Presidente Electo Álvaro Obregón fue un magnicidio que representó el clímax de la Guerra Cristera. Fue perpetrado por José de León Toral el 17 de julio de 1928 en el restaurante La Bombilla al sur de la Ciudad de México. José de León Toral era un militante de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la ACJM, y de la Liga de la Defensa de la Libertad Religiosa. Pertenecía a una célula católica y fue el tercer intento junto a personajes como los hermanos Pro, Luis Segura Vilchis, entre muchos otros católicos temerarios combatientes por su fe. Vamos a una pausa y regresamos la Guerra Cristera.
[11:19]La atmósfera política y religiosa propició que cientos de católicos ofrendaran su vida en defensa de su religión. Uno de los casos lo encontramos en el Niño Mártir José Sánchez del Río, el Niño Cristero quien pidió morir torturado y sacrificado por su fe. Tuvo una muerte terrorífica. Como él, cientos de jóvenes ofrendaron sus vidas en los campos de batalla. Hubo cientos de casos de martirio como entrega y la manera de honrar su fe. Hablamos de un fanatismo, fanatismo cercano a los fedallines islámicos de hoy, aquellos que se sacrifican por Dios. Algunos de estos mártires en el Vaticano los han beatificado y canonizado como a José Sánchez, el Niño Cristero. Seguimos con la Guerra Cristera en Cristianos en Armas.
[12:22]El episcopado durante el año 26 tiene muchas dudas. Pascual Díaz, que es el Secretario del episcopado, manda una carta a Roma al inicios de julio del 26, insinuando que la mayoría de obispos estaba en contra de la ley, obviamente, y que había que suspender el culto público. La suspensión del culto público va a ser importantísima como el primer paso de no retorno para exacerbar las contradicciones y pensar en la lucha armada. Por otro lado, un grupo de jesuitas de los cuales le puedo decir dos nombres, Rafael Martínez del Campo y el Padre Méndez Medina, mandan una carta también hablando de la necesidad de suspender el culto público por medio del obispo de Tulancingo. El obispo de Tulancingo el 21 de julio tiene una reunión con Pío 11, aceptó la suspensión del culto público, manda el Secretario de Estado al otro día una carta diciendo que los católicos no vean que nosotros cedemos, una carta suficientemente ambigua pero apoyando la suspensión y al mismo tiempo no totalmente declarándose a favor de la suspensión, como son los escritos vaticanos. Sacerdotes, algunos, y lo que más hubo fue acompañamiento pastoral, como se dice de los sacerdotes. Incluso este controvertido personaje, Don Pascual Díaz, ¿no? cuando era obispo de Tabasco y que le tocaron los arreglos después a él, de que decía sean el sacerdote celebre la misa, confiesen, acompañen a los pues al pueblo armado en este momento. Oficialmente no. Cuando uno recorre la zona de los Altos de Jalisco, pues uno se da cuenta que claro que sí lo hubo, ¿no? Entonces, algunos con las armas, pero sobre todo con este acompañamiento espiritual y con un discurso muy confuso de la jerarquía que era sí, pero no. El 31 de julio decreta la suspensión del culto y esto es un esto tiene un efecto simbólico sobre mucha gente, católica, campesinos, clase media, etcétera, porque sienten que se vacían sus Iglesias. Y entonces, al otro día en Guadalajara hay mínimo dos casos de asesinatos hechos por católicos a un militar y a un maestro al pasar por la Iglesia de Jesús, y empieza a exacerbarse la cosa. Todavía los dos obispos del episcopado mexicano, Pascual Díaz entre ellos y Leopoldo Ruiz y Flores, intentan hablar con Calles y decirle que se puede parar la cosa y la radicalización. Calles les dice, manden sus cartas al Congreso. Hay 2.000.000 de firmas en un país de 16.000.000 de habitantes diciendo que quiten la la ley. No la quitan y entonces empieza la lucha armada. Pero entonces, el episcopado y la Compañía de Jesús, es muy importante en este primer paso de no retorno. Todavía el Provincial de los Jesuitas, el Padre Vega, describe al Padre Lercoski, que es el General de la Compañía, diciéndole, es una gloria para la Compañía el haber contribuido a la suspensión del culto porque se ve la firmeza de la Iglesia. Ya tendría tiempo de arrepentirse en sus palabras cuando empiezan los muertos. Lo que no lograron medir los obispos fue la reacción popular. Ellos creían que iban a controlar a la reacción popular y lo que ocurre es que esta los sobrepasa. Y al sobrepasarlos, este llega un momento en donde no solo pierden el control de las masas que están en guerra, sino también pierden el control, digamos, de la religiosidad. Entonces, para muchos de los católicos servir en el campo de batalla o servir en las redes de resistencia que existían en las ciudades,
[16:29]y exponer su vida va a ser visto como algo correcto y como el deber que tiene un caballero católico, una dama católica, para morir en nombre de Cristo. De cierta manera, se va a fomentar el martirio. No, hay este martirio de niños que les quitaban la la piel de de de las plantas de los pies y que tenían que caminar. Y la ruta cristera en Jalisco, pues lo que hace memoria es el martirio de todos los que dieron su vida por la fe y que lo dieron valientemente sin echarse para atrás, o sea, sí hay una exaltación del martirio a lo largo de todo el movimiento cristero. No solo morían por Cristo, que es lo que más se exaltó, sino mataban por Cristo. Entonces, toda una parte de la población civil las protegía, servía de de red cuando a Nocleto González Flores, el líder de Jalisco, muere, las mujeres van con con algodones a tomarle la sangre de los balazos para llevárselas y convertirlas en reliquias, igual con el Padre Pro. Entonces, se convierten en reliquias y las reliquias sirven para exaltar al martirio porque todo está hecho en función de morimos por Cristo Rey. Hay grandes episodios de martirio durante la Guerra Cristera, el más conocido es el el juicio del Padre Pro, junto con sus hermanos y Luis Segura Vilchis, pero también hay procesos a sacerdotes, como el Padre Cristóbal Magallanes, el Padre Toribio Romo, adolescentes que se metieron al conflicto este como José Sánchez del Río, no? que es un adolescente de Sahuayo, Michoacán, el cual sirve como tambor, es el que lleva el tambor con los cristeros, es detenido y en la iglesia de Sahuayo lo martirizan de una manera terrible, le cortan las plantas de los pies, lo obligan a caminar sobre este zarzas ardientes, este carbones, etcétera, y al final lo matan, ¿no? Este conjunto de de de laicos, este y de sacerdotes, eh fue canonizado en los últimos cuartos de siglo
[18:35]desde la época de Juan Pablo II, el primer cristero en elevarse a los altares es el Padre Pro, de ahí, bueno, Cristóbal Magallanes, este José Sánchez del Río que lo canonizaron hace un par de años. Hemos visto que hay diversos ángulos para entender la Guerra Cristera. La religiosa y la lucha social agraria como continuidad y reacción a la Revolución Mexicana. También constatamos que la jerarquía católica no es homogénea y el papel del Vaticano es ambiguo también. Sin embargo, ambos se ven rebasados por un poderosísimo movimiento social armado de fieles que hacen suya la libertad religiosa. Amparados por su fe, se sienten protegidos por la Virgen de Guadalupe. Vamos a una pausa y continuamos con la Guerra Cristera de la serie Cristianos en Armas.
[19:41]Pese a que la Iglesia en materia de género es conservadora, y aún más en aquellos años, es de destacar el papel de las mujeres en la Guerra Cristera. No fueron solo acompañantes ni sombras de sus parejas. La historiografía nos narra un papel relevante y hasta protagónico de las mujeres en diferentes trincheras. Desde el trabajo clandestino en las ciudades hasta en los frentes de batalla, las mujeres católicas se mostraron valerosas. Una Cristiada en femenino al grito de Viva Cristo Rey, al grito Viva la Virgen de Guadalupe. Las mujeres fueron un actor primordial que la narrativa católica aún no ha reconocido con amplitud ni justicia. Seguimos con la Guerra Cristera, la serie Cristianos en Armas.
[20:43]René Capistrán Garza pertenecía a la organización secreta de la U. La organización secreta de la U nace en 1915, y los promotores fundamentales son Luis María Martínez, que era el rector del Seminario de Morelia, que después va a ser el obispo auxiliar de Morelia y después va a ser el obispo de México a partir del 37 sustituyendo a Pascual Díaz. A su vez, en el 23 hay una crisis porque hay gente de la U que quiere entrar ya directamente a la Guerra 3 años antes, entre ellos el General Jesús Degollado Guízar, Tío carnal de Marcial Maciel, que va a lanzarse a la Rebelión de la Guertista junto con su cuñado Luis Ibarra y con todo este grupo. René Capistrán junto con Luis Segura Vilchis, el el que hizo el atentado fallido a Obregón, crean adentro de la U una organización que se llamó la Suástica. De ese grupo va a salir todos estos miembros de acción directa que en lugar de ir a luchar al campo de batalla decían, hay que ir directamente a matar al tirano. El tirano era Obregón, estos grupos de acción directa son importantes. Ahí entra René Capistrán Garza. René Capistrán Garza va a ser también muy importante porque en la reunión del 26 de noviembre del 26, cuando se reúnen 13 obispos entre ellos Pascual Díaz, Leopoldo Ruiz y Flores, que van a ser los futuros obispos arreglistas, y ahí es donde René Capistrán le reclama que Pascual Díaz se echó para atrás. En el momento en que Roma dice se acabó, entonces, todos estos que están digamos, sometidos a la obediencia romana, tienen que cerrar filas a regañadientes.
[22:28]En cambio, los cristeros se quedan colgando directamente los puentearon. Estos se dan en los arreglos de 29, que aquí con el surrealismo, ¿verdad? Fueron arreglos que no se pudieron firmar, porque la Iglesia, según la Constitución de 1917, no tenía personalidad jurídica.
[22:46]Entonces no podía firmar, fueron acuerdos de palabra entre Portes Gil, que fue el Presidente en ese momento de este del Maximato ya después del periodo de Calles, y pues el delegado apostólico, Ruiz y Flores y Pascual Díaz y el primer punto de los dos en lo que estuvieron de acuerdo es acabar con el con el vía armada, ¿no? Que fue costosísima para los dos bandos. Y la segunda, que es ese otro tema, que es acabar con la vía del secreto. O sea, muchas organizaciones beligerantes como la U, como las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco, tenían el voto de los secretos. Y entonces, Pio 11 dice, prohibido el secreto en las organizaciones. Entonces, estas organizaciones que habían dado su vida por Dios, así lo veían, pues les dicen, te desmovilizas, te callas y los que viven en secreto, se acaba el secreto. Entonces, bueno, evidentemente que fue un saldo que que dejó una sensación en algunos, como digo, no se puede hablar de la Iglesia, sino de grupos, de agravio moral de nos traicionaron. Esa es una. Y por otro lado, desde el punto de vista constitucional, nada, quedaron las mismas leyes, quedó los ministros de cultos sin personalidad jurídica, pero lo que sí quedó es pues decir, el estado se dio cuenta de lo que implicaba la Iglesia Católica o los católicos cuando se alzaban, y la Iglesia se dio cuenta del costo enorme que implicaba una confrontación como esta, que no hemos vuelto a tener. Y lo que sí creo que les que que los tomó de sorpresa no solo a la Iglesia, sino al Estado Mexicano, era esta irrupción del pueblo que tenía también motivos agrarios, ¿no? Pero que tenía estos motivos de defender su fe por encima de otras consideraciones. Cuando hablamos de estos levantados, pues no estamos hablando de una doctrina ortodoxa, sino estamos hablando de los derechos de Dios. Esto es muy claro con su periódico que se llamaba El David. Y en el Antiguo Testamento, pues David es el que lucha contra Goliat. Por supuesto, Goliat era el estado mexicano. Entonces, hay esta cosa profunda en la religiosidad popular que sale del alcance y del control del Estado, pero también de la Iglesia. Que va a traer la como consecuencia el conflicto cristero. Eh yo creo que trae dos cosas y vienen en dos niveles, primero, esta este resentimiento popular, ¿no? en contra de la Iglesia, que va a ser como clave en eh en estos estados del Bajío y del occidente. Y por otro lado, eh para la iglesia, para la jerarquía eclesiástica, va a representar una alianza con la nueva clase política que viene después de la Revolución. Diríamos que a medida que van pasando las décadas, la clase política se va reforzando en el PRI, se va convirtiendo en un partido único. La Iglesia Católica Mexicana se fue volviendo priísta, dejando, volvemos a lo mismo, a muchos de sus feligreses que reclamaban a partir de movimientos, originalmente eran cofradías o reuniones de oración o guardias de honor o todas estas cosas
[26:15]eh que existían en el catolicismo de la época y que después se fueron politizando y se fueron convirtiendo en organizaciones agrarias o en organizaciones campesinas, en movimientos de defensa de los derechos humanos, en movimientos de resistencia en contra del gobierno. Entonces vemos estos dos niveles, una Iglesia popular o una Iglesia de base, la cual continúa de cierta manera la lucha y una jerarquía que se mimetiza totalmente con el poder. La Cristiada es una herida en la historia de México que aún no ha cicatrizado por completo. La Cristiada inspira aún ahora muchos grupos católicos con ánimos revanchistas. A partir de la Guerra Cristera surgieron movimientos políticos como los sinarquistas y grupos católicos clandestinos y semi secretos que ancían aún imponer desde su fe un nuevo orden social católico. La animosidad cristera sigue viva. Grupos como El Yunque, Profamilia y Pro Vida son herederos beligerantes. Agradezco la presencia en este episodio de la Doctora María Luisa Aspe, Catedrática de la Universidad Iberoamericana. del Doctor José Alberto Moreno Chávez, director de investigación de Dumas, SC y a Fernando González, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Soy Bernardo Barranco, agradezco su compañía en esta emisión de Cristianos en Armas y, por supuesto, le invito a que nos veamos en nuestro próximo capítulo.



