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Aïllar els edificis (I)

Construcció sostenible

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[0:03]Mejorar el aislamiento de un edificio existente aporta muchos beneficios a corto y largo término. En este capítulo veremos qué ventajas tiene aislar los edificios y algunos de los criterios que hay que seguir para lograr los mejores resultados.

[0:20]Cuando se habla de las acciones más rentables a la hora de mejorar la eficiencia energética, y consecuentemente en el ahorro de energía en los edificios, es habitual orientarse hacia los sistemas activos. Es bien cierto que cambiar la caldera, las lámparas o los aparatos de climatización, puede suponer un ahorro energético, pero si pensamos en una estrategia de ahorro coherente y a largo plazo, veremos que mejorar el aislamiento es una acción clave. En primer lugar, lo que hay que hacer es reducir la demanda de energía del edificio, mejorando su aislamiento. Cambiar los sistemas activos debe hacerse en una segunda fase, ya que mejoraremos la eficiencia con la que se satisface esta demanda. Si lo hacemos al revés, porque es más fácil, primero mejoramos la eficiencia y después reducimos la demanda, nos encontraremos con unos sistemas activos sobredimensionados. Queda claro que cambiar los sistemas activos no es siempre la opción más rentable. Sólo será así si nos limitamos a pensar a corto plazo. Las principales ventajas de aislar los edificios son: reducción de la demanda energética. Si se reduce la transmisión de calor de la envolvente del edificio, los sistemas activos de climatización necesitarán consumir menos energía para alcanzar temperaturas de confort. Mejora del confort térmico. En un espacio donde la temperatura ambiente es adecuada, no necesariamente hay confort. Puede ser que las paredes estén frías y por radiación, nuestro cuerpo desprenda calor en dirección a la pared. También puede ser que la climatización deba funcionar a gran velocidad si hay pérdidas o ganancias importantes de calor. En ambos casos, habrá disconfort independientemente de la temperatura ambiente. Mejora del confort acústico. Un buen aislamiento térmico suele aumentar considerablemente el aislamiento acústico de los cerramientos, mejorando así el confort de los usuarios. Cuando aislamos un edificio existente, tenemos que seguir una serie de criterios para decidir qué materiales utilizar, cómo colocarlos y cuáles son los grosores más adecuados. A la hora de aislar las fachadas de un edificio, lo primero que hay que tener en cuenta son sus características. Si se desea conservar el aspecto exterior, difícilmente se podrá aislar por el exterior, aunque a menudo sea una opción más fácil, económica y eficaz. También hay que saber si ya tiene aislamiento, su potencial y si hay puentes térmicos. La mejor forma de determinar estos parámetros es haciendo un estudio termográfico. En algunas ocasiones, podemos encontrar aislamientos mal colocados que se han desprendido y con importantes puentes térmicos con los que hay que tener cuidado. Si la fachada dispone de cámara de aire, es posible introducir diversos tipos de aislantes, consiguiendo reducir el coeficiente de transmisión térmica de la fachada con un coste bastante bajo. Se pueden utilizar materiales como la fibra de celulosa, la perlita expandida, la arcilla expandida u otros materiales de nueva generación, especialmente diseñados para esta función. El inconveniente de esta solución es que la mayoría de puentes térmicos, como los frentes de forjado o los pilares de fachada, seguirán siendo vías de paso del calor. Aún así, la relación entre mejora y coste es buena. En general, la opción más interesante es aislar por el exterior, porque nos permite eliminar más fácilmente la mayoría de puentes térmicos y también se aprovecha mejor la inercia térmica de los cerramientos existentes. Otra ventaja es que una intervención de este tipo se puede llevar a cabo sin afectar la actividad habitual del edificio. Las dos soluciones más habituales para aislar una fachada por el exterior son: utilizar un sistema compuesto de aislamiento térmico para el exterior o adoptar una solución de fachada ventilada. En los sistemas compuestos de aislamiento es común utilizar una capa de material aislante con un sistema de revestimiento mineral como acabado. Como material aislante, tenemos a disposición una amplia gama. Fibras de minerales, planchas de fibra de madera, planchas de corcho, poliestirenos, poliuretanos. A la hora de elegir, hay que tener muy presente los impactos ambientales de cada uno de ellos, información que sólo resulta fiable si disponemos de una Declaración Ambiental de Producto, como las que figuran en la base de datos de la Agenda de la Construcción Sostenible. Las fachadas ventiladas nos dan más libertad a la hora de elegir el aislamiento, y aparte de los materiales que hemos comentado antes, también se puede considerar la utilización de cáñamo o lana de oveja. El punto más complejo de resolver para todos los sistemas y en todos los edificios es el encuentro con las aberturas y otros puntos singulares generados por las formas arquitectónicas. Hay que hacer un estudio cuidadoso de todos estos puntos, ya que una mala solución en estos casos podría invalidar la calidad y la efectividad de la actuación. Hay diversas razones por las cuales nos puede resultar imposible aislar por el exterior, como por ejemplo, que la normativa urbanística no nos permita incrementar el grosor de la fachada hacia el exterior, que estemos actuando en una única vivienda dentro de un edificio plurifamiliar, y muchas otras. En estos casos, la opción que nos queda es colocar el aislamiento en las paredes interiores. Una de las opciones que más se utiliza es colocar paneles de material aislante adosados a la pared y acabarlo con paneles de cartón yeso, para reducir al máximo la superficie útil perdida. En la intersección de paredes y forjados con las fachadas, nos quedarán puentes térmicos que podemos evitar alargando el aislamiento unos 50 centímetros. Es una solución poco estética, pero efectiva. Los materiales a utilizar pueden ser todos los de la gama de aislantes que encontraréis en la base de datos de la Agenda de la Construcción Sostenible. En próximos capítulos seguiremos hablando sobre los aislantes, viendo otros ámbitos de aplicación y casos prácticos.

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