[0:09]Libro uno. De las causas del progreso en la capacidad productiva del trabajo y de la forma en que su producto se distribuye naturalmente entre las distintas clases del pueblo.
[0:24]Capítulo uno: de la división del trabajo. El mayor progreso de la capacidad productiva del trabajo, y la mayor habilidad y destreza con que se han aplicado, parecen haber sido efectos de su división. Será más fácil comprender las consecuencias de la división del trabajo en la actividad global de la sociedad, si se observa la forma en que opera en algunas manufacturas concretas. Se supone que dicha división es desarrollada mucho más en actividades de poca relevancia, no porque efectivamente lo sea más que en otras de mayor importancia, sino porque en las manufacturas dirigidas a satisfacer pequeñas necesidades de un reducido grupo de personas, la cantidad total de trabajadores será inevitablemente menor, y los que trabajan en todas las diferentes tareas de la producción están asiduamente agrupados en un mismo taller y a la vista del espectador. Por el contrario, en las grandes industrias que cubren las necesidades prioritarias de la mayor parte de la población, cada rama de la producción emplea tal cantidad de trabajadores que es imposible reunirlos en un mismo taller. En la fabricación de alfileres, por ejemplo, un trabajador no preparado para esta actividad, no familiarizado con la maquinaria, podrá quizá con un máximo esfuerzo hacer un alfiler en un día, aunque ciertamente no podrá hacer 20. Pero actualmente esta actividad no es solo un oficio particular, sino que ha sido dividida en un número de ramas, cada una de las cuales es un oficio particular. Un hombre estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo corta, un cuarto lo afila, un quinto lo lima en un extremo para colocar la cabeza. El hacer la cabeza requiere 2 o 3 operaciones distintas, el colocarla es una tarea especial y otra el esmaltar los alfileres, hasta el empaquetarlos es por sí mismo un oficio. Y así la producción de un alfiler se divide hasta en 18 operaciones distintas.
[3:00]He visto una pequeña fábrica en la que había solo 10 hombres trabajando y en la que consiguientemente algunos de ellos tenían a su cargo 2 o 3 operaciones. Y aunque eran muy pobres y carecían por tanto de la maquinaria adecuada, si se esforzaban, podían llegar a fabricar entre todos unas 12 libras de alfileres por día. En una libra hay más de 4000 alfileres de tamaño medio. Esas 10 personas entonces, podían fabricar conjuntamente más de 48000 alfileres en un solo día. Con lo que puede decirse que cada persona como responsable de la décima parte de los 48000 alfileres, fabricaba 4800 alfileres diariamente. Ahora bien, si todos hubieran trabajado de manera independiente y por separado y si ninguno estuviese entrenado para este trabajo concreto, sería imposible que cada uno fuese capaz de fabricar siquiera 20 alfileres por día. Y quizá no hubiesen podido fabricar ninguno. En todas las demás artes y manufacturas, las consecuencias de la división del trabajo son semejantes a las que se dan en esta industria tan sencilla. Cuántos oficios son empleados en cada rama de la industria de lino o de la lana, desde quienes cultivan la planta o cuidan el vellón, hasta los bataneros y blanqueadores de lino o quienes tiñen o aprestan el paño. Es cierto que la naturaleza de la agricultura no admite tanta subdivisión del trabajo como en la manufactura, ni una separación tan cabal entre una actividad y otra. Es imposible separar tan completamente la tarea del ganadero de la del cultivador, como la del carpintero o la del herrero. El hilandero es casi siempre una persona distinta del tejedor, pero el que ara, rastrilla, siembra y cosecha es comúnmente la misma persona. Como esas diversas labores cambian con las diferentes estaciones del año, es imposible que un hombre esté permanentemente empleado en ninguna de ellas.
[5:24]Esta imposibilidad de llevar a cabo una separación tan profunda y completa de todas las ramas del trabajo empleado en la agricultura. Es probablemente la razón por la cual la mejora en la capacidad productiva del trabajo en este sector no alcance siempre el ritmo de esa mejora en las manufacturas. Aunque el país más pobre, a pesar de la inferioridad de sus cultivos, puede en alguna medida rivalizar con uno considerado rico en la baratura y calidad de sus granos. No podrá competir con sus industrias, al menos en las manufacturas que se ajustan bien al suelo, al clima y a la situación de dicho país. La división del trabajo incrementa la productividad porque primero, aumenta la destreza de todo trabajador individual. Segundo, ahorra el tiempo que normalmente se pierde al pasar de un tipo de tarea a otro. Y tercero, propicia la invención de un gran número de máquinas que facilitan y abrevian la labor y permiten que un hombre haga el trabajo de muchos. La gran multiplicación de la producción de todos los diversos oficios derivada de la división del trabajo, da lugar en una sociedad bien gobernada a esa riqueza universal que se extiende hasta las clases más bajas del pueblo. Si se observan las comodidades del más común de los artesanos o jornaleros en un país civilizado y próspero, se aprecia que el número de personas cuyo trabajo, aunque en una proporción muy pequeña, que ha sido dedicado a procurarles esas comodidades supera todo cálculo. Por ejemplo, la chaqueta de lana que abriga al jornalero, por tosca que sea, es el producto de la labor conjunta de una multitud de trabajadores. El pastor, el seleccionador de lana, el peinador o cardador, el tintorero, el desmotador, el hilandero, el tejedor, el batanero, el confeccionador, y muchos otros deben unir sus diversos oficios para completar incluso un producto tan corriente.
[7:46]Y además, cuántos mercaderes y transportistas se habrán ocupado de desplazar materiales desde alguno de estos trabajadores a otros, que con frecuencia viven en lugares muy apartados del país. Qué variedad de trabajo se necesita para producir las herramientas que utiliza el más modesto de esos operarios? Por no hablar de máquinas tan complicadas como el barco del navegante o el telar del tejedor, consideremos solo las clases de trabajo que requiere la construcción de una máquina tan sencilla como las tijeras con las que el pastor esquila la lana de las ovejas. El minero, el fabricante del horno donde funde el mineral, el leñador que corta la madera, el fogonero que cuida el crisol, el fabricante de ladrillos, el albañil, los trabajadores que se ocupan del horno, el fresador, el forjador, el herrero, todos deben agregar sus oficios para producirla. Si examinamos análogamente todas las distintas partes de su vestimenta o su mobiliario, encontraremos algo parecido.
[9:02]La tosca camisa de lino que cubre su piel, los zapatos que protegen sus pies, la cama donde descansa y todos sus componentes, el hornillo donde prepara sus alimentos, todos los demás utensilios de su cocina, vajilla de su mesa, los cuchillos y tenedores, las diferentes manos empleadas en preparar su pan y su cerveza, la ventana de cristal que deja pasar el calor y la luz, pero no el viento y la lluvia, con todo el conocimiento y el arte necesarios para preparar un invento tan hermoso y feliz, sin el cual estas regiones nórdicas de la tierra no habrían podido contar con habitaciones confortables, junto con las herramientas de todos los diversos trabajadores empleados en la producción de todas esas comodidades, todas son producto de la unión de un sinfín de oficios.
[9:59]Capítulo 2: del principio que da lugar a la división del trabajo. Esta división del trabajo, de la que se derivan tantos beneficios, es la consecuencia necesaria de la naturaleza humana de cambiar una cosa por otra. La propensión existe en todos los seres humanos y no aparece en ninguna otra raza de animales. Nadie ha visto jamás un perro realizar un intercambio honesto y deliberado de un hueso por otro con otro perro. Y nadie ha visto tampoco un animal indicar a otro mediante gestos o sonidos naturales, esto es mío, aquello suyo y estoy dispuesto a cambiar esto por aquello. El cachorro, mediante ladridos, llama a su madre, y el perro se esfuerza con mil salamerías en atraer la atención de su amo en la cena, si desea que se le dé algo de su comida. El hombre recurre a veces a las mismas artes como sus semejantes, y cuando no tiene otros medios para impulsarles a actuar según sus deseos, procura seducir sus voluntades, pero no podrá actuar así en todas las ocasiones que se le presenten. En una sociedad civilizada, estará constantemente necesitando de la cooperación y ayuda de grandes multitudes, mientras que toda su vida apenas le resultará suficiente como para ganar la amistad de un puñado de personas.
[11:47]Es más probable que la consiga si puede dirigir en su favor el propio interés de los demás y mostrarles que el actuar según él demanda redundará en beneficio de ellos. Esto es lo que propone cualquiera que ofrece a otro un trato. Todo trato es: dame esto que deseo y obtendrá esto u otro que deseas tú. Y de esta manera conseguimos mutuamente la mayor parte de los bienes que necesitamos. No es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio. No nos dirigimos a su benevolencia, sino a su propio interés y jamás les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.
[12:41]Así como mediante el trueque o la compra obtenemos de los demás la mayor parte de los bienes que recíprocamente necesitamos, eso da lugar a la división del trabajo. En una tribu de cazadores o pastores, una persona concreta hace los arcos y las flechas, por ejemplo, con más velocidad y destreza que ninguna otra. A menudo los entrega a sus compañeros a cambio de ganado o caza. Eventualmente descubre que puede conseguir más ganado y caza de esta forma que yéndolos a buscar él mismo al campo. Así y de acuerdo con su propio interés, la fabricación de arcos y flechas llega a ser su actividad principal, y él se transforma en una especie de armero. Otro hombre se destaca en la construcción de armazones y techos de sus pequeñas chozas. Está habituado a servir de esta forma a sus vecinos, quienes lo remuneran análogamente con ganado y caza, hasta que al final él descubre que es su interés el dedicarse por completo a ese trabajo y volverse carpintero. Un tercero, de igual modo, se convierte en herrero o caldero y un cuarto en curtidor o adobador de cueros o pieles, que son la parte principal de la vestimenta empleada por los primitivos. Y así, la certeza de poder intercambiar el excedente del producto del propio trabajo con aquellas partes del producto del trabajo de otros hombres que le resultan necesarias, estimula a cada persona a dedicarse a una ocupación en particular. Y a cultivar y perfeccionar todo el talento o los dones que pueda tener para ese quehacer particular. La diferencia entre un filósofo y un cargador de objetos parece surgir no tanto de la naturaleza como de la costumbre y la educación. Cuando vinieron al mundo y durante los primeros 6 u 8 años de vida, es probable que se parecieran bastante. Luego se van ocupando en actividades distintas, es entonces cuando la diferencia de talentos empieza a ser visible. Pero sin la disposición a intercambiar todo, toda persona debería haberse procurado él mismo todas las cosas necesarias y convenientes para su vida. Todas las personas habrían tenido las mismas obligaciones y habrían realizado el mismo trabajo, y no habría habido esa diferencia de ocupaciones que puede ocasionar una gran diversidad de talentos. Entre los seres humanos, hasta los talentos más dispares son mutuamente útiles.
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