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Dario Sztajnsrajber - El mito de Prometeo

La Pedagogía que Vendrá

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[0:00]vamos a leer un mito, un mito bastante extenso, nos va a permitir adentrarnos al mundo de la mitología, un mundo digamos, raro para nosotros, la mitología griega, el conjunto de relatos, de narraciones que hacía al conocimiento de esa época, sí.

[0:24]Los mitos eran mitos muy, este, heterodoxos también, como que lo que pasaba en la mitología griega con los dioses es que no es que eran mitos uniformes o habían unos únicos relatos, sino que habían miles de versiones para los, este, los dioses, los mismos dioses.

[0:43]O por ahí habían relatos que estaban contados de manera muy distintas y con finales muy diferentes. El mito era el modo en que se explicaba todo en ese antiguo mundo griego, este, con lo cual era casi el saber de de su época, ¿no?

[0:58]Vamos a leer un mito clave, clave, que es el mito de Prometeo, ¿sí? Por ahí oyeron hablar de Prometeo, vamos a leerlo y, este, y a a ver qué nos queda y qué nos dice sobre nuestra realidad de hoy.

[1:14]Del matrimonio de Gea y Urano, primeros entre los dioses, nacieron los Titanes, entre entre quienes se cuentan Japeto y Crono. Japeto es el padre de Prometeo, Crono de Zeus.

[1:32]Primos por parte de su padre, el enfrentamiento de estos dioses será crucial para la historia de los hombres. Los humanos fueron creados por los dioses inmortales y en un principio vivían en total bienaventuranza sin necesidad de trabajar

[1:50]para lograr su sustento. Pero ocurrió que una vez hombres y dioses se encontraron en Mecona con la finalidad de separar los lotes. Prometeo, el hijo de Japeto, representaba a los mortales.

[2:05]Zeus, su primo, hijo de Crono y rey de los dioses, era el delegado de los habitantes del Olimpo. Prometeo quiso engañar a Zeus para favorecer a los hombres.

[2:16]Para ello, tomó un buey y lo abrió. De un lado puso la carne y las vísceras, es decir, la parte comestible, envueltas en el vientre del animal. Del otro lado colocó los huesos pelados y los cubrió con toda la brillante grasa.

[2:35]Hecho el reparto se lo ofreció a Zeus. Zeus, el más ilustre y poderoso de los dioses inmortales, lo aduló Prometeo el de corazón astuto.

[2:48]Elige de las partes la que te dicta el corazón. Zeus, gracias a su capacidad de anticipar los sucesos, se dio cuenta de la astucia tramada por su primo.

[2:59]Sin embargo, se dejó llevar por el ofrecimiento de Prometeo, como si lo que este había dispuesto hubiese logrado engañarlo y tomó con sus dos manos la blanca grasa.

[3:11]Y aunque conocía la falsedad, al ver que bajo la brillante grasa solo había huesos pelados, se irritó y la cólera lo alcanzó en el corazón.

[3:22]Hijo de Japeto, amigo mío, le gritó Zeus indignado, ¿Crees que puedes vencerme a mí, que reino por encima de dioses y hombres?

[3:30]Si quería favorecer a los hombres con esta treta, solo lograste perjudicarlos. Ahora mismo les he de quitar el fuego y nunca jamás volverán a tenerlo.

[3:41]Así habló Zeus y los hombres se quedaron sin el fuego. Pasó el tiempo. Prometeo veía sufrir a los hombres.

[3:52]Sin fuego para cocer los alimentos, sin fuego para protegerse del frío ni alumbrarse, flacos, faltos de fuerzas para defenderse de las fieras y de inteligencia para sobreponerse a ellas.

[4:06]Y antes de que la raza humana desapareciera de la tierra, Prometeo por segunda vez desobedeció la orden del rey de los dioses. Subió hasta el Olimpo y le robó el fuego a Zeus.

[4:22]Lo escondió en el hueco de una caña y lo llevó hasta la Tierra. Pero enseguida Zeus vio desde lejos el brillo del fuego, allá entre los hombres.

[4:30]No se dignó a quitárselo por segunda vez. En cambio, les preparó un nuevo castigo. Un castigo sutil y encubierto, del que los hombres ya nunca más podrían librarse.

[4:42]Las carcajadas de Zeus resonaron por el cielo mientras le gritaba a Prometeo que permanecía en la Tierra. Japetónida, te alegras de que me has robado el fuego y logrado engañar mi inteligencia.

[4:55]Yo, a cambio del fuego, les daré un mal con el que todos se alegrarán de corazón. Ya verás a los hombres acariciando con cariño su propia desgracia.

[5:08]Eso dijo Zeus cuando ya había decidido crear a la mujer para castigo de los hombres. En venganza del robo del fuego cometido por Prometeo,

[5:25]Zeus decidió el nacimiento de la mujer. Le ordenó a su hijo Efesto, dios del fuego, mezclar tierra con agua, infundirle voz y vidas humanas y crear una linda y encantadora doncella.

[5:40]Le ordenó que la hiciera bella, de rostro semejante al de las diosas. Una diadema de oro fue el obsequio de Efesto a su nueva criatura.

[5:52]Luego Zeus la condujo ante Atenea y le pidió a la diosa que le enseñara a tejer finos encajes. Palas Atenea la adornó con un vestido de blancura resplandeciente y rodeó sus sienes con coronas de hierba fresca trenzada con flores.

[6:08]Afrodita la colmó de gracia y sensualidad irresistibles. Después Zeus la llevó junto a Hermes, el dios mensajero.

[6:17]A él le pidió que le diera a la mujer una mente cínica y un carácter caprichoso. Zeus mismo puso en el corazón de la virgen la curiosidad que pica y aguijonea los sentidos.

[6:30]Cada dios que se acercó a la joven le dio un don y por eso la llamaron Pandora, porque todos los dioses le habían concedido un regalo.

[6:46]Pero todos los obsequios juntos eran para la perdición de los hombres. Entonces Hermes, rápido mensajero, entregó el espinoso e irresistible regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.

[6:58]Así como Prometeo se distinguía por su astucia y su previsión, Epimeteo lo hacía por su torpeza, y aunque su hermano, enemistado como estaba con Zeus, le había advertido que no aceptara ningún regalo que viniera de parte del rey de los dioses,

[7:12]Epimeteo olvidó las recomendaciones y aceptó a la bella e irresistible doncella. Y esta fue la calamidad que Zeus envió a los mortales, ya que de ella desciende la estirpe de las mujeres.

[7:26]Conviven con los varones sin conformarse con la penuria. Para desgracia de los hombres hizo Zeus a las mujeres, siempre siempre ocupadas en perniciosas tareas.

[7:40]Prometeo, que cuidaba de la estirpe de los hombres más que de sí mismo, había aprisionado en una jarra todos los males que existen en el mundo.

[7:49]Con una enorme tapa cerró Prometeo aquella jarra y la guardó escondida en la casa de su hermano Epimeteo.

[7:56]Ni los dolores, ni la fatiga, ni la vejez, ni las enfermedades que acarrean la muerte molestaron desde entonces a los hombres que vivían una vida libre de males.

[8:06]Prometeo, cuyo temor por el bienestar de los hombres nunca se aplacaba, había recomendado a su hermano. Epimeteo, esconde esa jarra y no la abra jamás, ni dejes que nadie lo haga.

[8:19]Durante años la jarra estuvo cerrada y escondida en la casa de Epimeteo el día en que él contrajo matrimonio con Pandora.

[8:31]Prometeo le repitió a su hermano el consejo. Pandora, le dijo Epimeteo a su nueva esposa, ahora eres tú la que gobierna mi casa.

[8:39]Puedes ocuparte de todo lo que en ella encuentres, salvo de esa jarra que me dio mi hermano, pues me pidió que jamás la abriera.

[8:46]Cuéntame qué hay dentro de la jarra, le pidió Pandora, a quien Zeus le había clavado la curiosidad en medio del pecho. Ni yo mismo lo sé, respondió Epimeteo.

[8:58]Pandora no creyó en las palabras de su marido. Más bien pensó que aquel le escondía un valioso secreto y aprovechó la primera ausencia de Epimeteo para abrir la enorme tapa de la jarra.

[9:09]Al instante, todos los males que estaban encerrados en ella se esparcieron por el mundo. Solo la espera, la diosa de la espera, permaneció allí dentro, atrapada en los bordes de la jarra.

[9:24]Y no sabemos si el encierro de la espera es un mal más o el único bien que nos queda a los mortales.

[9:34]Zeus no dejó a Prometeo sin castigo. Mandó a su hijo Efesto, escoltado por Vias, la violencia, y por Kratos, el poder, para que encadenaran a Prometeo.

[9:47]Con indestructibles cadenas lo ataron a una roca en las montañas del Cáucaso. Allí lo dejaron en esas inmensas soledades.

[9:54]Y envió Zeus un águila que cada día se abalanzaba sobre el hígado de Prometeo encadenado y lo devoraba. Por la noche el hígado se regeneraba, mas al día siguiente todo lo que el hígado había crecido,

[10:08]el ave de amplias alas lo volvía a devorar. Este castigo sufrió Prometeo por muchísimo tiempo, tanto que las vidas humanas son incapaces de medirlo.

[10:19]Hasta que un día Heracles o Hércules, hijo de Zeus y de madre mortal, lo liberó de sus cadenas y mató al águila.

[10:29]Qué interesante, ¿no? Como cuenta la mitología, este, muchas de las situaciones que llegan hasta nosotros de las opresiones, las asimetrías, las maldades.

[10:41]Es una forma también de conocer de dónde venimos. Nos vemos, este, mañana en un próximo programa de Seguimos Educando.

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