[0:12]Segunda carta de Corintios, capítulo 4, versículo 18. No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
[0:43]Repito, no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven. Di conmigo, las que no se ven. Dilo, las que no se ven. De eso vamos a hablar esta noche, mirando lo que no se ve. ¡Aleluya! Uno de los momentos más tensionantes por decirlo así que vivió el pueblo de Israel, fue el proceso de la salida de Egipto. Estaban bajo opresión, los egipcios eran los opresores, faraón es un tipo de Satanás que oprimía al pueblo de Dios. Y cuando él declaraba algo, hacía temblar al pueblo. En ese proceso de liberación Moisés estaba reclamando la liberación de su pueblo y Faraón obstinado no le permitía. Y hubo un momento en que lo amenazó de muerte, si vuelves a ver mi rostro, no vas a vivir más, lo amenazó de muerte. Y no estamos hablando de alguien que te amenaza de muerte a la par, estamos hablando de Faraón, que tenía la autoridad para ordenar inmediatamente la muerte de Moisés. Pero la Escritura dice que Moisés se sostuvo como viendo al invisible. ¡Aleluya! No tuvo temor de ese gigante. Él no veía a Faraón, él veía al invisible. Y eso es lo que Dios quiere para ti, mirando lo que no se ve. ¡Aleluya! Es la forma de enfrentar a Faraón, es la forma de enfrentar a Satanás. En otro pasaje de la Escritura en el segundo libro de Reyes, el Rey de Siria tenía guerra con Israel. Entonces él le dijo a sus siervos: En tal y tal lugar estará el campamento. Y pusieron el campamento con la intención de que cuando el rey de Israel pasara por ahí, ellos lo atacaran, lo mataran, esa era la intención. Y entonces el profeta Eliseo le dice al rey, envía un mensajero y le dice, no pases por tal lugar porque allí está el rey de Siria. Así que el rey de Israel envía un mensajero para mirar y confirma lo que dijo Eliseo, y no pasó por ahí. Así que el rey de Siria resuelve poner su campamento en otro lugar. Y le dice Eliseo al rey de Israel, Rey, no pases por tal lugar porque allí está el rey de Siria. Y así lo hizo una y otra vez hasta que el rey de Siria dijo, ¿quién de los nuestros es del Rey de Israel? ¿Quién es el traidor? Y alguien le dijo, no, no hay traidor entre nosotros, es que en Israel hay profeta y él le dice al rey de Israel lo que tú hablas en tu cámara más secreta. Así que el rey de Israel dice, ¿dónde está ese profeta Eliseo? Dijo, él está en Dotán. Y envió el ejército para destruir a un solo hombre.
[4:40]A la mañana cuando se levanta el siervo de Eliseo y ve los ejércitos de Siria rodeando al profeta Eliseo, le dicen, ¡Ay, Señor mío! ¿Qué haremos? Y Eliseo le contesta, no temas, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.
[5:54]¡Aleluya! Esto es lo que Dios va a hacer. No importa qué tan rodeado de enemigos te sientas. Deja de ver lo que ven tus ojos, es tiempo de ver al invisible con nosotros. ¡Aleluya! Sabes los discípulos de Jesús, habían presenciado a la distancia la crucifixión. Y digo, a la distancia, porque tenían miedo que a ellos también los apresaran y los mataran y lo vieron morir y bajar del sepulcro, de la cruz, meterlo al sepulcro y lloraron, créanme que lloraron. ¿Saben lo que es caminar con Jesús tres años día y noche? Si en un servicio ungido no queremos salir, no queremos que se termine, imagínense caminando con el ungido, con el Hijo de Dios. Una gloria maravillosa. Y ahora lo habían asesinado.
[7:09]Así que al tercer día estos discípulos que se acabó la fiesta de la Pascua ya podían moverse, caminaron hacia Emaús. E iban hablando de las cosas que sucedieron en Jerusalén y tal vez iban llorando y dice la Escritura que Jesús se unió a ellos y les escuchó hablando, pero estaba velado sus ojos para que no lo vieran. Y Jesús le dice, ¿qué pláticas son esas? ¿Qué es lo que ustedes están hablando? ¿Qué son esas pláticas que habláis entre vosotros? Y ellos dijeron de Jesús Nazareno, varón profeta, nosotros esperábamos que él era el que iba a redimir a Israel y los ancianos de Israel lo crucificaron y lo mataron. Y este ya es el tercer día, pero unas mujeres dentro de nosotros dijeron que habían ido al sepulcro y que habían visto visión de ángeles y que decían que él resucitó. Y Jesús cuando los vio llorando dijo duros de corazón y comienza a enseñarles por la Escritura todas las promesas de la resurrección del Hijo de Dios. Y mientras les enseñaba, dice la Escritura que el corazón de ellos ardía escuchando a Jesús. Y dijeron a Jesús, Señor, quédate con nosotros, pues ya se hace de noche. Jesús entonces se quedó y cuando estaba partiendo el pan, la Escritura dice que los ojos les fueron abiertos y reconocieron que era el Señor y él desapareció de ellos. Y ellos estaban llenos de gozo y vinieron a los apóstoles. Y cuando llegaron a ellos, los apóstoles dijeron, ¡Sí, él resucitó y apareció ya a Pedro! Y contaron su experiencia. Esto es lo que Dios quiere, que dejes de llorar y ver las cosas oscuras, porque Jesús resucitó, él vive para siempre. No viendo las cosas que se ven, sino mirando las cosas que no se ven. No mirando las tribulaciones momentáneas.
[9:34]Ahora el texto que leímos en su contexto dice, por tanto, no desmayemos, antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Está hablando de esta leve tribulación momentánea, eso es lo que hacen la mayoría de creyentes, solo ven la tribulación momentánea, solo ven la dificultad momentánea. Pero la Escritura dice, no vean las cosas que están viendo con sus ojos, empiecen a ver las cosas que no se ven, que son eternas. ¡Aleluya!
[11:10]Tú ves pobreza a tu alrededor, enfermedad, se habla de inseguridad, de contiendas, las dificultades, las tribulaciones, pero el texto dice, no mires las cosas que ves con tus ojos, es tiempo de ver las cosas que no se ven. ¡Aleluya!
[11:36]En Efesios dice, porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestes.
[11:59]Así que hay un mundo espiritual real, pero si tú miras en este mundo natural, entonces tu lucha va a ser con carne y sangre.
[12:15]Tus batallas van a ser con las personas, tu angustia irá, pero mira el gobierno que tenemos, mira la recesión que tenemos, no sé en qué país estás ahora viéndonos, mira la enfermedad, mira, no sé, todas esas cosas. Estás viendo en el mundo natural, pero el texto dice, no, nuestra lucha no es contra carne y sangre, nuestra lucha es contra principados, contra potestades, contra las huestes de maldad en las regiones celestes. Las personas actúan influenciadas por esos demonios. Así que tu lucha no es con carne y sangre, tu lucha no es con las personas, tu lucha no es con el vecino, tu lucha no es con la suegra, tu lucha no es con el enemigo, tu lucha es contra Satanás y los demonios que se levantan contra ti, a ellos dales la guerra y esas personas van a cambiar. ¡Amén!
[13:10]Pero si tú miras lo que no se ve, si tú miras a Jesús, tu batalla va a ser espiritual, tu batalla va a ser espiritual, porque te vas a revestir de la autoridad que Jesús te ha dado. Te vas a revestir de la unción que Jesús te ha dado y entonces te levantarás contra esos principados, contra esas potestades, contra el espíritu de ruina, contra el espíritu de maldición, contra el espíritu de contienda, contra el espíritu de división, lo enfrentarás en el nombre de Jesús. Porque no estás viendo con tus ojos naturales, estás viendo con tus ojos espirituales. ¡Aleluya! Mire a Balaam. Balaam era un profeta mercenario.
[14:08]Por dinero profetizaba.
[14:12]Y Balaak el rey de Moab lo contrató para que maldijera a Israel. Pero Dios le dijo que no fuera, pero él se dejó persuadir una segunda vez y el Señor lo le permitió lo que se llama la voluntad permisiva de Dios, cuando tú presionas lo que Dios no quiere que hagas. Y cuando él iba de camino, iba en su asna, de pronto el la, el asna vio a Jesús. Dice que es el ángel de Jehová con la espada en la mano, es un, un tipo de Jesús. Y cuando lo vio, el, el, el asna se salió del camino y el profeta enojado golpeó, la golpeó el asna, para volverla al camino. Y de pronto otra vez el ángel de Jehová se puso al frente y ella empezó a caminar junto a la pared y presionó la pierna del profeta contra la pared y él se enojó y volvió a golpearla. Y luego estaban en estrecho entre dos muros grandes y ya no cabían y el ángel de Jehová se puso al frente y ya la el asna se postró, que era el Hijo de Dios. Y él entonces la volvió a azotar y sucedió un milagro, Dios desató la lengua del asna. Dice, ¿por qué me has golpeado tres veces? Y él le dijo, porque no me has obedecido. Dijo, ¿cuándo te he desobedecido siempre desde que he sido tu asna? Y en ese momento Dios le abre los ojos al profeta y ve al Señor. Ahí entiende que era el Señor. Muchas veces te encuentras oposición en el camino y tú te enojas. Muchas veces no sale el negocio que tú querías, la venta que esperabas o la compra que querías, porque la rodeaste de oración, clamaste hasta hiciste votos en el altar y no sale. No tienes que enojarte, no sea que Dios te esté guardando y te esté librando. Por eso no podemos mirar lo que nosotros vemos con los ojos naturales, la palabra que Dios te envía hoy es mirando lo que no se ve, mirando lo que no se ve. ¡Aleluya! No mirando las tribulaciones momentáneas.
[24:43]Ahora que estuvimos en Bolivia, conocimos una señora que vino aquí al Congreso en el 2010. Y nos contaba su historia, porque Juan Sebastián iba a predicar en ese Congreso. Estamos hablando 2010, hace 13 años era un niño. Y dijo, ¿Yo qué voy a recibir de un niño? Pero Dios, Dios le habló tan fuerte, regresó a Bolivia. Me dijo, no tenía literalmente ni para tomar el bus y comenzó a clamar, lo que es clamar a Dios, dame una idea. A veces no necesitamos el dinero, necesitamos una idea. Ella era profesional, interventora, pero no tenía trabajo, no conseguía empleo. Dame una idea y el Señor le mostró un colorete y empezó a vender y a vender y a vender y empezaron a pedirle otros productos de belleza y de belleza.
[25:54]Hoy es la empresa más grande de cosméticos de Bolivia, todas las compañías, todos los que compran cosméticos compran los de ella. Dice que los vendedores le ofrecen a las clientes toda marca de cosméticos, pero dicen, no, queremos los de ella. Sus hijas son profesionales ya, ahora son ingenieras químicas, tienen una gran empresa, sostiene misiones en la India. Todo comenzó con un clamor, dame una idea, dame una idea.



