[0:03]En aquellos días, levantándose María, fue deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Shalom. Salve, María. Cuando oyó Isabel el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. E Isabel se sintió llena del Espíritu Santo. Bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Y ¿de dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Porque tan pronto como llegó la voz de tu saludo a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor. Proclama mi alma la grandeza del Señor. Me alegro en Dios mi salvador, porque ha mirado mi pequeñez. Desde ahora siempre me llamarán dichosa, porque el Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí. Santo es su nombre. Dios tiene siempre misericordia con los que le obedecemos. Actuó con poder, deshizo los planes de los orgullosos. Derribó a los reyes de sus tronos y puso en lo alto a los humildes. Llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Ayudó a Israel, su siervo y no se olvidó de tratarlo con misericordia. Así lo había prometido a nuestros antepasados, a Abraham y sus descendientes. Amén.

MARÍA VISITA A SU PRIMA SANTA ISABEL
Carmen Gloria Herrera Quiroz (CARMENCHA)
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