[0:03]Cuando concluyó la conquista del Valle de México, encabezada por Hernán Cortés y sus aliados indígenas en 1521. Los conquistadores españoles empezaron rápidamente a dar forma a ese nuevo mundo genuinamente colonial. La Nueva España. De 1521 a 1541, implantaron diversas medidas políticas y sociales para regular las numerosas culturas o naciones indígenas, como las llamaban y determinar criterios jurídicos para dominarlas y adoctrinarlas en la religión católica.
[0:46]Aunque los pueblos nativos fueron reconocidos como vasallos libres del monarca español, con derechos para formar sus gobiernos locales y poseer tierras comunitarias. Las llamadas leyes de Indias de 1541, los sujetaban a la tutela y protección de los españoles. Se dieron muchos abusos y formas de coerción económica, social y fiscal, como la encomienda, un sistema de explotación en el que los pueblos indios perdían sus tierras y se convertían en mano de obra barata de un señor español, mientras veían crecer los latifundios. Este abuso desmedido, provocó muchas formas de descontento social en las comunidades indígenas a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII. Y el desarrollo de múltiples formas de resistencia en distintas y muy amplias zonas. Desde revueltas hasta insurrecciones en gran escala que en algunos casos, tardarían varios decenios en poder ser sofocadas o eliminadas. Según apunta el historiador Carlos Rubén Ruiz Medrano.
[2:20]Durante el siglo XVI, la mayor parte de las insurrecciones se dieron en sociedades nativas que rechazaban integrarse a la sociedad colonial naciente, que se extendía sobre sus territorios. Como la rebelión del Mixtón de 1541, encabezada por los indígenas caxtanes en el reino de la Nueva Galicia, lo que corresponde al actual estado de Jalisco. Tuvo su epicentro en las regiones serranas de Cuchipila, Zacatecas, con esporádicos ataques a los pueblos cercanos a Guadalajara. En esta gran insurrección, participaron la mayor parte de los caxtanes de la región, cansados de los abusos cotidianos de los encomenderos de Nueva Galicia, y de los intentos violentos de los frailes por erradicar la religión prehispánica, que seguía latente entre las comunidades indias. Bajo la guía de Tenamaztli, el cacique de Nochistlán, los caxtanes realizaron múltiples ataques y amenazaron seriamente toda Nueva Galicia. Pero frente a la ofensiva española, se tuvieron que refugiar en la sierra del Mixtón. Como esta rebelión parecía extenderse en todo el territorio, los hispanos emplearon su mayor fuerza militar junto con sus aliados indígenas para derrotar a los sublevados en el peñón del Mixtón. Batalla en la que murió el conquistador Pedro de Alvarado. La guerra del Mixtón todavía se recuerda con la danza de los Tastoanes, en los municipios de Cuchipila, Calpa, Moyagua y Apozol, en Zacatecas.
[4:15]Otras formas de resistencia india se desarrollaron al norte del territorio de la Nueva España, como la llamada Guerra Chichimeca, entre 1550 y 1590. Fue una lucha más incierta, parecida a una guerra de guerrillas, en la que pequeñas bandas de indígenas, agrupados bajo el nombre de Chichimecas, atacaban las rutas que cruzaban el norte de la Nueva España. Aquellos grupos nómadas y seminómadas asaltaban estancias de ganado, ranchos y a los colonos en general, lo que puso en serio peligro la economía de la Nueva España. Solo en 1561, estos ataques provocaron más de 200 muertos entre indígenas aliados, españoles, negros y mulatos. Las autoridades españolas pacificaron a estos grupos con una política de alianzas con los caciques Chichimecas y la entrega de regalos y otros insumos. A fines del siglo XVI, los Chichimecas fueron desintegrados como entidad étnica. Los sobrevivientes quedaron reducidos a pueblos de congregación, en los que se concentraban los grupos nativos con fines de control social y obtención del pago de tributos.
[5:40]En las cercanías de la ciudad de Oaxaca, allá por 1550, los zapotecos también se alzaron para expulsar a los españoles de sus territorios. Venían de distintas comunidades cercanas a la Villa de Antequera y su rebelión masiva amenazó gravemente a los españoles de la Villa de San Ildefonso. El Virrey Antonio de Mendoza tuvo que enviar una gran fuerza militar para sofocarlos.
[6:10]Otra importante rebelión indígena se había dado cuatro años antes, en 1546, en la región oriental de la península de Yucatán. Como reacción a las vejaciones de los encomenderos y a los intentos de los frailes de erradicar los cultos prehispánicos. Durante esta rebelión, los indígenas mataron a numerosos encomenderos, destruyeron pueblos y trataron de sitiar la villa de Valladolid. Pero los hispanos de la cercana ciudad de Mérida enviaron diversos refuerzos militares a la zona y lograron vencer a los mayas en una dura batalla.
[6:48]Los últimos focos de la rebelión fueron sofocados al cabo de varios días mediante negociaciones que permitieron pacificar toda la región. En el siglo XVII, la Nueva España seguía en expansión, alcanzó alguna estabilidad social y política e incorporó nuevos territorios y naciones indígenas a su órbita. que ya llegaba hasta el actual Nuevo México, en lo que hoy es Estados Unidos y a Florida y California. Una de las primeras insurrecciones de ese siglo fue la rebelión de los Acaxees, que se dio entre 1601 y 1602 en la Sierra Madre Occidental, en los actuales estados de Sonora y Durango. Los españoles tenían sometidos a los acaxees a un régimen de esclavitud, al trabajo forzado en las minas de oro y plata.
[7:43]También congregaban a buena parte de ellos de manera forzada en distintos pueblos de misión establecidos por los frailes franciscanos. Un grupo de 50 acaxees se fugaron en 1601 del asentamiento minero de Topia e iniciaron esta revuelta que se extendió rápidamente y logró integrar acerca de 5000 guerreros, con el fin de exterminar a los colonos españoles, a los indígenas cristianizados y quemar las iglesias. Los acaxees destruyeron el real de Minas de Topia, cerca de las misiones de San Pablo y San Pedro y mataron a buena parte de los habitantes de los pueblos de las vírgenes y San Andrés. Sus ataques se prolongaron por varios meses hasta que el gobernador de Durango despachó una numerosa fuerza militar que derrotó a los rebeldes concentrados en el peñón de Pospa, lo que entrañó la destrucción de esta etnia.
[8:41]Otra de las grandes rebeliones indígenas del siglo XVII fue la de los indios de Nuevo México en 1680, que culminó con la expulsión de los españoles de sus territorios por más de 10 años. Los habitantes indios de la región eran explotados y se los concentraba en numerosos pueblos de congregación y encomienda. Popé, un líder religioso de la etnia Tegua, inició esta revuelta hacia 1680 con el apoyo de otros grupos tribales. Los insurrectos saquearon y destruyeron numerosos asentamientos españoles y para agosto de 1680, habían eliminado a la mayor parte de los hispanos en casi toda el área. Los supervivientes e indios aliados quedaron sitiados ahí hasta que el gobernador Antonio de Otermín decidió que abandonaran la provincia. 12 años después, en 1692, el capitán Diego de Vargas, al mando de tropas españolas y aliados, reocupó por la fuerza y de manera sangrienta la región. Y aunque los indios se alzaron de nuevo en 1700, la mayor parte del territorio quedó pacificado.
[9:57]Durante el siglo XVIII, el sistema de gobierno colonial tenía más de 200 años y buena parte del territorio podía considerarse como pacificado. La economía colonial había aumentado, pero persistían diversos territorios poco controlados, donde los grupos indígenas mantenían cierto grado de autonomía y resistencia. La Sierra de San Andrés, por ejemplo, que fue una amplia porción de la Sierra Madre Occidental, en lo que ahora es Nayarit, los indígenas coras se habían mantenido independientes de los españoles, aprovechando la aspereza de los territorios. Sin embargo, numerosos colonos y mineros hispanos empezaron a entrar a esta zona, cuando se descubrieron diversos yacimientos de oro y plata. Las autoridades españolas enviaron diversas expediciones militares a la zona, que redujeron a algunos grupos coras. Pero la mayor parte de ellos resistieron en uno de sus lugares de culto más famosos y venerados, la Meseta o Mesa del Tonati. Santuario en el que resguardaban una momia de su antiguo líder Tonati o el sol. Santiago de Rioja y Castillo, Capitán de Caballería de esa provincia, tomó el santuario y quemó la momia. Y aunque la resistencia de los coras se mantuvo con diversos altibajos a lo largo del siglo XVIII, la destrucción de su santuario fue determinante para lograr conquistar su territorio.
[11:36]Hacia el siglo XVIII, también se dieron otras formas de lucha, breves tumultos, asonadas callejeras y manifestaciones locales de descontento que normalmente ocurrían con el fin de revertir abusos considerados intolerables por los indígenas o que podían amenazar sus tierras. Se han contabilizado más de 120 de estos eventos en las provincias de México y Oaxaca durante este periodo, lo que muestra la gran capacidad de las comunidades indígenas para defender sus derechos por la vía armada. A inicios del siglo XIX, un 40% de estas comunidades lograron retener sus tierras. Los indígenas no fueron sujetos pasivos que aceptaron la subordinación sin réplica, por el contrario, supieron expresar su malestar y su descontento frente a distintos abusos sociales y económicos. Algunas de estas rebeliones derivaron en la extinción de sus protagonistas, como sucedió con los Chichimecas y Acaxees. Pero en otros casos, los grupos nativos lograron mantener su identidad étnica a través de la resistencia. Me parece que el estudio y el análisis de la resistencia y la transgresión en el mundo colonial no hispano por parte de las comunidades indias. Ya sean comunidades que estaban en su en proceso de subordinación o comunidades que estaban plenamente asimiladas, nos brindan una óptica cualitativamente diferente para entender este orden colonial. Y la manera en que las comunidades también se pudieron incorporar al mismo, negociando sus espacios de poder con las propias autoridades coloniales. Creo yo y en última instancia, que esto constituye un elemento fundamental para explicar la manera en que hoy día las comunidades nativas siguen interpelando el orden social y siguen constituyendo o constituyéndose en agentes de la en la construcción de su propia historia.



