Thumbnail for Los Espacios Liminales en el Arte by Numinosa

Los Espacios Liminales en el Arte

Numinosa

25m 10s4,338 words~22 min read
Auto-Generated

[0:02]Hay demasiada magia en la incomodidad. Por eso amo lo disruptivo, las cosas que no encajan. Las escaleras que parecen conducir a ninguna parte. Esas viejas carreteras que se pierden bajo el mar. Y desde que descubrí la estética de los espacios liminales, me enamoré también de esas casas que se recortan contra un paisaje vasto y solitario. Un paisaje que se siente incomprensiblemente extraño, como si hubieran sido construidas en un limbo que se escurre entre el mundo real y lo onírico. Por ejemplo, quiero que mires atentamente esta pintura del artista Mónica Dixon. Tenemos una casa de varios pisos, de un blanco envejecido que resalta contra un cielo infinito, de un tono azul bastante saturado, como si quisiera tragarse la casa y todo lo que encuentra a su paso. El suelo oscuro crea un contraste que se siente ilógico. Amanece o anochece. Las ventanas arrojan una luz amarilla, pero no podrías asegurar que en aquella casa esté viviendo gente, lo que crea una tensión psicológica. Todo acá se siente fuera de lugar. Esta obra me recuerda un poco al Imperio de la Luz, del pintor surrealista René Magritte. En este cuadro, al igual que en el anterior, se forma un interesante contraste, logrando un ambiente en el que la noche y el día se complementan, pero sin llegar a mezclarse. Edward Hopper es el modelo ejemplar de pintor liminal, un representante de la intranquilidad y la melancolía en la pintura. Donde suele delimitar el espacio exterior e interior de una forma bastante hipnótica, haciendo que el espectador siempre se cuestione qué puede estar pasando dentro de esas estancias. Su cuadro más famoso, Nighthawks, es un juego de palabras en inglés para nombrar a las personas que trasnochan. Aquí parecemos hallarnos ante el típico ambiente norteamericano, un local nocturno con luces fluorescentes en una calle solitaria, solamente alumbrada por el brillo del interior de ese bar. Y aunque los paisajes liminales no suelen contar con la presencia directa de personas, acá tenemos un reflejo del vacío de identidad de la vida urbana como algo que solo transmite soledad. Tanto el camarero como los comensales parecen perdidos, habitando una dimensión interna que los hace lucir más como individuos de un sueño o como marionetas. Y esa limpieza artificial solo te hace sentir más desorientado. Estas dos son mis pinturas favoritas de Hopper, porque me hacen reflexionar sobre los umbrales que las personas levantamos contra el mundo exterior, especialmente contra la naturaleza y nuestros semejantes. Pero antes quería hablarles de Opera GX. Y justamente hace poco cumplieron 5 años. Y es por esto que quiero presentarles sus nuevas mejoras, cosas como mejorar el Corner GX para mantenerte al tanto de todas las noticias y ofertas de tus videojuegos favoritos. Mejorar la sección de comunicación e incluso este cambio de la barra del costado, se ve mucho más bonita que antes, solo miren esto. También mejoraron la sección de Mods, ahora es mucho más fácil la navegación, se siente superbien y utilizarlos es mucho más sencillo, dándole a tu navegador una capacidad de personalización muchísimo mayor. Pero me podrían decir, no tengo ganas de cambiarme de navegador, ya que tengo todas mis pestañas de favoritos y marcadores ya hechos. Pues no te preocupes que Opera GX te permite traspasar todas tus extensiones como marcadores de tus otros navegadores con simples clics. Así que no esperes más y descarga Opera GX, desde el link que te dejaré en la descripción y en el comentario fijado. Muchas gracias y continuemos.

[3:36]Umbral. Esta es la palabra clave aquí. Lo liminal o liminar, del latín liminaris, hace referencia a una zona de pasaje. A una puerta de entrada, una zona de ambigüedad en la que algo deja de ser lo que era para potencialmente poder transformarse en otra cosa. Es una etapa intermedia en el que flota la incertidumbre. Es lo que es y no es a la vez. Como el gato de Schrödinger, el cual está dentro de la caja y a la vez no está. Al menos es así mientras te encuentres en esa situación liminal, en el que aún no abres la caja. O como la maleta de la película Pulp Fiction, sabes a lo largo de toda la cinta que algo importante hay en aquella maleta. Pero la película nunca te llega a explicar qué es, lo sugiere todo el tiempo, dejándote en un eterno estado de suspenso. Lo liminal es, por lo tanto, un umbral y espacio de tránsito que se forman al margen de la normalidad de las cosas, de la cotidianidad habitual. Un tiempo de incómoda libertad entre dos realidades ya estructuradas. Incluso épocas enteras pueden considerarse liminales como lo fue la pandemia, por ejemplo. El adjetivo liminal proviene del sustantivo latino limen, que significa el punto en el que comienza a producirse un efecto fisiológico o psicológico. Y es en el arte, en su expresión más amplia, donde mejor queda representada la magia de estas liminalidades. Pues el arte en sí mismo ya es un umbral, una forma de congelar el tiempo. Cuando leemos, vemos, escuchamos o miramos una obra de arte, entramos en una suerte de umbral donde el tiempo se transforma. Te hace detenerte, ver con otros ojos cosas que en el día a día no llaman demasiado tu atención. Y si la obra conecta contigo, puede resultar una experiencia transformadora. Transformación, metamorfosis. Dos palabras que también son importantes aquí. El concepto de liminalidad fue propuesto por el etnógrafo francés Arnold Van Gennep en su libro Los Ritos del Pasaje. En aquel fascinante texto, Gennep nos habla de ritos espirituales que marcan el paso de un individuo o grupo social de un estado a otro. Su enfoque en estas transiciones y los momentos de liminalidad ayudan a comprender cómo las sociedades y personas manejan estos procesos de transformación en diferentes contextos. Un estudio que se usa en áreas como la sociología, la migración, los estudios de género y la religión. Y quiero hacer un paréntesis aquí para señalar que si algo le falta a nuestra época moderna es claridad en cuanto a nuestros ritos de transición. Antiguamente, muchas culturas se hacían ceremonias para acompañar a los individuos en su metamorfosis, lo que daba mucha paz mental, claridad y estructura. Ahora, sobre todo los adultos jóvenes y adolescentes, parecen hallarse atrapados en sus umbrales, en esos estados de liminalidad donde se sienten abandonados por la sociedad. Y deben construir sus propios ritos, de ahí que ahora surjan grupos de jóvenes con ideas bastante extremistas, como las tradwives, los hombres de alto valor, las feministas radicales, los Redpillers o los incels. Quienes no han sabido cómo hacer frente a esos umbrales de transición y han construido ritos dañinos tanto para ellos como para los demás. Esto ya lo trató el mitólogo Joseph Campbell en su espectacular serie de libros Las Máscaras de Dios, libros que les recomiendo mucho que lean. Él dice, todos los mitos y ritos nos hablan del misterio del universo y la maravilla del templo del mundo. Así como del gran esfuerzo del hombre para poner en armonía su vida individual con la totalidad. De hecho, Joseph Campbell hace un estudio interesante sobre la maternidad y el nacimiento como otra forma de umbral, de liminalidad. ¿Por qué lloran los bebés al nacer? Básicamente, porque es una pequeña vida que se haya de pronto en un estado de incertidumbre al cual llamamos nacimiento. El bebé deja la seguridad del útero para verse repentinamente arrojado desde un umbral traumático a una sala de hospital donde ya no se siente seguro. Entra en un estado liminal que no puede entender, un estado que se acaba cuando se encuentra entre los brazos protectores de su madre. A propósito de esto nos dice Campbell. El trauma del nacimiento, como un arquetipo de transformación, inunda con un efecto emocional considerable los breves instantes de pérdida de seguridad. Y amenaza de muerte que acompañan a cualquier crisis de cambio radical. En la imaginería de la mitología y la religión, el tema del nacimiento o con más frecuencia, de renacimiento, es muy importante. Todo umbral de tránsito, no solo desde la oscuridad del útero a la luz del sol, sino también de la infancia a la vida adulta, es comparable a un nacimiento y se ha representado ritualmente, en casi todas partes, a través de metáforas de reentrada al útero. Este tipo de transiciones de renacimiento y de transformación han sido representados muy bien en mitos como el minotauro. Donde un héroe entra a este laberinto para matar a un monstruo y al salir del laberinto sale diferente, sale transformado. Todo en ese mito es una metáfora. Pero qué habría pensado, por ejemplo, el filósofo Parménides de estos espacios de agobiante transición. Para él el individuo se encuentra solo con dos caminos, el camino de la noche y el camino del día. El camino de la noche sería el camino del no ser, que quiere decir la nada, y el camino del día es el camino del ser, que es el camino correcto, según Parménides. A raíz de esto, él anunciaba que el ser es y no puede no ser. Y que por ende el vacío no existe, porque todo está lleno de ser, ya que con el solo hecho de pensar el concepto de vacío, ya estás llenando un espacio con un ser, el cual eres tú. Tú eres tu pensamiento, y al pensar en el concepto de vacío, estás aniquilando el vacío con tu ser. Gracias a Parménides, de hecho, surgiría la lógica tiempo después. Y puesto que según esta lógica, nada puede estar vacío, los espacios liminales nos arrojan contra una dimensión donde nada tiene sentido en su aparente cotidianidad. Allí todo se siente vacío al no haber seres ocupando espacios hechos para ser ocupados por nosotros. Pero en el momento en que pones la mirada sobre ellos, tú te conviertes en ese ser que se enfrenta contra la incomodidad de estar dentro de un limbo, donde todo parece ser y no ser al mismo tiempo. El filósofo Martin Heidegger indica en su texto Construir, habitar, pensar, que el ser humano no solo tiene la incansable necesidad de crear espacios, por esa primitiva necesidad de cobijo y pertenencia. sino que esto obedece también a una búsqueda interior. El filósofo acá se está refiriendo a la dimensión mental del habitar y por eso el espacio tiene capacidad de influir en nuestro pensamiento y en nuestro ser, porque somos el espacio que habitamos. De este modo, el vacío ha pasado de ser una categoría ajena a los seres humanos a estar intrínsecamente ligada a nosotros, a nuestra conciencia y sensibilidad. Porque al pensar en el vacío, lo transformamos también en una suerte de espacio. Y cuando esos espacios dejan de pertenecernos es cuando surge el terror y el sentimiento de lo ajeno. Eugenio Trías explica a propósito de esto que pensar es pensar el límite. Es decir, lo que hace posible la existencia del pensamiento es justamente lo impensable. A este límite él lo llamó razón fronteriza, es decir, un umbral, un espacio liminal metafísico. Donde hay umbrales que no puedes atravesar porque lo que hay al otro lado puede ser demasiado para tu mente. Ay, Numi, ya te pusiste filosófica. Lo siento, chicos, pero ya me conocen, para qué me ven si ya saben cómo me pongo. En fin, así como el ser humano ha creado ritos que simbolizan el paso de un estado a otro mediante umbrales, donde pasas, pero no te detienes con tal de alcanzar tu objetivo final. ¿Qué pasa cuando estos espacios se convierten en los protagonistas? Espacios donde constantemente estamos dentro de un umbral, atrapados en un limbo de lo intermedio que transgrede la demarcación de unos límites y se adentra ya en el territorio de la pura ambigüedad. Y a la sensación que generan estos espacios, yo lo denomino Valle inquietante arquitectónico. Fue en el 2019 cuando un usuario de la plataforma de foros de discusión 4chan, compartió una imagen fuera de contexto con una pequeña descripción. Esta decía así, si no tienes cuidado y te sales de la realidad en las zonas equivocadas, acabarás en los Backrooms, donde no hay más que el hedor de la alfombra vieja y húmeda, la locura del monoamarillo. El interminable ruido de fondo de las luces fluorescentes, luces al máximo zumbido. Y aproximadamente 600 millones de kilómetros cuadrados de habitaciones vacías segmentadas aleatoriamente en las que quedar atrapados. Dios te salve si escuchas algo deambulando cerca, porque seguro que te ha escuchado. Según especifica la página el bestiario del hipogrifo, el acceso a los Backrooms ocurre por la interacción de una persona con una materia anómala o corrupta o con portales invisibles. Interactuar con una puerta anómala o situada donde no debería estar puede provocar el acceso a los Backrooms.

[12:26]En este fascinante género del terror moderno, alguien se encuentra de pronto recorriendo habitaciones y estancias aparentemente vacías que se asemejan mucho a nuestro entorno arquitectónico habitual, pero donde se respira la incomodidad, la sensación de extrañeza y pesadilla. En los Backrooms emerge constantemente una sensación de lo que me gusta llamar valle inquietante arquitectónico. Todos esos lugares que conforman nuestra identidad humana moderna se convierten de pronto en sitios anómalos y perturbadores debido a la ausencia total de vida humana que parece haber dentro de ellos. Tampoco parecen abandonados como tal. No suelen tener moho, grietas por donde se escurran las plantas o donde campen los insectos a sus anchas. De hecho, gran parte de ellos hacen gala de una limpieza y orden simétrico que te hace preguntarte si son lugares congelados en un tiempo donde no corre el tiempo tal como lo conocemos. Hay una palabra para denominar la sensación de vacío, inquietud y abandono que se experimenta cuando vemos un lugar que alguna vez estuvo lleno de vida, kenopsia. Lo que nos provocan estas imágenes son kenopsia. A raíz de este post en 4chan, miles de personas en internet empezaron a compartir un sinfín de imágenes de este estilo, contando a su vez experiencias y sueños relacionados a los Backrooms. Definiendo posteriormente estas imágenes como espacios liminales, los cuales han sido motor de muchas obras de entretenimiento de terror, tanto en los videojuegos como en cortometrajes independientes de YouTube. Donde destacan especialmente los geniales videos que hace el cineasta Kane Pixels, los cuales les recomiendo ver si les está interesando este tema. Pero Numi, ¿por qué estos espacios causan tanta incomodidad más allá del sentimiento de kenopsia? Pues justamente por la sensación de valle inquietante arquitectónico que las envuelve. La teoría del valle inquietante fue propuesta por un profesor japonés, Masahiro Mori, quien daba clases de robótica en la Universidad de Tokio. En un ensayo, él expuso la idea de que el diseño estético de los robots se ha ido inclinando hacia apariencias cada vez más humanas. Lo que a primera vista podría parecer una buena idea, ya que el hombre puede crear afinidad hacia un androide que se parezca a él. Pero lo cierto es que entre más se parece a un humano, más rechazo nos produce. Masahiro lo explicó de la siguiente forma. He notado que a medida que avanzamos hacia el objetivo de hacer que los robots parezcan humanos, nuestra afinidad por ellos aumenta hasta que llegamos a un valle, al que yo llamo el valle inquietante. El acercamiento excesivo a una imagen humanoide con rasgos detallados y materiales que imitan la estética humana resulta contraproducente y crea una sensación de rechazo. Y esto, a mi modo de ver, se produce por la aparición de lo siniestro. Eso que Freud denominó lo siniestro familiar. Su estudio sobre lo siniestro familiar surge del concepto Unheimlich, creado por el filósofo alemán Schelling. Quien define la noción de extrañeza inquietante en alemán, Unheimlich, como lo que debía de haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado. Se refiere a lo que es familiar, íntimo y amable, pero transformado en su contrario. Ese algo que se manifiesta cuando debería estar oculto y que muestra la otra cara de lo familiar, volviendo esta experiencia como un sentimiento de inquietud ante algo que no parece encajar. Lo que antes era un lugar seguro, ahora emerge bajo un aspecto amenazante. Lo siniestro permite el encuentro de dos naturalezas antagónicas. Y en el momento en que se encuentran y se reconocen como siniestro, entonces el sujeto se enfrenta a la incomodidad máxima. Esto es justamente lo que genera el valle inquietante, tanto cuando nos encontramos contra rostros humanos que no tienen nada de humano. Y estos espacios liminales donde una casa que debería representar el hogar y el lugar seguro, ahora se transforma en algo inexplicablemente monstruoso. Michael Lewis y Alexander Diel, estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Cardiff en Reino Unido, realizaron en el 2022 un estudio cuyo objetivo era relacionar las respuestas emocionales desde la teoría del valle inquietante con personas expuestas a espacios liminales. Después de tres experimentos con 115 personas, concluyeron que el efecto de valle inquietante no se reduce únicamente a androides, muñecas o robots, sino también a espacios. Asociaron estas respuestas con un posible distanciamiento entre la idea preconcebida de lo que es o debería ser, cierto espacio y lo que no. Como características generales, estos espacios no suelen estar ocupados por personas y cuentan con una gran repetición de elementos. Generando incomodidad, ansiedad y hasta miedo en los visitantes, quienes lo señalan como lugares aterradores en los que no se desea permanecer por mucho tiempo. Por eso, la inquietud y lo siniestro no son ajenos a la arquitectura. Por algo lugares como cementerios, hospitales abandonados o casas viejas son escenarios de tantas obras de horror. Pero los espacios liminales no tienen ese sentido antropológico que sí tienen los cementerios ni las huellas de deterioro o abandono de las casas encantadas u hospitales abandonados. Tampoco invitan a la meditación y la reflexión, son más bien sitios inciertos. No hay ninguna explicación para su existencia. La narrativa detrás de ellos se enmarca en eso que me gusta llamar el arte de no contarlo todo. Donde siempre hay una fuerza oculta, una fuerza abrumadora que solo se insinúa a través de lo material, pero nunca se muestra directamente. Y es precisamente esa falta de contexto lo que más miedo da, porque es lo que parece ser, pero nunca llega a ser. Juega constantemente con elementos que se conocen bien, pero que bajo cierta mirada estética, de pronto se siente fuera de lugar. Tras la experiencia estética con el espacio liminal, nunca hay un desvelamiento. No hay un concepto que dé sentido a lo que vemos. Lo único que queda claro aquí es que siempre parece quedar algo por decir. Artistas de lo liminal. Lo que más me gusta de la obra de Mónica Dixon, la cual ya les enseñé al principio de este video, es que ella entiende muy bien el concepto de liminalidad de los espacios. Siempre he pensado que hay fisuras en la realidad, fisuras y umbrales a través de los cuales podemos asomarnos gracias a las sensaciones que nos provoca el arte. Y por aterrador que pueda ser, siempre es genial poder asomarnos por esas fisuras, pues nos ayudan a entendernos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. En las pinturas de esta artista, los lugares parecen haber perdido su función original. El paso del tiempo, esas simetrías que rozan la perfección y la soledad que llena sus espacios, nos hablan de aquello que el filósofo Eugene Thacker llamó el mundo sin nosotros. Y que se relaciona con un mundo hermético del cual nosotros no formamos parte, pues no nos incluye en él, aunque podamos pensarlo o en este caso, pintarlo. También me gusta cómo Dixon logra jugar con la luz y la sombra para reforzar esa sensación de que algo se oculta, pero que no se llega a revelar nunca, lo que crea un estado de tensión perpetua. A propósito de su obra, la artista nos dice, personajes y objetos me importunaban, me distraían de lo que en realidad quería ver, el espacio pintado en sí mismo, la vibración de la luz en la atmósfera, la soledad esencial del escenario. A veces transitamos por lugares que vivimos sin saber qué guardamos de ellos. Transcurre el tiempo y no nos cuenta lo que en ellos ocurre, sino que nos lleva al abrigo de una tímida luz que conversa con nosotros. Porque la realidad que prevalecerá frente a nuestra evanescencia no son los objetos individuales ni su configuración particular en el espacio, sino el espacio en sí mismo y la luz que lo revela. El espacio como compartimento que describe la escenografía de la vida. El espacio en definitiva, no como mera construcción o vacío, sino como presencia. Dixon se vale de lo siniestro para crear disonancias entre lo familiar y desconocido. La casa siempre ha sido la necesidad primaria de la búsqueda de refugio, el símbolo de lo que es seguro, una especie de útero. Pero ella hace que sus casas se sientan ajenas, como criaturas independientes de nosotros. En sus cuadros, los espacios son ausencia y también presencia. Y por otro lado tenemos la obra de la artista Itsa Linsidus, quien decide incorporar un personaje en todos sus cuadros. Se trata de un gato negro. Tal como Dixon, también sabe dominar muy bien la luz y la sombra para crear ambientes minimalistas, donde el misterio acá se transforma en la mirada penetrante de un felino que parece ser mucho más de lo que aparenta. A veces aparece otra figura, más humanoide, pero igual de inquietante. Me encanta su uso del color y la capacidad que tiene su obra de resultar profundamente inmersiva, utilizando tan pocos elementos en ella, gracias al buen uso de la composición. Otros artistas que incorporan esta independencia liminal de los espacios para volverlos independientes y ajenos a nosotros son Alan Selkowitz, Ed Ruscha, Ferdinanda Florence, George Ault y Holly Elander, cuyas obras ya han visto aparecer a lo largo de este video. En los cuadros de estos artistas, la melancólica permanencia de las cosas frente a nuestra mirada transitoria, nos habla de lo efímero que somos. Pese a que por momentos, al mirar estas obras, noto una extraña paz interior que me hace sentir un poco melancólica, pero siempre con algo oculto y siniestro acechando en esas habitaciones, calles y jardines. Precisamente porque la ausencia se transforma en una presencia, hallándose la mayoría de estos espacios en un estado impoluto y aparentemente imperturbables al paso del tiempo. En cuanto al cine, la presencia de la liminalidad podemos hallarlos en cintas recientes como La Sustancia. Donde los espacios se transforman justamente en un espejo de la soledad de su protagonista y el reflejo de nuestra consumista sociedad superficial. También debo mencionar El Resplandor de Stanley Kubrick. El hotel Overlook es claramente un espacio liminal, al ser el hotel y no sus desagraciados personajes, el verdadero protagonista de esta cinta. También podemos encontrar estos espacios liminales en algunas películas del genio del cine Andrei Tarkovsky, especialmente en Solaris y Stalker. En esta última, los escenarios discurren en un lugar de Rusia llamado La Zona, donde cayó un meteorito y se cree que el espacio puede conceder deseos a quien se adentre en él. Es un mundo futurista y distópico donde los protagonistas atraviesan trampas metafóricas y físicas hasta llegar a su destino.

[22:36]Y algo similar vemos también en las obras de David Lynch, quien también es ambiguo y simbólico. Obras como Rabbits nos remiten de inmediato a los Backrooms, a ese extraño familiar que mencioné antes. O en su serie Twin Peaks con la habitación roja, donde muchas cosas ocurren sin llegar a explicarse del todo. El simbolismo de este tipo de elementos que se apoyan en el desconocimiento por parte del espectador, es una perfecta representación de la vida humana. Como algo que transcurre entre constantes umbrales, tanto que a veces no sabemos si la realidad es un sueño o el sueño es una realidad. La conclusión de todo esto es que si dejáramos de observar el mundo con las gafas de la monotonía que nos acompaña en el día a día, todo se inunda de pronto con una extrañeza increíble. A veces me detengo en el pasillo del piso donde vivo al salir de mi casa y me siento rara, como si entrara en otra dimensión. Pero la verdad es que me gusta sentir esto a veces, está bien detenerse un rato y empezar a mirar los espacios que nos rodean como si fuéramos extraterrestres en un mundo desconocido. De ahí que me guste incomodarme cuando consumo obras de ficción o arte, pues en estas obras encuentro mucho placer estético. Y en lugar de luchar contra lo que no encaja en la normalidad, lo persigo. Y es que al fin y al cabo, si no encontráramos un espacio liminal en nuestras vidas, empezaríamos a normalizar la normalidad. Muchas gracias por haber llegado al final de este video. Como siempre, infinitas gracias también a los miembros del canal y mis mecenas de Patreon, quienes tienen acceso a mucho contenido exclusivo. Y quiero agradecer especialmente a los miembros de las tiers más altas del canal, ellos son Nacho Maza, Yosei Higa, Arittve, Carlos Chivata, Gabriel Carrera, Alejo Adventures, Demian, Kat Bugged, Tahiel Barreiro, José Rodríguez, Fifita, Ignacio Juárez Luna, Dawllen Djheno, Felipe Marino, Cabeza de Nabo, Hishiro Agata, Brian Cetraro, Leonardo Díaz, Garden, Augusto, Negactividad, Bri, Mary Pili Gallardo, Víctor, Cecy Anatóli, Pablo Gallardo, Elena Castro, Miriam Por la tetera, Pedro H, Mielcita, Nicor de Bic Clown y Joaquín Monrrogle. Y por supuesto que no me olvido de mis queridos honguitos, los cuales están viendo aparecer en pantalla ahora mismo. Escribí cada uno de sus nombres con mucho cariño. Esta brujita les desea que tengan un maravilloso 2025 y pasen un año nuevo increíble. Y recuerden que no tienen que ser unos genios para hacer unos artistas geniales. Hasta pronto.

Need another transcript?

Paste any YouTube URL to get a clean transcript in seconds.

Get a Transcript