[0:09]Me encontré por casualidad con su video sobre la niña fantasma acerca del Ángel de la Independencia. Después de verlo varias veces por el mapa que ponen y por lo poco que se puede ver en las imágenes de cuando pasaron por ahí, me di cuenta de que la calle es Río Ebro. En la cual vivieron unos tíos por algunos años, una calle que yo conozco bien y donde les puedo asegurar que pasan cosas bastante extrañas. Yo, sin embargo, no conocía la historia de la niña, pero sí me tocó presenciar cosas, digamos, macabras ahí. Solíamos visitar a mis tíos unas tres o cuatro veces al año y siempre me gustó ir con ellos. Me llevaba muy bien con mi prima, que es prácticamente de mi edad. En esas visitas, desde la hora de comida y hasta antes de la cena, nos la pasábamos juntos mi prima y yo. A mí siempre me han gustado mucho las historias de fantasmas, pero a ella no, para nada, así que este no era un tema que solíamos tocar. En una de esas visitas nos enviaron a la tienda por algo que ya no recuerdo, poco antes de que oscureciera. Me sorprendía que es una calle calmada, casi sin tránsito de vehículos, lo que es completamente opuesto a las calles de alrededor. Nunca veía a otras personas afuera ya entrada la tarde. Caminábamos por la banqueta, mi prima siempre feliz, siempre platicando. En ese momento caminaba en completo silencio, sin decir nada, mirando solo hacia el piso al caminar. Me atrasé un poco, distraído. Al pasar por un portón, sentí que alguien me miraba. Voltee y por dentro de una puerta de reja, había un hombre alto, observando hacia afuera, observándome. No lo pude mirar con atención. Me dio algo de miedo, quizás pena. Por alguna razón no pude sostenerle la mirada. Mi prima ya iba a varios metros adelante. No se inmutó porque yo me quedara atrás. Le pedí que me esperara y apresuró el paso, corrió para salir de la calle y dar la vuelta. Corrí detrás de ella, pero antes de llegar a la esquina para salir por fin de Río Ebro, en la penúltima casa, vi de nuevo al hombre de negro. De abrigo y sombrero, parado en un lugar específico que escondía su cara en las sombras. Alcancé a mi prima en la tienda. Quise platicarle lo que acababa de ver, pero no me dejó. Me pidió que no habláramos nada hasta volver a casa. Intenté bromear con ella, distraerla. Caminamos a otra tienda más a buscar alguna cosa que no encontramos en la primera y se relajó un poco. Cuando regresábamos, ya no pensaba en lo que acababa de pasar, en el hombre que vi. De alguna forma, había salido de mi cabeza. Casi llegábamos de nuevo a esta calle y ahí estaba en la esquina, parado sobre la banqueta, observándonos. Mi prima estaba pálida. Dimos la vuelta y rodeamos toda la manzana a toda velocidad para llegar a la casa por el otro lado de la calle. Recuerdo que ella corrió y no pude seguirle el paso.
[3:36]Antes de entrar a su casa, lo pude ver otra vez. Ahí estaba a unos 50 metros parado justo en medio de la calle. Quise hablar con mi prima al respecto, pero insistió en no mencionarlo. Por lo que pude entender por lo poco que dijo, ella no creía en nada sobrenatural y para ella, este era solo un hombre misterioso que le causaba mucho terror. Yo no sabía qué decir. No creo que haya sido mi imaginación. Fue hace muchos años, pero lo cuento justo como lo recuerdo. Estoy seguro que había al hombre en casas distintas en cuestión de segundos. Le conté a mi mamá, quien después se lo comentó a mi tía, pero ya no supe más al respecto. El tema surgió de nuevo hasta años después, hace poco. Mis tíos viven ya en otra casa y alguna vez en una de estas visitas después de la cena, algo nos llevó a platicar sobre cuando vivían en aquel departamento de Río Ebro. Me faltaría tiempo para relatarles las historias que nos contó mi tía sobre lo que llegó a platicar con sus vecinas. Una de las razones por las que ella decidió mudarse es porque justo en la casa de enfrente, en la ventana que daba a la ventana de su cocina, había una niña que siempre la observaba por las tardes. Cuando mi tía intentaba preparar la cena, observándola noche tras noche con una sonrisa extraña y siniestra. Mi tía tuvo un escalofrío al contarnos que cuando le platicó de esto a una de las vecinas, le dijo que la casa de enfrente solo la habitaba una señora mayor que ya no podía caminar. Las historias sobrenaturales por ese rumbo son comunes y les repito, tardaría mucho en escribirles todo lo que nos contó mi tía aquella noche. Pero ya se darán cuenta ustedes si logran hablar con los vecinos. Ojalá que pudieran hacerlo.



