[0:00]¿Qué son las mercancías? ¿Por qué unos tenis valen 80 veces más que una bolsa de papitas? ¿Cómo podemos comparar cosas tan diferentes y por qué es tan misterioso y engañoso que lo hagamos? Hola, soy Amílcar Paris Mandoki. Gracias por acompañarme a Filosofía de la Historia. El día de hoy por fin comenzaremos con lo que todas y todos han estado esperando: El Capital de Karl Marx. Veremos solo el capítulo primero, el capítulo de la mercancía. Veremos su doble naturaleza de valor de uso y valor, las formas que estas naturalezas toman, y veremos la manera en la que nos engañan mediante el fetichismo de la mercancía. Así que, comencemos de una vez.
[1:03]Después de escribir los Grundrisse, Marx seguirá investigando, escribiendo, revisando, editando y problematizando todo aquello que tenía que ver con la economía política en la biblioteca del Museo Británico por 10 años más. A pesar de que la insistencia de Engels para que ya publicara su obra máxima crecía y crecía, Marx esperó hasta que todo quedara resuelto para publicar el primer tomo del capital. En este tomo se enfoca en el proceso de producción del capital. La edición del siglo XXI contiene cinco prólogos de distintas ediciones que se publicaron en vida de Marx y después de su muerte. No entraré en detalle. En algunos momentos especifica los cambios en las ediciones, en algunos refiere a cuestiones de traducción, a veces habla de la recepción que tuvo el libro y en otras indica cuestiones políticas e históricas del tiempo. Sin embargo, hay una oración que aparece en el prólogo de la primera edición que quiero mencionar. Aquí solo se trata de personas en la medida en que son la personificación de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Para Marx y desde un punto de vista del análisis del capital, las personas son la encarnación de las relaciones e intereses de clase. Su condición moral o subjetiva no es objeto de su estudio, sino el lugar que ocupan dentro de las relaciones económicas. El punto de vista de Marx concibe el desarrollo de la formación económico social como un proceso de historia natural, por lo que no responsabiliza al individuo por relaciones que lo crean a él. Sin embargo, mantiene que aunque las relaciones económicas crean al individuo, este de manera subjetiva se puede elevar sobre ellas. Esto es, reconoce que, a pesar de las fuerzas de las relaciones económicas sobre los individuos, la subjetividad mantiene un espacio de acción que le permite la posibilidad de elevarse sobre estas. La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un enorme cúmulo de mercancías, y a la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Así comienza Marx el primer capítulo del capital, con una oración que nos aterriza en varias cosas. Primero, nos pone en el contexto de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista. Marx toma en cuenta que en todas las sociedades interactúan distintos modos de producción y que cuando nos referimos a una sociedad, especialmente a una sociedad moderna, no podemos hablar de un modo de producción homogéneo, sino de un modo de producción dominante y modos de producción secundario. Lo segundo que podemos ver en esta oración es que estamos partiendo de lo concreto representado, el enorme cúmulo de mercancías, la apariencia de la riqueza. Partimos de lo inmediato sensible, pues es ahí donde parte el método dialéctico de Marx, y la manifestación más inmediata y sensible de esto es la mercancía individual. Esta mercancía tiene una doble naturaleza. Su primera naturaleza refiere a sus cualidades sensibles, la de ser satisfactoria de necesidades humanas, ya sea de manera inmediata o como medio de producción. Esta naturaleza es su aspecto cualitativo y a tal aspecto se le llama valor de uso. El valor de uso de una mercancía es un hecho histórico, pero está condicionado por las propiedades del cuerpo de la mercancía. Esto significa que, aunque depende de sus propiedades físicas, el que estas sean satisfactoras de necesidades no está definido por leyes económicas, sino por las necesidades que la sociedad tenga en ese momento. Por ejemplo, el valor de uso del coltán depende de sus propiedades físicas, pero esas propiedades físicas no constituyeron un valor de uso hasta que la sociedad no encontró un uso para ellas, la producción de microprocesadores. Además, por depender el valor de uso de las necesidades que se van a satisfacer, este se vuelve efectivo solo hasta que se usa o se consume. Ahora, para obtener la segunda naturaleza de la mercancía, el procedimiento de Marx es similar. Hay una segunda propiedad que hace de algo que sea un valor de uso, también una mercancía. Y eso es, desde el nivel concreto representado, su capacidad de ser intercambiado. Las mercancías no solo son satisfactoras de necesidades, sino que son objeto de intercambio. Se cambian unas mercancías por otras en distintas cantidades. Por ello, a la manifestación inmediata de esta cualidad de ser intercambiables se le llama valor de cambio. El valor de cambio es una relación cuantitativa entre un valor de uso y otro.
[6:19]Esto significa que es la proporción en la que un valor de uso se puede intercambiar por valores de uso de tipos diferentes, por ejemplo, la proporción en la que se puede cambiar un par de zapatos por rollos de seda. Así, el valor de cambio se expresa siempre en términos de otra mercancía, por ejemplo, cinco vestidos, tres rollos de seda o 4 g de oro. Sin embargo, el valor de cambio, la relación cuantitativa entre las mercancías que se intercambian, es solo la manifestación de otra propiedad. Una propiedad que contienen tanto los gramos de oro como el par de zapatos, y esta propiedad no es física, pues las propiedades físicas de los objetos son solo parte de su valor de uso. Por ello, para encontrar esta propiedad, lo que tenemos que hacer es abstraer el valor de uso y, por lo tanto, toda propiedad física de la mercancía. Al hacer esto, a la mercancía solo le queda una propiedad: la de ser producto del trabajo. ¿Pero cuál trabajo? ¿Carpintería, albañilería, remachería, soldar, armar? Estos son trabajos concretos y producen valores de uso concreto y diferente. Pero como queremos hablar de la mercancía sin su valor de uso, tenemos que abstraer de ellas todas sus cualidades físicas. Y esto significa también abstraer todas las particularidades del trabajo que le dan esas características.
[7:55]Cuando hacemos esto, cuando abstraemos todas las particularidades del trabajo, nos queda el trabajo en abstracto. Si volvemos a la mercancía con este mismo procedimiento, podemos encontrar la cualidad que tiene la mercancía y que se expresa como valor de cambio. Esto es, si abstraemos de la mercancía todas las características físicas, se convierte en gelatina de trabajo humano indiferenciado, gasto de fuerza de trabajo humana sin consideración a la forma en la que se gastó. Esta cualidad de la mercancía se llama valor, y es aquello que tiene todas las mercancías y que permite que se comparen entre sí como valores de cambio.
[8:42]Es importante entender la distinción entre valor y valor de cambio, pues es muy fácil confundirse. El valor de cambio es una categoría transitoria para Marx, es una propiedad relacional de una mercancía con las demás. Su existencia se da en el nivel concreto representado, pero mediante el proceso de análisis, Marx obtiene el valor, su determinación abstracta. El valor es la cualidad que tiene la mercancía por ser producto del trabajo y se manifiesta en el valor de cambio. ¿Significa que de cualquier cosa que saquemos su valor de uso obtendremos su valor? No, pues una cosa puede ser valor de uso y no ser valor. ¿Qué significa esto? Significa que satisfacen necesidades humanas, pero no es producto del trabajo. Marx habla del aire, la tierra virgen, las praderas y bosques naturales. Y ya los vi levantar la mano y decir que venden tanques de aire, o que hay lugares con aire filtrado y te cobran por ese aire. Pero para filtrar o para embotellar el aire se necesita que alguien lo haga, que dedique tiempo de trabajo. Cuando alguien trabaja para meter el aire en una botella o en un tanque, convierte ese aire en valor. Otra cosa que menciona Marx es que algo puede ser útil y producto de trabajo humano y no ser mercancía. Aquí menciona que alguien que satisface su propia necesidad con lo que produce, crea un valor de uso, pero no una mercancía. Para que algo sea una mercancía, el trabajo debe producir un valor de uso social, un valor de uso para otros. Ante esto, Engels puso una nota muy importante, pues indica que para ser mercancía, no solo es necesario que sea valor de uso para otros, sino que el producto tiene que transferirse mediante el intercambio. Para Engels, esto es importante porque quiere indicar que lo que producían los siervos y que se apropiaban los señores feudales y los curas no era mercancía. Adicionalmente, podemos ver que esto es importante porque el valor de uso producido en el trabajo doméstico tampoco produce mercancías, pero sí hay tiempo de trabajo y hay producción de satisfactorias de necesidades. Finalmente, ninguna cosa puede ser valor si no es objeto para el uso, si no es un valor de uso. Las cosas inútiles tienen trabajo inútil que no cuenta como trabajo y no constituye valor alguno. Así que hay cosas que son valores de uso y no son valores, pero no hay cosas que son valores, pero no valores de uso. El valor, la determinación abstracta, se manifiesta en lo concreto representado en el valor de cambio. Lo que representamos cuantitativamente en el valor de cambio mediante otras mercancías es la magnitud de valor que en ellas está contenido. Y siendo que el valor es la cualidad de ser producto de trabajo en general, lo que está cuantificando es la cantidad de trabajo abstracto, la cual se mide por su duración. Ahora, ¿significa esto que si a Pedro le toma tres días producir una silla y a Pablo le toma solo un día producir la misma silla, la silla de Pedro vale tres veces lo que la silla de Pablo vale? No, Marx nos dice que el valor es generado por trabajo humano indiferenciado. Esto significa que el trabajo del que hablamos no es el de la persona en específico que produjo la mercancía específica, sino el trabajo de la humanidad. Para establecer una magnitud en ese trabajo, usamos la magnitud de tiempo de trabajo socialmente necesario. Esto significa que no es el tiempo que se gastó Pedro o el que se gastó Pablo en hacer la silla lo que determina el valor de la silla, sino el trabajo que toma a la sociedad en general hacer una silla, el trabajo medio necesario. Este trabajo medio se obtiene con el tiempo promedio que toma a la sociedad hacer una silla como esa. Por ejemplo, en una sociedad con un bajo grado de desarrollo de las fuerzas productivas, con herramientas simples y técnicas poco eficientes, ese tiempo puede ser largo y la silla puede valer 10 días de trabajo. En cambio, en una sociedad industrial desarrollada, ese tiempo puede ser muy corto y la silla puede valer 20 minutos de trabajo. Aunque el trabajo pueda concretarse en actividades productivas cualitativamente diferentes, todo el trabajo tiene la cualidad de ser gasto productivo del cerebro, músculo, nervio, manos y demás partes del cuerpo humano. Por eso, todos los trabajos son trabajo humano, formas de gastar la fuerza humana de trabajo y se caracterizan en términos generales como trabajo medio simple. Esta es la capacidad que tendría cualquier persona de producir sin necesidad de ningún otro tipo de desarrollo especial. Para Marx, los trabajos más especializados o que requieren más entrenamiento son equivalentes a una mayor cantidad de trabajo simple. Por ello advierte, siempre trabajará bajo el término de trabajo medio simple. Como dice Marx, El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo. Esto significa que el valor de las cosas va disminuyendo cuando las fuerzas productivas van aumentando. Si antes se requerían de 8 horas de trabajo para producir 10 kg de maíz y después de la industrialización se requiere ya solo una hora de trabajo para producir la misma cantidad, los 10 kg de maíz han reducido su valor ocho veces. Y como el valor se manifiesta en valor de cambio, también lo que se puede obtener a cambio de los 10 kg de maíz disminuye ocho veces. Las leyes del mercado no se tientan el corazón. A pesar de que un campesino le pudiera tomar 8 horas de trabajo producir 10 kg de maíz, si vive en una sociedad de agricultura industrializada con enormes cultivos y pesticidas en donde solo es necesaria una hora de trabajo para producir esos 10 kg de maíz, el campesino no tendrá de otra que vender sus 10 kg de maíz como si le hubieran tomado solo una hora de trabajo. Por eso no es de extrañar que el 85% de los cultivos de los hogares rurales en México están destinados al autoconsumo. Lo que determina entonces la magnitud de valor en una mercancía es la fuerza productiva de trabajo, la cual refiere al grado de eficacia de una actividad productiva orientada a un fin y está determinada por factores como el nivel medio de destreza del obrero, el grado de desarrollo de la ciencia y la tecnología, la coordinación social de procesos de producción, la escala y eficacia de los medios de producción y las condiciones naturales. Esto va cambiando con el tiempo y con la sociedad. El buen o mal clima puede cambiar la fuerza productiva del trabajo agrícola, alterando el valor de los productos cultivados. El encontrar mejores o peores yacimientos minerales altera la fuerza productiva del trabajo minero. En una buena beta de oro se requiere menos tiempo para obtener la misma cantidad de oro que en una beta más pobre. Y recordemos que siempre estamos hablando en general. El valor de oro por kilogramo dependerá del promedio de tiempo de trabajo necesario para extraerlo. Sin importar si la mina específica de la cual se extrajo una cantidad específica de oro es más o menos rica que el promedio y por lo tanto tomó más o menos tiempo para extraerlo. Así, Marx dice, en términos generales, cuanto mayor sea la fuerza productiva del trabajo, tanto menor será el tiempo de trabajo requerido para la producción de un artículo, tanto menor la masa de trabajo cristalizada en él, tanto menor su valor. Esto significa que el valor de las cosas va disminuyendo cuando las fuerzas productivas van aumentando. Si, por ejemplo, se duplica la fuerza productiva de chamarras, en la misma cantidad de tiempo que se producían cinco chamarras, ahora se podrán producir 10. Sin embargo, este cambio de fuerza productiva no cambiará el valor producido en la cantidad de tiempo. Esto significa que el valor producido al hacer las cinco chamarras, ahora se ha producido para hacer 10 chamarras. Las mercancías son productos de trabajos privados, autónomos, recíprocamente independientes que se enfrentan entre sí. Para que este enfrentamiento se pueda dar, el trabajo en estas mercancías tiene que ser cualitativamente diferente y por lo tanto, las mercancías deben satisfacer necesidades diferentes. Al ser trabajos privados de productores autónomos independientes, hablamos entonces de que para que haya mercancía se requiere una división social del trabajo. Pues las mercancías solo lo son debido a su dualidad, a que son objetos de uso y portadoras de valor. Esto significa que tienen doble objetividad: por un lado tienen su objetividad sensorialmente grosera de ser valor de uso, y por el otro lado tienen una objetividad puramente social que expresa el trabajo humano. Al ser el valor una objetividad puramente social, no se expresa en características físicas, sino solo mediante relaciones sociales.
[18:48]En este caso, mediante la relación social entre diferentes mercancías. Por ejemplo, en la relación social que existe cuando una persona cambia una chaqueta por cinco lienzos de seda. Por esta razón, porque el valor solo se manifiesta en el intercambio, Marx va a regresar a la representación del valor como valor de cambio en sus cuatro formas básicas de manifestación. La forma simple o singular, la forma total o desplegada, la forma general y la forma de dinero. Hará una reconstrucción de estas manifestaciones mediante el proceso de síntesis, por lo que no se terminará con lo concreto representado, sino se construirá lo concreto síntesis de determinaciones. Esto es parte de un rigor que podría parecer excesivo. Sin duda es un rigor que rara vez se observa en otros escritos filosóficos, económicos o de ciencias sociales. Pero este concepto de valor, la teoría de valor trabajo, es fundamental para el sistema de Marx de análisis del capital. Por ello es necesario ir construyendo de manera concreta, sintética, cada paso recorrido por la economía política hasta ese momento, pero con un sustento más robusto. Comencemos entonces con la forma simple o singular del valor. Esta es la expresión de valor de una mercancía haciendo uso de otra mercancía. X mercancía A = Y mercancía B. 20 varas de lienzo = 1 chaqueta. Esta fórmula parecería una identidad matemática y, aunque en un sentido lo es, pues en ambos lados de la ecuación se representan valores iguales, hay algo más allá. Y es que cada lado de la ecuación está cumpliendo una función diferente. Sí, es una expresión de valor, pero el mismo valor está tomando dos formas. La mercancía del lado izquierdo toma la forma relativa de valor, mientras que la mercancía del lado derecho toma la forma de equivalente de valor. La distinción consiste en que la forma relativa es una mercancía cuyo valor se está expresando con otra mercancía, la forma de equivalente. La forma de equivalente es la manera en que la forma relativa es directamente intercambiable. En ella, el trabajo abstractamente humano se expresa como trabajo concreto. La igualdad, nota Marx, solo puede darse en cuanto que son lo mismo, pues solo en cuanto que son valores son intercambiables. En otras palabras, cuando se equiparan dos mercancías, se manifiesta que en ellas existe algo igual. Se está igualando el trabajo que en ellas se incorpora. Sabemos que, como trabajo concreto, los trabajos de valores de uso distintos son trabajos distintos. El trabajo de la chaqueta es un trabajo distinto al del trabajo del lienzo, sin embargo, ambos trabajos se igualan en el momento del intercambio. La acción de intercambiar es una acción de abstracción de las particularidades que distinguen a los trabajos. Es abstracción en la praxis, en donde las mercancías toman la objetividad de ser productos del trabajo en general, lo cual les permite ser intercambiables. Marx nota que Aristóteles ya conocía la forma simple de valor, pero se mantuvo perplejo ante esta. No entendía cómo era posible que cosas tan heterogéneas fueran conmensurables. Y esto es, como dice Marx, porque carecía del concepto de valor, la sustancia que es igual de los dos lados de la ecuación. ¿Y por qué no podía concebir Aristóteles el concepto de valor? Porque la base del valor es la igualdad de todos los trabajos, algo inconcebible en una sociedad esclavista que necesariamente se basa en la concepción desigual de las personas y, en consecuencia, de sus trabajos. La forma simple de valor es una forma embrionaria, pues es sumamente limitada. Solo expresa el valor de una mercancía determinada mediante otra mercancía determinada. Pero partiendo de ella se llega a la forma total o desplegada de valor, en la que el valor de una mercancía se expresa mediante varias mercancías. Marx expresa esto como Z mercancía A = U mercancía B, o = V mercancía C, o = W mercancía D, o = X mercancía E, o = etcétera. Y usa el ejemplo de 20 varas de lienzo = 1 chaqueta, o = 10 libras de té, o = 40 libras de café, o = 1/4 de trigo, o = 2 onzas de oro, o = 1/2 ton. de hierro, o = etcétera. Cuando el valor de una mercancía se expresa mediante varias otras mercancías, se muestra que el trabajo que produce una mercancía no solo es equivalente al trabajo de otra mercancía, sino que es equivalente al trabajo de cualquier mercancía. Esto a su vez, muestra que el valor de las mercancías es indiferente a la forma particular en la que este se manifieste. Esto para Marx es importante, porque si el valor de una mercancía se mantiene invariable, sin importar por qué se intercambie o con quién se intercambia, demuestra que no es el intercambio el que produce el valor, sino a la inversa, es el valor el que rige las relaciones de intercambio. Sin embargo, esta forma total o desplegada de valor es problemática porque consiste en una serie infinita de formas simples de valor en los que la forma relativa de valor se expresa mediante una infinidad de formas equivalentes de valor. El problema aquí es que solo estamos expresando el valor de una mercancía y nunca vamos a terminar de expresarlo. La solución, voltear la fórmula. En lugar de expresar el valor de una mercancía mediante muchas otras, expresamos el valor de muchas mercancías mediante una sola, las 20 varas de lienzo.
[25:28]La ventaja de esta fórmula es que es una expresión simple y unitaria de valor de todas las mercancías. Una mercancía alcanza la expresión general de valor y, simultáneamente, todas las demás mercancías existentes, así como las que entran en el mercado, expresan su valor en el mismo equivalente. Esto además permite que se pueda comparar el valor de todas las mercancías entre sí. Si tanto 10 libras de té como 40 libras de café valen 20 varas de lienzo, entonces 10 libras de té valen 40 libras de café o cada libra de té vale 4 libras de café. Esto nos muestra que el trabajo socialmente necesario para producir una libra de té es cuatro veces el trabajo socialmente necesario para hacer una libra de café. En esta forma, la mercancía que sirve de equivalente, en este caso, las varas de lienzo, se convierte en equivalente general. Es la encarnación visible de todo trabajo humano, la crisálida social general. Es el desarrollo dialéctico de la forma equivalente de valor. Pues en la forma simple comienza como equivalente singular, en la forma total o desplegada aparece como equivalente particular, y ahora se despliega como equivalente general. Ahora, cuando una mercancía específica se cimenta socialmente como equivalente general, pasamos a la última forma de valor, la forma de dinero. La distinción entre la forma general y la forma de dinero no es una transición esencial. La forma de dinero es solo una instancia específica de la forma general, una encarnación real histórica. E históricamente, el dinero ha tomado la forma de conchas en la antigua China, India y África, granos en Mesopotamia, cacao en Mesoamérica y desde el antiguo Egipto, oro. Marx afirma que el oro se convierte en dinero cuando conquista el monopolio de ser equivalente general. Y la expresión relativa simple del valor de una mercancía cuando el equivalente es el dinero se llama precio. Así, en la expresión relativa simple de valor de 20 varas de lienzo en dos monedas de oro, lo que se expresa es el precio de las 20 varas de lienzo en las dos monedas de oro. También es la expresión del valor de las varas del lienzo mediante el valor de uso del oro. Y es la equivalencia de valores entre las dos mercancías. Expresa que en las 20 varas de lienzo se ha cuajado la misma cantidad de trabajo abstracto humano en las dos monedas de oro. Puede ser que digan que los precios no están dados en oro, y tienen razón, pero hasta los 70s, en teoría, toda moneda nacional era convertible en oro. El Banco Nacional tenía que darte a cambio de tu billete la cantidad equivalente en oro. El dinero, los dólares, los pesos, las libras esterlinas o los francos funcionaban como unidades de medida nacionalmente determinadas de oro. Así, resuelve Marx el misterio del valor del dinero de la forma general del valor. Que no haya dilucidado su secreto puede con facilidad tomar el camino de regreso a la forma general, luego a la forma desplegada y luego a la forma singular del valor. Sin embargo, hay un enorme problema con que el valor se manifieste en estas cuatro formas, pues son relaciones sociales que toman la forma de relaciones entre objetos. Por ejemplo, en la igualdad de 20 varas de lienzo con una chaqueta se muestra la igualdad del trabajo del sastre con el trabajo de la hilandera. El sastre y la hilandera están en una relación social donde se igualan sus trabajos, pero esta relación social toma la forma de la relación entre los productos de sus trabajos, los objetos que crean. Así, parece que el intercambio es una relación entre cualidades inherentes de los productos, pero es una relación entre actividades humanas. Así, la relación social entre las y los productores adopta para las personas una relación fantasmagórica entre cosas. Por ello, Marx para explicar este fenómeno, hace uso de analogías al mundo religioso, en el cual, los productos de la mente humana parecen figuras autónomas, dotadas de vida propia, en relación unas con otras y con los hombres. De igual manera, en la mercancía, los productos de la mano humana toman una forma autónoma, parecen tener su propia vida, su propia subjetividad. A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías y que es inseparable de la producción mercantil. El famoso fetichismo de la mercancía. Si esto le suena es porque Marx ya ha tratado el tema. Llevaba toda su vida tratando el tema. Desde la introducción a la crítica de la filosofía del derecho, pasando por los manuscritos del 44 y las tesis sobre Feuerbach, Marx había hablado de cómo las creaciones humanas se le aparecen como ajenas y hostiles. El fetichismo es una nueva encarnación de este fenómeno con unas características muy particulares. ¿Por qué la mercancía necesariamente toma un carácter fetichista? Recordemos que para que algo sea una mercancía, debe ser un valor de uso para alguien distinto de quien la produce, y ese producto debe llegar del productor al consumidor por medio del intercambio. Esto significa que la mercancía tiene dos momentos, el momento de la producción y el momento del intercambio. Por ello, el trabajo que produce las mercancías se realiza por separado de los demás trabajos y su carácter social no se manifiesta, sino hasta el momento del intercambio. Esto es, el trabajo realizado en cada mercancía no se realiza como trabajo social, sino hasta el momento del intercambio. Por ello, no se manifiesta como trabajo social, sino como una relación social entre cosas. La igualdad de los trabajos concretos consiste en una abstracción de su desigualdad real, que sucede en el momento del intercambio. Sin embargo, al equiparar entre sí en el cambio como valores sus productos heterogéneos, equiparan recíprocamente sus diversos trabajos como trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen. La abstracción es objetiva y real, pero no es consciente. Sin saberlo, en el intercambio se abstrae del trabajo lo que lo hace ser concreto y determinado, y queda trabajo útil abstractamente humano. Esto es real porque es la única manera en la que se pueden equiparar mercancías, en la que puedes comparar un pastelito relleno con un motor de combustión interna. Pero no es necesario estar familiarizados con el método dialéctico para comprar algo en la tienda. De hecho, ni el más estudiado en Marx mantiene la conciencia el proceso de abstracción del que participa cada vez que se compra unos chicles. Al participar en el mercado, en el intercambio de mercancías, abstraemos, pero lo hacemos de manera inconsciente. No lo sabemos, pero lo hacemos. Es inevitable en la cotidianidad, vivir al nivel de lo concreto representado. Cuando vas a pagar un kilo de tortilla y preguntas cuánto cuesta, quien te atiende te va a decir que 14 pesos. Ambos van a actuar como si la relación entre la tortilla y los 14 pesos fuera intrínseca a la tortilla y no la manifestación de una relación social de trabajo que involucra al agricultor de maíz, los productores de las máquinas, sus operadores, los que producen la energía eléctrica y extraen el gas, así como a tu mamá que te dio los 20 pesos que obtuvo con su duro trabajo para que compraras tortillas y no para que tuvieras una discusión de dialéctica materialista con la tortillera. La determinación de las magnitudes de valor por el tiempo abstracto humano socialmente necesario se oculta bajo los movimientos de intercambio. Marx dice, la reflexión en torno a las formas de la vida humana, y por consiguiente el análisis científico de las mismas, toma un camino opuesto al seguido por el desarrollo real. Comienza post festum y por ende, disponiendo ya de los resultados últimos del proceso de desarrollo.
[34:36]El análisis inicia con la relación entre los precios de las mercancías, analizando las relaciones de las cosas como si fueran relaciones sociales entre cosas. La paradoja es que gracias a la forma de dinero se logra obtener el concepto de valor, pero es la misma forma de dinero la que vela el carácter social de los trabajos privados. Todo trabajador termina relacionado su trabajo con el dinero que obtendrá, con una cosa, sin ver cómo es que este solo es una manifestación del trabajo que ha realizado y de su carácter social relacionado con el trabajo que realizan todos.
[35:15]Para Marx, la única manera de separarse del fetichismo de la mercancía será cuando las circunstancias de la vida cotidiana se muestren como relaciones racionales entre personas y con la naturaleza. Esto es, cuando el proceso de producción sea planificado y consciente. Mientras tanto, tendremos que lidiar con las relaciones sociales y de producción del capitalismo, para lo cual nos conviene continuar leyendo el capital. La próxima semana veremos el capítulo 2 y 3 del capital para llegar más a fondo del misterio del dinero y sus funciones. Así que, hasta entonces.



