Thumbnail for Investigando el origen de la arepa y la hayaca by Beatriz Bermudez Rothe

Investigando el origen de la arepa y la hayaca

Beatriz Bermudez Rothe

48m 30s6,941 words~35 min read
Auto-Generated

[0:00]La arepa es venezolana y la llaca es un tamal.

[0:13]En este primer video de esta nueva etapa del canal, quiero comentarles cuáles son las razones por las cuales me he metido en este berenjenal. La primera de ellas es que realmente me apasiona la gastronomía indígena, aunque reconozco que no soy ninguna historiadora de la alimentación. Pero realmente es un tema muy interesante y he escrito algunas cosas al respecto. Porque lo que en el fondo, lo que más me interesa y que tiene que ver con todo el trabajo que he desarrollado hasta ahora, es cómo visibilizar, cómo contribuir a valorar lo que ha sido el legado, el aporte de los pueblos indígenas a la conformación de nuestra cultura y de nuestra identidad. En esta polémica que si bien en el caso de la arepa es bastante reciente y tiene mucho que ver con la diáspora venezolana. En el caso de la yaca, la polémica no es nada nueva. Realmente se inició a finales del siglo XIX, o sea, hace más de 100 años. Y está llena de interesantes datos históricos y de muchas anécdotas que involucran a destacados intelectuales de la época. Gente realmente muy estudiosa y muy interesante. Antes que nada, es importante señalar que al ser tortas de maíz, arepas o pasteles envueltos en hojas, cualquier tipo de hojas, como en el caso de la yaca, implican una serie de costumbres profundamente arraigadas en todo el continente, costumbres que no se han borrado en más de 500 años. Si bien la historia oficial, escrita generalmente por el colonizador y sus descendientes, ha negado o ha tratado de ocultar esta esta antigüedad, esta importancia social de este tipo de alimentos y que hayan difundido ideas tales como que la yaca es producto del mestizaje y en algunos casos hay quienes ha llegado a afirmar y se sigue repitiendo y afirmando en las redes sociales que la yaca fue una invención de de de los esclavos, o sea, del servicio doméstico que en su mayoría eran afrodescendientes esclavizados, quienes para aprovechar los restos de comida que dejaban sus amos, se les había ocurrido inventar la yaca. Pero realmente nada más falso. Para mí este tipo de afirmaciones solo refleja ese afán de blanquear nuestra cultura, de negar todo rastro indígena, como que si estas culturas no tuvieran ningún valor. Como prueba de este fenómeno, les recomiendo este interesante video, dejo aquí el enlace, sobre la historia de la arepa en el que ningún caso se menciona su origen indígena, a pesar de que las personas que participan allí son gente que ha estudiado mucho la historia en Venezuela y en casos particulares la gastronomía venezolana. En este sentido, veamos qué nos aporta la antropología y en particular eso que se conoce como antropología lingüística, para conocer esa parte de nuestra historia desde otra perspectiva y entender qué hay realmente detrás de todas estas polémicas. Así que te invito a quedarte hasta el final para que conozcas esta otra perspectiva llena de sabor que seguro van a disfrutar. Y empecemos por el maíz, la materia prima con la cual se hacen o se elaboran estos dos alimentos, la arepa y la yaca, así como infinidad de otros alimentos en todo el continente americano. Según datos que arrojan las investigaciones arqueológicas, el maíz fue una de las primeras plantas domesticadas en América y dada su amplia distribución, ya que la encontramos en toda América del Norte, de Estados Unidos, parte de Canadá hasta el cono sur, durante muchos años se debatió si su origen estaba en las altiplanicies andinas o en México. En cuyas tierras existe una planta silvestre que se señala como el ancestro del maíz cultivado. Datos recientes parecen confirmar esa tesis, ya que en tierras mexicanas se han hallado los restos de maíz más antiguos con fechas cercanas a los 12,500 años, y sí, son realmente muchos años. En ese largo y complejo proceso de domesticación, que implica mucha observación, ver qué otros animales, aves, roedores, comen esta u otra planta, ensayo y error, algunos logros, implica el ir acumulando y compartiendo conocimientos que reflejan la importancia para los seres humanos de conseguir con la siembra y la manipulación natural de las semillas, una fuente de alimento constante, capaz de saciar su hambre y que aporte esa energía que tanto necesitamos para funcionar eficientemente. Junto al maíz comenzaron a domesticarse y a cultivarse otras plantas, principalmente los frijoles, que en Venezuela llamamos caraota, porotos en otras partes, que son una importante fuente de proteína. Y también la uyama o calabaza o zapallo, como también la llaman en el sur, plantas que tradicionalmente se han sembrado juntas y conforman lo que se conocen o lo que conocemos en el argot antropológico como la divina triada o la triada sagrada.

[5:39]A esta triada sagrada se le conoce así por la gran cantidad de nutrientes que estas tres plantas son capaces de aportar no solo al ser humano, sino también al mismo suelo en el que se cultivan, a otros animales y los beneficios que se aportan unas a otras. La corona de esta triada sagrada es, por supuesto, el ají o chile, como lo conocen en otras partes. Es importante hacer notar que de estas plantas, principalmente el maíz y la calabaza, se aprovecha todo, flores, frutos, hojas, semillas, raíces y pare de contar. De la misma manera, y hace también miles de años, en otras regiones de América se comenzaron a domesticar otras plantas, como la yuca en Amazonía y la papa en el altiplano indígena. Plantas que al igual que el maíz, la calabaza y los frijoles, tienen muchísimas variedades. Si bien, todas estas plantas cultivadas han formado la base del sustento diario durante milenios en la mayoría de los pueblos indoamericanos, su dieta ha sido mucho más rica y variada de lo que suponemos. En los conucos, huertas o milpas, como queramos llamar estos espacios donde se cultiva, también se siembran otros tubérculos, entre ellos, la batata o camote, también otras plantas como el tomate, el cacahuate o maní, que es originario de los Andes, los pimientos, frutas como la piña, hortalizas, algunas plantas medicinales y mágicas, como el onoto o achiote, el tabaco, la coca, y los girasoles, estos últimos muy sembrados en Norteamérica. También se cultivaban árboles como el cacao, el anón, la chirimoya, el taparo, que si bien sus frutos no son comestibles, una vez secos, limpios y preparados, se utilizan como envases o para servir los alimentos. También se recolectan nueces, semillas, frutas silvestres de temporada, huevos de tortugas, caimanes, etcétera, insectos, se caza, se pesca, pero también se criaban algunas aves, quelonios o tortugas, se recoge miel, hongos, retoños de hojas, caracoles y crustáceos. En fin, se comía y se come muy bien. Pero qué hizo que el maíz alcanzara y mantuviera este puesto en el continente y en la actualidad más allá de sus fronteras. Que fuera aceptado y venerado no solo en la mesa, sino en la vida religiosa y ritual de muchos pueblos amerindios. Esa es la tura, la que toca, esa es la tura. Para que llueva, pues y para que iba comida. Veamos qué nos dice Francisco López de Gómara en su Historia General de las Indias, obra publicada tempranamente en 1552. Apenas 60 años después de que un grupo de europeos conocieran de la existencia del maíz. López fue un cronista de esos que escribieron sobre América sin haber puesto nunca un pie en estas tierras, pero de quien se afirma que tuvo entre sus amistades e informantes, nada menos y nada más que Hernán Cortés, a quien algunos acreditan las siguientes palabras. Es en fin, el maíz, cosa muy buena y no la dejarán los indios por el trigo, según tengo entendido, las causas que dan son grandes y son estas, que están hechos a ese pan y se hallan bien con él. Que le sirve el maíz de pan y vino por la cantidad de bebidas que hacían o se siguen elaborando con el maíz, que multiplica, o sea, que rinde más que el trigo, que además se cultiva con menos peligros del trigo, bien sea falta de agua o por el mucho sol y que que se obtiene más de él con menos trabajo, pues un hombre solo y siembra coge más maíz que un hombre con dos bestias de trigo. Quiero está diciendo este testimonio, que no solo la mitología maya consideraba que los seres humanos estaban hechos de maíz y que este como alimento les satisfacía porque le da pan y bebida. Que es un cultivo muy adaptable al clima, que su rendimiento es mayor en relación al trabajo que exige, que es más resistente también a ciertas plagas. En resumen, porque este es realmente un tema muy pero muy complejo, la adaptabilidad del maíz, el hecho de que se de bien en distintos tipos de suelos, climas y altura, su alto rendimiento, o sea, que se obtenga tanto alimento facilitó esa amplia y rápida distribución en todo el continente.

[11:00]Como sabemos, hay maíz blanco, amarillo, maíz rojo, maíz negro, que según la mitología maya, representa los huesos, el blanco, la piel, el amarillo, el rojo, la sangre y el negro, el cabello de los seres humanos. A su vez, esta diversidad de las distintas plantas está íntimamente relacionada no solo con su adaptabilidad, sino también con la capacidad de adaptación y diversidad de los grupos humanos que se fueron asentando en América.

[11:32]Esta diversidad a su vez expresa en uno de los rasgos más característicos de la especie humana, el habla, nuestra capacidad de crear idiomas y de comunicarnos gracias a ellos. Aquí entramos en otro terreno, en el terreno de la antropolingüística, que sin llegar al tecnicismo académico de usar esos términos tan especializados que tiene cada disciplina, esta a su vez, nos dará los argumentos de mayor peso al momento de afirmar por qué la arepa es venezolana y la yaca un tamal. Pero así como una planta de maíz dio origen a una especie con una enorme diversidad de mazorca, con granos de distintos colores y tamaño, con distintos aromas y sabores, un idioma también da origen a muchas variantes. Y es allí cuando surgen las familias lingüísticas. Así vemos que para el momento de la invasión europea, hace ya más de 530 años, la mayoría de los pueblos y naciones indígenas que habitaban lo que hoy conocemos como Venezuela y también buena parte de las islas del Caribe, eran de lengua y cultura caribe o arawak. Dos macrofamilias lingüísticas que tuvieron su origen en la región amazónica y de allí sus portadores, sus hablantes, se fueron desplazando hacia otras zonas y fueron ocupando territorios diversos hasta llegar a las islas del Caribe. Los primeros en llegar fueron los arawak, entre ellos los tainos, quienes a su vez, una vez asentados en las islas, recibieron una fuerte influencia maya yucateca, que eran los pueblos maya, los vecinos, sus vecinos más cercanos en las tierras firmes y amplios conocedores, como hemos visto, del maíz y sus propiedades. Cada uno de estos pueblos a medida de todo ese largo y convulso proceso en el que se peleaban, se juntaban, se distanciaban unos de otros, iban recreando a su vez cada uno de sus idiomas originarios y de allí fue de donde surgieron las variaciones dialectales. Pero la mayoría de estos pueblos seguían entendiéndose entre sí. Es como pasa con el castellano y con otros idiomas que vienen del latín, se parecen, la mayoría de las veces nos entendemos y otras no. Pero sabemos más o menos de qué se está hablando cuando oímos a un italiano o a un francés hablando. Además de los caribes y arawak, existían en lo que hoy conocemos como Venezuela, otros pueblos y parcialidades indígenas de distintos orígenes. Había tupi, tupi-guaraní, chibcha, con cuyas familias lingüísticas se les identifica a estos otros pueblos. Pero también han existido otros, cuyos idiomas se consideran independientes. Entre estos pueblos de idiomas independiente, podemos mencionar al pueblo yanomami en el Amazonas y al pueblo guarao, de los que que además se afirma que estos pueblos forman parte de las primeras oleadas migratorias que llegaron y se asentaron en América. Ante esta diversidad de idiomas, esta infinita diversidad de idiomas, los españoles comenzaron a adoptar muchas de las palabras de origen taino, que fueron los primeros indígenas que contactaron al llegar a lo que son las islas del Caribe, que además de ser comprensible para los otros pueblos indígenas, como ya hemos señalado, eran fáciles de pronunciar para ellos. Entre estas palabras de origen taino, que como ya les dije, es un idioma de origen arawak, están palabras como el maíz, ají, maní, batata, guanábana, budare, hamaca, bohío, canoa y muchas otras que hoy forman parte de nuestro vocabulario, están incorporadas al sacrosanto diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y además algunas de ellas forman parte de la nomenclatura científica como es el caso del maíz. Pero maíz o maíz no era, ni es la única palabra con la que se conoce esta planta, había y hay muchas palabras para nombrarla en cada uno de los cientos idiomas que se hablan en América, porque cada variedad de maíz a su vez, tiene su nombre y este puede cambiar si se trata de una mazorca que está cruda, cocida o por distintas otras razones. Es interesante hacer notar que la voz taino, maíz, significa literalmente lo que sustenta la vida, algo muy parecido a lo que significa la palabra arepa en el idioma cumanagoto. Este fenómeno sociolingüístico en que vemos cómo una denominación se impone sobre otras, ocurrió no solo con la palabra maíz, sino también con la palabra arepa y con la palabra tortilla, entre muchas otras, en lo que es el español que hablamos nosotros hoy en día en el continente. En México, las tortas de maíz tienen igualmente cientos de nombres según el tipo de maíz con que se hace y del idioma con el que se le nombra. En Náhuatl, por ejemplo, es tlaxcal o tlaxcali, pero ¿por qué le decimos tortilla? Tortilla es una palabra que viene del latín y que significa pequeña torta de pan redonda y aplanada, y pan, que también viene del latín, significa el producto de la harina mezclada con agua. Y por supuesto, para un hispanohablante, es fácil decir tortilla que tlaxcali, que además tiene para ellos un claro significado, saben a qué se refiere, a diferencia de cualquier otra palabra en un idioma indígena, que además les cuesta pronunciar. Y así como durante la colonia se fue imponiendo en todo México la palabra tortilla, en Venezuela se fue imponiendo la palabra arepa. Pero, ¿de dónde viene esa palabra arepa? Bueno, como ya sabemos, arepa viene de erepa, una palabra del idioma cumanagoto. Un pueblo indígena de lengua Caribe que para el momento del inicio de la invasión europea, era uno de los más numerosos que poblaban la costa oriental de lo que hoy conocemos como Venezuela. Es posible, como señalé antes, que durante la colonia, esa denominación de arepa se fuera imponiendo a medida que se imponía el castellano por encima de otras denominaciones locales, de otros idiomas que se hablaban en las distintas regiones y con las cuales se conocían las distintas tortas o arepas que se hacían en todo el país. Pero, ¿por qué los cumanagoto? Si recordamos que a partir del tercer viaje de Colón en 1498, se supo de la riqueza de perlas en la Isla de Cubagua, noticia que atrajo a cientos de buscadores de fortuna que solo sabían hacer riqueza a costa del trabajo esclavo, tendremos una pista importante. Los españoles necesitaban, como ya señalé, esclavos para sacar las perlas y obtener su riqueza, pero por supuesto, también necesitaban comer, aunque no estaban dispuestos para nada a sembrar, ni siquiera a criar gallinas. Así lo señalan muchos cronistas. Por su parte, los cumanagotos, a diferencia de la mayoría de los otros pueblos de lengua y cultura caribe que basan su alimentación en la yuca y sus derivados, como el casabe y el mañoco, los cumanagotos tenían al maíz como la base de su dieta diaria. Esto quiere decir que comían más arepa que casabe, y seguramente sus bebidas rituales y otros alimentos, también eran a base del maíz. Los cumanagotos de entonces cultivaban más de 10 tipos diferentes de maíz y cada uno tenía su nombre específico. Además de cuatro o cinco maíces de grano blanco, había también maíz rojo, maíz morado, uno color ceniza, un maíz que llamaban largo, otro conocido como amapú, que siempre comían tierno, igual que lo siguen haciendo ahora en el Oriente venezolano, donde le llaman ahora amapito, que es un maíz de mazorca pequeña, que se da a los 40 días de sembrado y que se suele consumir asado o cocido en agua o al vapor. Pero ese maíz llamado erepa, era el mismo que los españoles llamaron cariaco y que sin duda era el más usado por parte de los cumanagotos para hacer sus tortas. Los cronistas señalan que del maíz llamado erepa, había dos variedades, uno blanco y otro algo así como rosado. Esta preferencia en su uso se debía quizás a que este tipo de maíz, una vez ahumado en los fogones, se conservaba mejor a lo largo de todo un año y además daba o da una harina muy suave y muy gustosa. Por otra parte, cuando conocemos y analizamos el vocabulario del idioma cumanagoto, nos damos cuenta que ya desde entonces la palabra erepa tenía un significado más amplio, ya que no solo denotaba esas tortas redondas y aplanadas de maíz, sino que también, por extensión, a la comida. Tal como sucede hoy en Venezuela, ya que la palabra arepa designa para nosotros al sustento diario y lo expresamos con frases tales como ganarse la arepa, nacer con una arepa bajo el brazo o resolver la arepa. Es posible, como señalé antes, que durante la colonia, a medida que se iba imponiendo el castellano en la región, la palabra arepa, fuera sustituyendo a las otras denominaciones locales por las que se conocían a estas tortas de maíz. Aunque algunos comentaristas han referido el hecho de que la palabra arepa apareció escrita por primera vez por allá por 1570, cuando Galeotto Cey, un comerciante de origen italiano, escribió sobre sus experiencias en el continente, donde había venido a buscar productos de su interés. Ese documento, bajo el título de Viaje y Relación de las Indias, estuvo archivado en el Museo Británico cientos de años hasta que en los años 90, el doctor José Rafael Lovera, un investigador y experto en la historia de la alimentación en Venezuela, publicó una versión comentada en 1995 en una hermosísima edición especial. Lo que recuerdo de esta obra de Cey, es que dice que en Colombia también se comen o se comían arepas, como él había visto en Venezuela, porque como sabemos, esta es una palabra de origen cumanagoto que ya era conocida entre ese medio de comerciantes y viajeros que venían de Europa. Más allá de este elemento sociolingüístico, donde vemos que una palabra, el uso de una palabra de fácil pronunciación se va popularizando, tengamos en cuenta que este es un alimento que nos ha acompañado durante generaciones. Lo podemos encontrar en todas las mesas, la del trabajador, la del estudiante, la de la hacienda. La arepa es realmente un plato nacional en Venezuela. Nos identifica a todas, a todos y al igual que la tortilla mexicana, se puede comer en todas las comidas, porque quién no ha salido de madrugada de una fiesta buscando una arepera abierta. Eso es algo que no sucede en Colombia, aunque allá se elaboren y se consuman alimentos parecidos a la arepa, como la arepa de queso o la arepa de huevos que es frita. O sea, no tiene esa arepa asada, no tiene la misma popularidad y el mismo arraigo a nivel nacional que tiene en Venezuela. Ninguna de este tipo de arepa es allá en Colombia, un plato nacional con el que se identifique toda la gente. En mi opinión y puede que esté equivocada, sucede algo parecido con la tortilla en México, donde es parte de la identidad de su gente, sea esta indígena o mestiza y en todo el país. Pero en otros sitios, como en Centroamérica, donde se siguen haciendo a mano, se tortean, como se dice, y no se producen en serie en máquinas como en México, las tortillas identifican más como una comida indígena. Es realmente una sutil diferencia que puede pasar desapercibida, pero que para mí tiene un peso simbólico e identitario importante. Como muestra de la importancia social de la arepa en Venezuela, tenemos la búsqueda de soluciones para facilitar su proceso de elaboración tradicional desde hace siglos. Y así vemos cómo inventores innovadores trataron de encontrar una salida.

[24:32]Aparte de esto, también durante muchos años, en las casas donde no había servicio doméstico que pudiera ocuparse de la dura tarea que implica su preparación a la manera antigua, que es pelar la mazorca, sacar los granos de la mazorca, limpiarlos, remojarlos, calentarlos, lavarlos, molerlo, amasar la harina, hacer las arepas, torteas, pues y cocinarlas.

[24:55]En total, son como 21 pasos, muy trabajosos. Ante esto, había la opción de comprarlas hechas. De hecho, porque así lo recuerdo, lo primero que la gente hacía cuando una se mudaba a un sitio nuevo era averiguar dónde y a quién comprar las arepas, porque este, generalmente, era un emprendimiento doméstico a cargo de las mujeres del hogar. Siempre había una señora que en su casa o en una bodega o pulpería cerca, vendía arepas a determinadas horas del día. En los años 40, surgen en Caracas la venta ambulante de tostadas que generalmente, y según contaba mi papá, eran arepas recalentadas. Él recordaba una pareja, un matrimonio de origen campesino, que se colocaba por los lados de Chacaito con una especie de parrilla, aunque allá tiene otro nombre, a vender tostadas a los parranderos. Luego surgieron locales en el centro de Caracas. El más conocido fue el local de la Familia Álvarez, que originalmente nació en el barrio de la Charniga con otro nombre y que luego, debido a su éxito y al aumento de la población en la ciudad, fueron abriendo areperas en otros lugares más céntricos de la ciudad. Este fenómeno no solo se dio en la capital, sino también en otras regiones, como el Zulia o Apure, donde hay unas excelentes referencia o reseñas al respecto. Allí, las arepas, como cuentan algunos cronistas, una vez reposadas, eran rellenas y se pasaban por huevo batido para finalmente ser fritas en mantecas de cerdo o simplemente fritas, rellenas de pernil y queso frito a su vez, como son las famosas aguita de sapo en Maracaibo, que surgieron precisamente en esos años. Si quieren conocer con más detalle esta parte de la historia, les recuerdo el video que les recomendé al inicio. En este afán de modernización, nos encontramos con Luis Caballero Mejías, un ingeniero venezolano que por los años 50, inventó la harina precocida. Y fue también una empresa venezolana, mucho antes que en el país hermano de Colombia, la que en 1960 lanzó, comercializó y popularizó el uso de la harina precocida en el ámbito nacional. La harina precocida facilitó el proceso de elaboración de las arepas y con ello aumentó la rentabilidad de las areperas, por los que varios inmigrantes españoles y portugueses las adoptaron como un modelo de negocio. Sin embargo, en documentos aportados por el historiador venezolano, Javier González, vemos que a esta harina precocida, le precedieron varios intentos de producir arepas con procesos mecanizados. Uno de ellos, aparece en un registro en 1856, un siglo antes del invento de Caballero Mejías y otro es uno que se puso en práctica en 1917, cuando en un local ubicado en todo el centro de Caracas, en la esquina Doctor Paúl, se ofrecían arepas o pan de maíz elaboradas de manera higiénica, o sea, en máquinas. El uso de la piedra de moler y del pilón, para el en el proceso de preparación de la arepa y de otros alimentos, comenzaron a ser sustituidos por la mecanización, desde 1837, cuando se ofrecían en el mercado máquinas para desgranar y moler grano. Según nos da cuenta el Dr. José Rafael Lovera en su libro Historia de la Alimentación Venezolana, por otro lado, el uso doméstico del célebre molino Corona también comenzó a popularizarse en todo el país. Estos molinos, fabricados en hierro fundido y estaño, facilitaron uno de los pasos más trabajosos a la hora de procesar el maíz, la molienda. Todos estos cambios, así como esos 21 pasos que he señalado, los encontramos muy bien descritos en la obra del desaparecido amigo, Pedro Bereciartu, publicada en el 2007 y titulada Arepa, el pan venezolano, Estrategia de observación cinematográfica, y de la que tuve el honor de escribir un breve prólogo. Pedro Bereciartu fue el primer arepólogo que conocí en la década de los 90, cuando asistía a diario a la Biblioteca Nacional a recabar datos e información para ampliar su investigación sobre la arepa y para otra de sus futuras realizaciones.

[29:30]La verdad es que gracias a Pedro, aprendí y entendí muchas cosas sobre la arepa. Cosas que una suele dar por sentadas porque la arepa es un elemento tan cercano y cotidiano en nuestras vidas que no nos detenemos a pensar en ella, pero que tiene una historia tan larga, compleja y llena de detalles que generalmente tendemos a simplificarla o inventarla cuando no conocemos esta parte de la historia. Pedro fue también el primero que realizó una película sobre la arepa, un documental que fue parte de sus tesis doctoral en antropología visual y que tituló el tríptico de la arepa, en la que nos muestra parte de ese proceso de transformación de la arepa a lo largo de la historia. Volviendo al caso de la polémica sobre la maternidad de la arepa, es bueno acotar también que dicha polémica se enciende y agarra espacio en los medios de comunicación a raíz de la inmigración forzada de millones de venezolanos no solo al vecino país, sino al mundo entero. Migración que comienza a inicios del siglo XXI, siendo Colombia no solo un destino, sino también una vía de escape para mucha gente y sobre todo, para muchas familias colombo-venezolanas que se habían asentado en Venezuela. Recordemos que ya para entonces, hacía desde unos 20 años que vivían en Venezuela más de 3 millones de colombianos. Esta migración colombiana hacia Venezuela tuvo su apogeo en los años 70, cuando la bonanza petrolera de Venezuela coincidió con el recrudecimiento del conflicto armado en Colombia. En esa época, los restaurantes de Caracas, o Bogotá, o en otras ciudades de ambos lados de la frontera, ofrecían arepas, solo en algunos, muy pocos que se caracterizaban por ofrecer comidas criollas, en los que servían una especie de miniarepas fritas como entrada. Esto se debía, en mi opinión, a que la arepa, a pesar de su popularidad, no era vista como una comida gourmet, que era lo que la mayoría de la gente iba a buscar en los restaurantes. Sino que era eso, la comida del trabajador que salía de madrugada de su humilde vivienda con su arepa rellena como vianda. Como prueba de este fenómeno, puedo señalar un hecho curioso reseñado por Américo Fernández, el cronista de Ciudad Bolívar, quien nos relata en su blog, que en 1985 la producción del maíz en el Estado Bolívar alcanzó casi unos 100 millones de kilogramos, lo que llevó al gobernador de ese momento a promulgar un decreto que obligaba a los restaurantes locales a ofrecer arepas en su menú para evitar que este excedente de maíz se perdiera, medida que generó protestas del gremio de importadores de harina de trigo, los históricos enemigos de la arepa. Pero eso igual, es otro tema. Además de todas estas referencias históricas que nos hablan de la venezolanidad de la arepa, hay un hecho que no he visto reseñado y que me recuerda a nuestra querida Connie Méndez cuando dice en una de sus canciones que en el mundo se comenta que Venezuela habla cantando. Palabras que nunca han sido más ciertas que ahora, porque de la misma manera, nosotros, junto a la música, llevamos una arepa entre pecho y espalda. Ya que en Venezuela, cuando un bebé se le comienzan a dar alimentos sólidos, uno de esos primeros alimentos que se le suele ofrecer es un pedacito del corazón de la arepa que se están comiendo su mamá o su papá, quienes muchas veces enfrían ese pedacito de corazón de arepa, soplándolo pegado a sus labios o remojándolo en su café con leche o en su guarapa. Por eso vemos que hoy en día la mayoría de las personas que promueven en el extranjero las bondades de la arepa son de Venezuela, quienes escriben libros infantiles sobre la arepa y quienes se dan a conocer como expertas arepólogas o expertos en la materia, son también venezolanos. Quienes montan areperas en cualquier lugar del planeta son de Venezuela, porque donde hay una venezolana o un venezolano, hay arepas, ya sea en Tokio, Vancouver, la Valeta, Sydney, Yamanau, donde sea. Quienes mapean areperas en el mundo, son un grupo de venezolanos locos por las arepas y también son de Venezuela, quienes han promovido la celebración del Día Mundial de la Arepa. Lo cierto es que a medida de que la diáspora venezolana ha crecido, la arepa se ha ido convirtiendo en un emblema gastronómico de Venezuela, reconocido internacionalmente. Por lo que podemos afirmar que hoy en día la arepa es embajadora de Venezuela. Hasta el CNN Travel la reconoció como el mejor desayuno del mundo, y creo que esta fama que ha conseguido la arepa venezolana en el exterior, ha picado un poco a la gente en Colombia y por supuesto, le ha echado candela a esta polémica. Pero ahora veamos qué pasa con la yaca, por qué cuando algunas personas dicen que es un tamal, otras se molestan como si se tratara de una ofensa. Como señalé al inicio de este video, esta polémica no es nada nueva, y para mí, su origen tiene mucho que ver con ese deseo de ciertos sectores de la sociedad venezolana, de blanquear nuestra cultura, sobrevalorando siempre los aportes de la cultura europea y ninguneando los aportes de las culturas indígenas y africanas. De allí es interés en diferenciar a la yaca de los platos de origen indígena que en América reciben la denominación genérica de tamal. Una palabra de origen Náhuatl, que también fue incluida en el vocabulario del español hace muchos años, de la misma manera que ocurrió con las palabras maíz, tortilla o arepa, como ya hicimos referencia. En Venezuela, a inicios de la conquista y colonización, que no les resultó nada fácil, también los cronistas llamaron tamal a estas preparaciones que los indígenas envolvían en hojas de bijao generalmente. Estas hojas, las hojas de la calathea lutea, como se le conoce científicamente, que reciben entre sus tantos nombres populares cachibu de Caracas, y que se fueron sustituyendo paulatinamente por las de plátano o banano o cambur, como le decimos en Venezuela, porque estas resultaban o resultan más fáciles de conseguir y son más grandes. Me consta, además, que en muchos lugares en Venezuela y países vecinos, estos tamales de origen indígena se siguen preparando con estas hojas de bijao, porque yo misma he visto recoger y preparar dichas hojas para hacer las hallacas en Barlovento, las cuales, junto al hecho de que su cocción se hace en fogones de leña, les da un aroma y un sabor muy especial, aunque su relleno es mucho más sencillo que que las hallacas que solemos conocer, y generalmente son todas de productos locales, criados o cultivados por la familia, sin frutos ni especias extranjeras, pero son realmente exquisitas. Por mi parte, yo siempre pensé que el uso de estas hojas y del onoto no eran, como nada es casual, imaginé que alguna propiedad deberían tener como conservantes para que se usaran en la preparación de un plato que se hace especialmente para ser consumido durante varios días de fiesta.

[37:07]Ya que lo ideal es que durante esos días de fiesta, las mujeres no tengan que estar en la cocina, pero nunca encontré ninguna información valiosa hasta que recientemente me topé con un video que les dejo aquí en la descripción sobre la investigación de una joven colombiana que ha demostrado que las hojas de bijao tienen propiedades antifungicidas y antibacterianas. Al parecer, el onoto o achiote, ese ese elemento de color rojo, esas semillas de color rojo que usamos como colorante y aromatizantes, también tiene entre sus muchas propiedades alimenticias una condición antibacteriana. Por lo tanto, ambos elementos, tanto las hojas como el colorante, son de alguna manera conservantes naturales. Por otra parte, recordemos que la palabra yaca de origen Tupi, significa en algunas de sus acepciones bojo y en otras cesta. Y que esta denominación se popularizó en todo el país como resultado de esa polémica a la que hice antes referencia, que al parecer iniciaron un grupo de intelectuales venezolanos a mediados del siglo XIX. Sin embargo, esto de llamar hallacas a ese tipo de preparación de origen milenario, muy anterior a la presencia de los europeos en el continente americano, no se impuso de la misma manera en toda Venezuela. Porque, por ejemplo, en las islas de Margarita y Coche, hasta hace poco tiempo, era común que se le llamara pasteles de maíz, tal como la atestiguan algunos cronistas contemporáneos. Pasteles tan antiguos como los mismos guaikerí, pasteles que por supuesto, no incluyen en su relleno o no incluían adornos como las uvas pasas, alcaparras, aceitunas y otros encurtidos en salmuera o vinagre. Algunos historiadores, además, han llegado a desconocer el origen Tupi de esta palabra, afirmando que en Venezuela no se habló ese idioma indígena. No hablamos taino, pero decimos canoa o bohío, tampoco hablamos Tupi, pero decimos yaca, no hablamos inglés, pero decimos okay. El tupi guaraní es una macrofamilia lingüística que dio origen a muchos idiomas que hoy se hablan en la Amazonía y el Orinoco, y de la que hemos tomado como propias palabras tales como piraña, tapir o jaguar, jaguar de yaguareté, entre otras. Gracias a esos intercambios culturales y comerciales que desde siempre han existido entre los pueblos indígenas, sino cómo explicar que el maíz y otras plantas como el chile, el ají, la papa o todos estos, siendo originarios de diferentes países, se convirtieran en cultivos en todo el continente y fueran base del alimento de las sociedades indoamericanas. Lamentablemente, en Venezuela, está muy asumida la idea de que los indígenas han contribuido muy poco a la historia de la nación, olvidando o desconociendo sus aportes, no solo en la gastronomía, sino en muchos ámbitos de nuestra cultura. Y la idea de que la yaca es producto del mestizaje, es prueba de ello. Como contrapartida, puedo señalar que cuando se habla de la dieta mediterránea, a nadie se le ocurre mencionar la palabra mestiza para referirse a ella, aunque en algunas oportunidades se incluyan entre sus componentes a los tomates, pimientos, ají y a veces hasta las mismas papas, con la que se elabora la famosa tortilla española. Ingredientes, todos estos, o alimentos, todos estos de origen americano, tampoco son llamados mestizos los españoles con ascendencia árabe, gitana, africana o americana. Solo nosotros en América, nos conocemos o reconocemos como mestizos para denotar que tenemos algo de blancos, europeos. Lo mismo pasa con la gastronomía, con ese intención de blanquear la yaca, que surgió a finales del siglo XIX, no por casualidad en el afrancesamiento de la sociedad venezolana estaba en su apogeo.

[41:24]Los lingüistas nacionales se abocaron a librar una descomunal batalla para convencer a los señores de la Academia Española que incluyeran en su diccionario el consabido vocablo. Su objetivo era, como he mencionado, contar con una prueba de autoridad en este proceso de blanqueo, prueba que les permitiera diferenciar, distanciar a la yaca de las preparaciones de origen indígena, conocidas como tamales. Según palabras de Julián Padrón en su maravilloso artículo, la yaca, pastel venezolano de Navidad, publicado en 1952 en la revista Shell, que él mismo dirigía, estos intelectuales venezolanos, primero glosaron la palabra.

[42:07]Después hicieron estudios de filología comparada para determinar su origen, llegando a polemizar si procedía de lenguas indígenas o del árabe, y la sometieron a consideración de la Academia hasta que esta, después de algún tiempo, además de limpiar, fijar y bruñir la propuesta, incluyeran la palabra hallaca en la edición decimotercera del diccionario correspondiente al año 1899.

[42:33]Eso sí, hallaca con y. Padrón, que a mi entender compartía este criterio de blanquear la yaca, se apoyaba en el trabajo de Fermín Vélez Boza, académico y nutricionista venezolano de mucho valor y de gran importancia en esa época para el país, que entre otros, defendía la condición mestiza de la yaca y que además no reconocía a los pueblos indígenas como agricultores. Siguiendo a Padrón, el Dr. Ángel Rosenblat, filólogo de origen polaco, estudioso del tema y director del Instituto de Filología Andrés Bello de la Universidad Central de Venezuela, resume el origen del vocablo de la siguiente manera. La palabra tradicional que designa el pastel de masa de maíz con su guiso de carne, de condimentos y sus adornos de aceitunas, alcaparras, pasas, almendras, huevos, etcétera, es tamal de procedencia azteca. Esta voz tamal llegó también a Venezuela y seguramente fue general en todo el país con las variantes tamar o tamare. Más tardíamente, empieza a llamarse hallaca, al principio, sin duda, humorísticamente, dice Rosenblat, porque hallaca era una voz indígena que significaba bojo o atado. Como se observa en un documento de 1608 sobre la historia de las encomiendas, y que reza: Tres hallacas de sal grande. Esta designación humorística o despectiva del tamal se fue generalizando hasta el punto de que la palabra tamar o tamare ha quedado relegada hoy a algunas regiones periféricas del país.

[44:20]La voz tamal aparece ya en los primeros cronistas, desde el Padre Sahagún, y se difundió por casi toda América, hasta el Perú y Chile. Claro que el tamal no es igual en todos los países, cada uno ha generalizado un tipo especial según las preferencias nacionales. En cambio, hallaca es voz exclusivamente de Venezuela y no la hemos encontrado en los antiguos cronistas. Fin de la cita del Dr. Rosenblat. Quizás fue Don Julio Calcaño, quien primero planteó el problema filológico de la palabra hallaca, que luego recogió en su obra el castellano de Venezuela, publicado en 1897. Uno de los más fuertes argumentos contra la ortografía del vocablo consagrada por el uso es que al parecer, los idiomas indígenas no tenían el sonido el y este fue quizás lo que guio a la Academia Española en su decisión de adoptar la y al momento de incorporar la palabra hallaca en su diccionario. Pero posteriormente, filólogos como Don Tulio Febres Cordero, Gonzalo Picón Febres, Lisandro Alvarado o Silva Uscátegui y otros escritores venezolanos continuaron escribiendo hallaca con él y insistiendo hasta lograr que se aceptara esta forma de escribirla y así aparece hoy en el famoso diccionario.

[46:05]Y mientras los escritores venezolanos continuaron, como ya dije, escribiendo hallaca con él y, el Dr. Adolfo Hertz, en un artículo publicado el 31 de diciembre de 1895 en la Opinión Nacional, expresaba sus dudas entre hallaca o hallaca con y, confesando que a pesar de que la primera de estas formas es hoy la generalmente usada, parece que sería más exacta la segunda, por estar en mejor armonía con su origen etimológico Tupi-guaraní.

[46:39]La definición adoptada por la Real Academia fue también motivo de disgusto entre los lingüistas nacionales. El diccionario definió hallaca como pastel de harina de maíz y aquí volvió al retroya, porque desde los más afamados filólogos venezolanos hasta la más humilde de las cocineras nacionales, sabía que no se trataba de ninguna harina, sino de la masa de maíz. Al punto, los filólogos ya mencionados como Febres Cordero en su cocina criolla, publicada en 1899 en Mérida, y otros, salieron a corregir a la Academia y a burlarse un poco de la ignorancia de los señores académicos españoles.

[47:19]Aunque en los años su siguiente, esta polémica perdió fuerza, a mediados del siglo XX, un grupo de intelectuales venezolanos, todos hombres, que seguro ninguno de ellos jamás en su vida había cocinado una yaca, con el mismo afán de desconocer el origen indígena de la yaca, difundieron la idea de que era producto del mestizaje, un plato de origen colonial, llegando a desconocer su parentesco con otros platos muy parecidos que existen en la región y que se conocen, como ya he dicho, como tamales. Esta idea caló tan profundamente en mucha gente que hasta yo misma me lo creí. Aunque eso de que su relleno, originalmente, eran sobras que recogía la servidumbre, realmente me incomodó. Hasta que un día tuve la oportunidad de ver a un grupo de mujeres mayas en un remoto pueblo de Guatemala, donde ni siquiera se hablaba español, preparando tamales de la misma manera, con el mismo cuidado y devoción, que había visto hacerlo en mi familia. Reconocí en ellas los gestos de mi abuela al colocar el guiso, al doblar las hojas, el tipo de amarre, el mismo orgullo al ofrecerlos y me dije qué mentira tan grande la que nos han contado.

Need another transcript?

Paste any YouTube URL to get a clean transcript in seconds.

Get a Transcript