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La VERDAD de los "HÉROES de la REVOLUCIÓN MEXICANA" Traición, Poder y Muerte.

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[0:01]La Revolución Mexicana es uno de los hechos más importantes de nuestra historia porque de ahí parte la Constitución del Estado Mexicano como lo conocemos actualmente.

[0:13]Su constitución política y el origen de muchas de sus instituciones, pero también fue un evento que llenó de muertes al país, que sacó a relucir el lado más oscuro de los llamados héroes y caudillos de la Revolución. A costa de sangre y terquedad se dio el inicio de la incansable pelea por el poder. Archivos mortales presenta, traiciones de la revolución mexicana. Entre las causas que provocaron el inicio de la Revolución Mexicana, estuvieron la permanencia de Porfirio Díaz en el poder durante 30 años. En 1876, Díaz asumió el poder y durante los siguientes años, México logró lo que no tenía desde la independencia, paz y continuidad gubernamental. Esto permitió atraer inversiones, modernizar el país y disminuir levantamientos armados. Bajo su régimen impulsó los ferrocarriles, telégrafos, telefonía, energía eléctrica en las ciudades, puertos, aduanas, carreteras, modernización bancaria y financiera. Sin embargo, esto resultó en la concentración del poder económico y político en una pequeña élite privilegiada. Mientras que la mayor parte de la población vivía en la pobreza extrema, trabajando largas jornadas para ganar sueldos miserables, bajo un régimen autoritario, carente de respeto por la dignidad y la vida humana. En medio de estas convulsiones sociales, emergió la figura de Francisco y Madero, quien ya exigía elecciones democráticas y justas. En octubre de 1908, Madero publicó el libro La sucesión presidencial de 1910. Criticando al presidente Porfirio Díaz, quien llevaba 30 años en el poder, por lo cual exigía elecciones libres, libertad de expresión y de asociación. En 1909, Madero fundó el Partido Nacional Antirreeleccionista, bajo el lema Sufragio efectivo no reelección, para participar en las elecciones presidenciales de México. Sin embargo, un ambiente turbio dominó el escenario político, dividiendo a la sociedad entre partidarios del dictador y quienes estaban a favor de Madero. Porfirio Díaz había declarado que ya no participaría en las elecciones de 1910, dando la oportunidad a quien tuviese el valor de postularse y llevar las riendas del país. Pero al saber que su único contrincante era Madero y con el antecedente de haberse entrevistado con él y haber decidido que no era el indicado, decidió mantener su postulación. En pleno proceso electoral, Madero fue detenido en Monterrey y acusado de sedición. Lo enviaron a la cárcel de San Luis Potosí, desde donde ya no pudo hacer campaña. Su ausencia dejaba el camino libre para Díaz. Poco tiempo después, Madero logró escapar para refugiarse en San Antonio, Texas, desde donde hizo el llamado a la rebelión a través del Plan de San Luis, financiado por el gobierno estadounidense. En ese documento, Madero declaró nulas las elecciones de aquel año. Se reconocía como presidente provisional y jefe de la revolución, pugnando por mejores condiciones sociales para los indígenas y obreros de México. Y llamaba a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910. A pesar de que el llamado fue enérgico, la llamada revolución no inició justo en la fecha mencionada. Fue hasta el mes de diciembre y enero que hubo algunos pequeños levantamientos en diferentes partes del país. Al mismo tiempo, Madero reclutaba a Pancho Villa y Pascual Orozco, que en ese momento ya eran conocidos por ser mercenarios, contrabandistas y con un historial largo de delitos. Y aquí inician los enfrentamientos y la lucha por derrocar a Porfirio Díaz.

[4:30]Francisco Villa y Pascual Orozco toman Ciudad Juárez, y en ese instante, Porfirio Díaz decide renunciar formalmente ante el Congreso el 30 de mayo de 1911, exiliándose en Francia. Una vez, sin Porfirio Díaz en el poder, Francisco León de la Barra asume el cargo como presidente interino y convoca elecciones, en las que Madero gana la presidencia, toma el poder en noviembre de 1911. Durante el Plan de San Luis, uno de los protagónicos de la revolución es Emiliano Zapata, quien se une a Madero para el derrocamiento de Porfirio Díaz. Pero una vez ganando Madero y tomando el poder, Emiliano Zapata lo desconoce, ya que Madero se niega a apoyar y arreglar el problema agrario que Zapata tenía en el sur. Otro de los aliados importantes de Madero, era Pascual Orozco, que al igual que Zapata, desconoce a Madero al incumplir los acuerdos para que él se convirtiera en Ministro de Guerra. Ya que Madero había sobrenegociado muchos de los puestos que había prometido a los impulsadores de su movimiento, siendo que la mayoría de estos puestos se los entregó a gran parte de su familia. Madero mantiene su gobierno durante 15 meses hasta febrero de 1913, en la llamada Decena Trágica, la cual fue encabezada por Manuel Mondragón, Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, y Bernardo Reyes. Conspiran junto a Victoriano Huerta y el embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, para acabar con Madero. Victoriano Huerta era el general de máxima confianza de Madero y el encargado de mitigar la rebelión que estaba en su contra. Huerta le juraba lealtad a Madero, diciendo que daría la vida por su presidente, pero al final termina traicionándolo. La encomienda era acabar con Madero y colocar a Félix Díaz en la presidencia. Mientras esto sucedía, Henry Lane Wilson, embajador norteamericano, presiona a todo el cuerpo diplomático para desconocer a Madero. Finalmente, Huerta termina con la vida de Madero el 22 de febrero de 1913, cuando Madero y Pino Suárez fueron sacados de Palacio Nacional y llevados hacia la Penitenciaría de Lecumberri, donde fueron victimados antes de ingresar. Una vez que Francisco I Madero estaba muerto, Victoriano Huerta traicionó a Félix Díaz y al embajador norteamericano, haciéndose del poder. Ahora que el poder está en manos de Huerta, con el cinismo de quien cree haber ganado, hace del Estado un total caos. Huerta se mantenía alcoholizado la mayor parte del tiempo, hacía nombramientos militares como si repartiera un botín de guerra, pero el crimen contra Madero lo perseguiría como un fantasma. El 26 de marzo de 1913, en respuesta al golpe de estado de Victoriano Huerta, apareció Venustiano Carranza, quien había sido senador por Coahuila durante el Porfiriato y se había sumado a la causa de Madero. Carranza desconoció el gobierno de Huerta, formó el ejército constitucionalista y estableció el objetivo de restaurar el orden constitucional a través de la lucha armada. De esta manera, en julio de 1914, Victoriano Huerta fue obligado a renunciar, ya que el levantamiento de armas lo había sobrepasado. Tanto Pancho Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón buscaban derrocar su gobierno en un intento por vengar la supuesta muerte de Madero. En el verano de 1914, Pancho Villa toma Zacatecas, al mismo tiempo que Victoriano Huerta huye a Europa. Huerta, tiempo después, intentó regresar desde Estados Unidos para formar un nuevo ejército, pero fue arrestado por las autoridades estadounidenses en 1915 y ahí, en una prisión de El Paso, Texas, se acabó su historia. Ahora, quien asume la presidencia después del exilio de Huerta es Venustiano Carranza. Se pensaba que el país entraría en calma y regresaría a la estabilidad, pero fue todo lo contrario.

[9:07]El carácter y autoritarismo de Carranza hizo que más de uno de sus aliados lo desconociera. Pancho Villa lo llamaba traidor, Zapata lo acusaba de ser peor que Porfirio Díaz. Obregón, su propio general estrella, lo veía como un obstáculo. Carranza era una figura incómoda, era terco, cerrado, un hombre con un concepto aristocrático del poder. Entró en conflicto con Emiliano Zapata y Pancho Villa, quienes tenían demandas sociales y agrarias más definidas que el público comprendía fácilmente. Zapata consideraba que la revolución no se estaba cumpliendo bajo el gobierno de Carranza y por eso el Ejército Libertador del Sur se mantuvo en guerra contra él. Una de las principales razones de su conflicto fue la falta del cumplimiento del Plan de Ayala por parte del gobierno carrancista que demandaba la reforma agraria. Zapata se había vuelto una piedra en el zapato, motivo por el cual Carranza ordenó que se eliminara. Para esto, el coronel Jesús Guajardo fingió su traición al gobierno de Carranza para poder ganarse la confianza de Zapata, inclusive acabó con algunos de sus propios hombres para reforzar y garantizar una unión de ejército y causas con Emiliano Zapata. Con mentiras de promesas de armas y apoyo, el coronel Jesús Guajardo citó a Zapata en la hacienda de Chinameca el 10 de abril de 1919. Esto para realizar una negociación y pactar acuerdos que ayudarían a Zapata a derrocar al gobierno de Carranza. Pero cuando Zapata cruzó la entrada de la hacienda, los hombres escondidos de Guajardo abrieron fuego. En segundos, el General del pueblo fue abatido. Ante esto, Álvaro Obregón consideraba que la traición en Chinameca dañaba la credibilidad del gobierno carrancista. Sabía que la muerte de Zapata encendería el sur y afectaría la estabilidad política. Entendía que el asesinato convertiría a Zapata en mártir, fortaleciendo su causa en lugar de extinguirla. Obregón no defendía a Zapata como aliado, pero criticó la torpeza política con la que Carranza gestionó su eliminación. En 1919, Carranza decide imponer a Ignacio Bonillas como su sucesor y el 28 de julio de 1919, Álvaro Obregón renuncia a su cargo y anuncia públicamente su intención de competir por la presidencia en 1920. Carranza lo ve como una traición y temiendo perder el control, comienza una campaña de persecución, censura y vigilancia. Ordena cerrar periódicos, interceptar cartas e infiltrar espías. En Sonora, los generales Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Benjamín Hill, con el respaldo silencioso de Obregón, lanzan el Plan de Agua Prieta. Desconocen el gobierno de Carranza, declaran ilegítima la imposición de Bonillas. Miles de soldados se rebelan en cuestión de días. Carranza ordenó trasladar su gobierno a Veracruz con documentos, oro, armas, funcionarios y hasta su secretario particular. Parecía una retirada organizada, pero era el inicio de una fuga desesperada. Finalmente, el 21 de mayo de 1920, Carranza fue eliminado en Tlaxcalantongo, Puebla, durante una emboscada en plena madrugada mientras intentaba huir hacia Veracruz. Un grupo de hombres armados, liderados por Rodolfo Herrero, atacó la choza donde descansaba, poniendo fin a su vida. La conspiración fue ordenada por Plutarco Elías Calles, con el aval de Álvaro Obregón. Cuando le preguntaron a Obregón si él y los sonorenses habían ordenado la muerte de Carranza, respondió con su estilo seco e irónico. Carranza murió víctima de su propia terquedad. Tras la muerte de Carranza, Adolfo de la Huerta asumió como presidente interino. Era el camino perfecto para que Obregón regresara a la escena como el salvador de la patria. Meses después, gana las elecciones sin oposición real.

[13:48]Ahora, de los iniciadores de la Revolución desde 1910, solo quedaba Pancho Villa. Pancho Villa vivía retirado en su hacienda de Canutillo, pero su nombre seguía siendo un temblor para la política mexicana. Para Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, ese fantasma era suficiente para romper la calma. Villa todavía tenía seguidores, prestigio militar y un poder simbólico capaz de inclinar elecciones, levantar pueblos y desafiar gobiernos. Su sola presencia amenazaba la sucesión presidencial que Obregón estaba preparando para Calles. En 1923, Villa se convirtió en un riesgo que no podían permitirse. Por eso lo vigilaron en silencio y cuando surgió la oportunidad, permitieron que sus propios aliados locales ejecutaran el golpe. El 20 de julio de 1923, Pancho Villa fue emboscado en su automóvil en Hidalgo del Parral, Chihuahua. Ocho hombres lo esperaron ocultos y cuando su Ford pasó sobre la calle Gabino Barreda, abrieron fuego. Villa murió al instante, junto con varios de sus acompañantes. Tras la muerte de Villa, ya no existen grandes caudillos que amenacen al poder federal. Esto deja el camino libre para que las dos figuras principales del país sean Álvaro Obregón, presidente, Plutarco Elías Calles, secretario de gobernación y operador político. Pero Obregón percibe que Calles ya no solo ejecuta órdenes, sino que forma su propio bloque político. Ambos entienden que la estabilidad del régimen depende de su alianza, pero también que cada uno quiere controlar la sucesión. Cuando Calles asume el poder, ocurre la tensión clave. Obregón espera seguir influyendo en el gobierno desde fuera. Calles pretende ejercer su propia autoridad presidencial. México ya no tenía caudillos, pero sí dos líderes peleando por ser el jefe máximo. Calles empieza su propia institución, crea el Banco de México, impone disciplina fiscal, controla militares rebeldes, fortalece el poder presidencial sobre los Estados. Radicaliza las leyes anticlericales, hundiendo al país en un conflicto gigantesco. Obregón piensa que Calles está llevando su ideología demasiado lejos y que podría desestabilizar al país entero. Más de 20 levantamientos ocurren en el país. Los militares están molestos con Calles por limitar su poder. Calles piensa que Obregón alienta en secreto a algunos generales. La desconfianza se vuelve grande. Obregón ya había sido presidente, otorgó el poder a Calles y posteriormente, el conflicto estalló con un solo hecho: Obregón quería volver a ser presidente. Plutarco Elías Calles sabía que el regreso de Álvaro Obregón a la presidencia significaría que él se volvería una sombra y que podría desmantelar su red de poder que ya había logrado. Álvaro Obregón, por su parte, confiaba en su popularidad, en su base militar y en la idea de que solo él podía evitar que México cayera de nuevo en guerras internas. El primero de julio de 1928, tras una campaña corta, pero arrolladora, Álvaro Obregón ganó de nuevo la presidencia de México. El país entendió que el viejo caudillo volvía a imponer orden para crear un ciclo que él mismo había abierto años atrás. Los festejos fueron discretos, pero la certeza era absoluta. Álvaro Obregón regresaba la presidencia de México por segunda vez, pero esta emoción duró muy poco. Apenas 16 días después, el 17 de julio de 1928, mientras celebraba un banquete en el restaurante La Bombilla, entre felicitaciones, discursos y música, un hombre se acercó con un cuaderno para dibujarlo. El hombre era José de León Toral. En un instante, entre el ruido y el aplauso, se escucharon los disparos. Obregón cayó sin siquiera alcanzar a reaccionar. Había ganado la presidencia y dos semanas más tarde estaba muerto.

[18:38]Toral no fue el único que disparó, sino el único que quedó a la vista, un fanático útil, un culpable perfecto. La muerte de Obregón había sido una operación premeditada. Existían varios tiradores ocultos entre los invitados, coordinados para asegurar que Obregón no saliera vivo del restaurante. Calles tomó el control absoluto tras la muerte de Obregón, dirigió la investigación, silenció líneas profundas, impulsó al sucesor y, sobre todo, se convirtió en el hombre más poderoso del país sin ocupar la presidencia. Plutarco Elías Calles había acabado con Álvaro Obregón.

[19:26]La Revolución Mexicana prometió justicia, democracia y un país nuevo. Pero cuando el polvo se asentó, lo que quedó atrás no fueron héroes intactos, sino el rastro de sus propias sombras, muertes, traiciones y ambiciones tan grandes que terminaron por devorarse entre sí. Francisco I Madero fue traicionado y asesinado a manos de Victoriano Huerta. Emiliano Zapata murió traicionado por órdenes de Venustiano Carranza. Después, Venustiano Carranza muere por órdenes de Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón. Luego, Pancho Villa muere en una emboscada ordenada por Álvaro Obregón y finalmente, Álvaro Obregón muere por la traición de Plutarco Elías Calles. Estas no solo fueron muertes, fueron las facturas del poder, cobradas una tras otra. Como si la revolución no hubiera terminado, sino que siguiera peleándose en cada mesa, en cada despacho y en cada pacto roto. Los caudillos soñaron con un México distinto, pero muchos terminaron repitiendo los mismos vicios contra los que lucharon. La desconfianza, el autoritarismo, la sed de control, la obsesión por decidir el destino del país desde un solo escritorio. Esa cadena de traiciones dejó una marca en México, porque el poder, una vez probado, deja hambre. Y esa hambre se heredó de generales a políticos, de cuarteles a oficinas, de caudillos a partidos. La revolución terminó construyendo instituciones, pero también dejó un reflejo oscuro que aún se siente. La lucha silenciosa por controlar al país desde las sombras, las alianzas que se rompen cuando ya no convienen, las historias oficiales que se esconden más de lo que se explican. Al final, la revolución nos dio patria, pero también nos dejó una advertencia. El verdadero peligro está sentado junto a ti. A más de un siglo, México sigue viviendo entre los ecos de aquella pelea. Los nombres cambiaron, las armas se guardaron, pero la ambición, esa sigue viva, moviendo piezas, decidiendo destinos, recordándonos que la historia no siempre avanza. A veces, solo da vueltas sobre el mismo círculo del poder que empezó hace más de 100 años.

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