[0:00]Pasó de ser un padre y esposo feliz a quedarse sin nada, tener que dormir en un baño público, en albergues y hasta vender su sangre para subsistir. Todo esto mientras cuida de su pequeño hijo y trata de luchar para poder seguir a flote y darse tanto a él como a su hijo un mejor futuro. Pero cómo un hombre con una vida normal y relativamente estable puede terminar en situación de calle? Chris Gardner y su esposa Linda eran una pareja feliz. Hace unos años, él gastó los ahorros de toda su vida en unas costosas y pesadas máquinas médicas pensando que sería una buena inversión. Al inicio le fue bien, pero poco a poco las ventas empezaron a bajar y las cosas se fueron complicando cada vez más. Trabaja por cuenta propia, así que no tiene un salario fijo, por lo que si no vende, no gana ni un solo centavo. Y justamente eso ha estado pasando, últimamente ningún médico quiere comprar máquinas, por lo que sus problemas económicos han aumentado. No tiene cómo pagar las multas de su vehículo, así que se lo terminan confiscando. Debe ya casi tres meses de renta y su esposa se metió a trabajar a una lavandería doblando turnos para poder conseguir algo de dinero extra y así poder subsistir. En su hogar las tensiones con su pareja aumentan cada vez más. Las peleas, insultos y humillaciones son cada vez más frecuentes, en especial por parte de Linda hacia Chris, ya que viven en un estrés económico constante y su pequeño hijo lo nota. Este niño no pasa mucho tiempo con sus padres, ya que ambos trabajan, por lo que Chris todos los días lo lleva a una guardería donde no aprende nada y solo ven la tele. Chris trata de hablar con la dueña del lugar, pero esta le dice que por el precio que paga no puede exigir mucho. Por ahora, esta familia tiene carencias, pero pueden seguir a flote. No obstante, el destino que les espera es lo peor que muchos podemos imaginar. Un día conoce a una persona que le está por cambiar la vida, ve que un hombre se baja de un brillante Ferrari rojo. Esto le llama mucho la atención a Chris, así que se le acerca a preguntar dos cosas, qué haces y cómo lo haces. El dueño del Ferrari le dice que es corredor de bolsa, que no se necesita una carrera universitaria y solo se necesita ser bueno con los números y con las personas. Le regala una sonrisa y entra al edificio. Chris voltea a ver a su alrededor, se percata de que hay muchas personas felices y él quiere sentirse así. Ese pequeño momento fue suficiente para que Garner se motivara a cambiar su situación económica. Justamente están contratando, así que irá a pedir información. Al día siguiente se levanta temprano, se ducha y le comenta a su esposa que va a ir a conseguir un trabajo como corredor de bolsa. Sin embargo, Linda en lugar de alegrarse por él, estalla y empieza a burlarse, ridiculizando su idea. El hombre le dice que lo está haciendo por ella y por su hijo, pero la mujer solo lo critica y le dice que deje de soñar tonterías. Esta relación pronto llegará a un punto intolerable para ambos, lo que tendrá enormes consecuencias. ¿Pero por qué su pareja es así con Chris a pesar de que él solo intenta ayudar? Bueno, como muchos lo hemos experimentado, las dificultades económicas son una gran fuente de estrés para las parejas. Por algo existe este dicho de cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana. Este estrés puede manifestarse como irritabilidad o frustración, pero el caso de estos dos es mucho más profundo que eso. Tal vez Linda está desplazando su estrés y frustraciones de la situación hacia su marido, ya que siente que su vida y la de su hijo están en juego por culpa de Chris, por su mala toma de decisiones comprando esas máquinas. Le echa la culpa por todo cuando en realidad él solo estaba intentando mejorar la calidad de vida de su familia. El comportamiento de Linda no es más que una manifestación del miedo y la angustia que ella siente. Así que en lugar de comunicarse asertivamente, atacar el problema y ver cómo se ayudan mutuamente para salir adelante, simplemente discuten y se critican. Pero las cosas entre ellos dos se van a poner mucho peor. Chris deja de lado sus comentarios hirientes, se cambia y va al departamento de recursos humanos a pedir más información. No obstante, para no entrar con su estorbosa máquina, se la deja encargada a una chica que estaba pidiendo dinero en la calle y le dice que se la cuide. Un grave error. Entra a la oficina, el de recursos humanos lo saluda y le entrega una solicitud. Le explica que están haciendo pasantías para seleccionar al mejor candidato, pero en eso Chris se da cuenta de que la chica está huyendo con su máquina. El hombre sale corriendo y persigue a la mujer por toda la ciudad. La chica baja hasta el metro, logra meterse en el vagón y Chris no logra alcanzarla. Humillado y frustrado, regresa a su casa, mira la solicitud de trabajo y se da cuenta de que el programa al que quiere entrar solo acepta a 20 participantes cada 6 meses. De estos 20, solo uno logra quedarse con el empleo. A la mañana siguiente desayuna con su hijo mientras ven las noticias. Acaba de salir un juguete llamado Cubo Rubik, un rompecabezas muy complejo que nadie había podido resolver. Terminan, Chris deja a su hijo en la escuela y regresa a las oficinas a dejar su solicitud. Pero esta vez se la entrega directamente al supervisor de recursos humanos. Sin embargo, este está sumamente apurado y no le hace mucho caso, lo que lo decepciona bastante. Sin embargo, este es un hombre determinado que hará cualquier cosa para mejorar su vida y la de su hijo y encontrar la tranciada felicidad que tanto anhela. Cuando sale del edificio, ve a lo lejos a un hombre y a la mujer que le robó su máquina. Les grita y corre para alcanzarlos. Lo hace con todas sus fuerzas, ya que perder una de esas máquinas es equivalente a perder la comida de todo un mes. Logra perseguirlos hasta un camión y finalmente les quita el pesado aparato. Recuperar esta máquina son buenas noticias para Chris, pero no tanto para su esposa. Se supone que las tiene que vender, pero esta vez llegó a su casa con dos. Al ver esto, Linda siente una profunda desesperación. A pesar de las carencias, Chris hace lo posible para regalarle una pelota a su hijo por su cumpleaños. No tiene mucho, pero lo poco que tiene lo ocupa para hacer feliz a su pequeño. No obstante, Linda sabe que las deudas los están ahogando. La mujer sale a desestresarse un poco, Chris intenta hablar con ella, pero la chica solo muestra patía. Le echa toda la culpa a la situación, cuando en realidad Chris está esforzándose por tener una buena actitud, estar bien con su hijo y vender las máquinas, pero simplemente no se venden. Sin embargo, Linda no logra apreciar el esfuerzo que hay detrás. Al otro día, Chris intenta volver a hablar con el supervisor de recursos humanos. Lo intercepta cuando está a punto de subir al vehículo y le miente diciéndole que van en la misma dirección. Pero esto solo para que Chris pueda platicar con él. El supervisor no tiene más remedio y acepta compartir, por lo que Gardner sube su pesada máquina al vehículo. En el camino, Chris intenta entablar una conversación para venderse como prospecto para participar en el programa. Pero el supervisor no lo escucha, ya que va concentrado intentando resolver el cubo Rubik. Dice que es imposible, pero Chris le responde que él puede hacerlo y finalmente se lo da. Sabe que si logra hacerlo, puede llamar la atención del director y que por fin se fije en él. Pero tiene que darse prisa, ya que pronto llegará al destino. Chris mueve las manos y poco a poco va armándolo. Tanto el taxista como el director empiezan a prestar más atención. A Chris solo le falta el último nivel, pero el taxi está por llegar al destino, por lo que el hombre se apresura. El taxi llega al destino y se estaciona. Con pocos segundos restantes, Chris da los últimos giros y termina de armarlo por completo. Se lo entrega al supervisor y este queda sumamente impresionado por la inteligencia del hombre, lo que lo coloca en su mapa mental. Se baja del auto y el vehículo sigue avanzando. Sin embargo, hay un ligero problema. El taxímetro sigue subiendo y Chris no sabe si tiene con qué pagarlo. Busca en su cartera y, efectivamente, no le alcanza. Está en una situación donde cada dólar cuenta para poder darle de comer a él y a su hijo un día más, por lo que decide actuar en contra de sus principios. Se baja sin pagar, huye y el conductor empieza a perseguirlo mientras Chris le grita arrepentido, lo siento. Aquí la historia nos presenta un dilema moral. ¿Es Chris un hombre malo, un delincuente y merece ser castigado por robar? Muchos podrían decir que sí, pero si analizamos todo el contexto, nos daremos cuenta de que si bien la elección de no pagar al taxista es objetivamente incorrecta, es el resultado de un conjunto de circunstancias que lo empujan al límite. Y yo te pregunto, ¿castigarías a alguien por robar comida para evitar que sus hijos mueran de hambre? Después de mucho correr, llega hasta el metro, donde al intentar subir, pierde una vez más la máquina. Sin dinero, sin máquina y en medio de la lluvia, le marca a su esposa para asegurarse de que su hijo está con ella. Sin embargo, esta le dice que se va a ir de la casa y se va a llevar al niño. Chris corre lo más rápido que puede, abre la puerta, sube las escaleras, pero cuando llega, ya es demasiado tarde. Su pareja se ha ido con su hijo y con las pocas pertenencias que le quedaban. Pero en eso suena el teléfono, Chris contesta y del otro lado de la línea se encuentra el jefe de recursos humanos, o sea, el hombre con el que habló en el coche. Este le dice que le encantaría conversar con él para que entre al programa y empieza a dictarle el número de su secretaria. El problema es que Chris no tiene forma de escribir, por lo que decide memorizar el número. Se lo dicta, cuelga y sale a buscar un lugar donde anotar. Si lo olvida, desperdiciará la oportunidad más grande que ha tenido hasta entonces de cambiar su vida. Camina hasta una tienda, pero es interrumpido por un amigo. Este lo comienza a distraer hasta que Chris lo calla. Termina de escribir el número que le dictaron y se va. No sin antes recordarle al sujeto que le debe 14 dólares. Quiero que recuerdes bien esto porque será muy importante. Después regresa a su casa a pensar, reflexiona que tal vez la felicidad es algo que solo se persigue, pero nunca se alcanza. Este hombre está perdiendo la esperanza. Al día siguiente encuentra a su pareja y la enfrenta. Esta le dice que se quiere ir de la ciudad y Chris le responde que se largue, pero su hijo se quedará con él. El estrés y las carencias los han roto a ambos y sobre todo han roto su relación. Quizás Linda está culpando a Chris de todo a manera de protegerse emocionalmente a ella misma. Muchas veces reconocer fallos personales en una situación difícil puede ser doloroso y la realidad es que es más fácil culpar a otros. Es más fácil desplazar las frustraciones hacia otras personas que reconocer que, en muchos casos, este tipo de situaciones horribles son el resultado de una combinación de decisiones tomadas por todas las partes involucradas o incluso por factores externos que nunca estuvieron en tu control. En mi opinión, cuando estemos enfrentando un problema con nuestra pareja, creo que es importante recordar que no eres tú contra mí, sino que somos tú y yo como equipo contra el problema. Porque de otro modo, creo que solo terminaremos lanzando comentarios hirientes contra la otra persona y a veces provocando daños irreversibles, como en este caso que estamos viendo. Finalmente la mujer se va y Chris saca a su hijo de la guardería para llevarlo con él a casa. Le prepara algo de cenar y antes de que pueda dar un bocado, alguien toca la puerta. Chris abre y ve que es el arrendador y viene a cobrarle la renta. Chris le dice que si le da una semana más, él mismo pintará el departamento. El señor, un poco molesto, acepta. No obstante, al día siguiente, mientras pintaba su departamento, vuelven a tocar la puerta. Esta vez ya no es el renterro, es la policía. Detienen a Chris por no haber pagado decenas de multas y como no tiene dinero, les firma un cheque. El problema es que tiene que pasar la noche encerrado, dejó a su hijo solo y tiene su importante entrevista de trabajo al día siguiente. Habla con su esposa para encargarle a su hijo y esta acepta. Y después pasa la noche en prisión. Cuando despierta, firma unos papeles y sale corriendo lo más rápido que puede para llegar a su entrevista de trabajo. Llega al edificio y toma el ascensor mientras trata de arreglar un poco su imagen. Aunque esto no sirve de mucho, ya que todavía tiene restos de pintura por todos lados. Sigue a la secretaria a través de las oficinas en las que se encuentran todos los corredores de bolsa, lo que deja a Chris bastante intimidado. Cuando llega, saluda a los socios muy amablemente, pero estos se muestran algo descontentos con su manera de vestir. No obstante, Chris es completamente sincero con todo lo que pasó y después de hacerlo reír un poco, lo aceptan en el programa de 6 meses de aprendizaje. El problema es que durante estos 6 meses no hay ninguna remuneración económica. Simplemente iban a hacer 6 meses de competir contra otras 20 personas por la posibilidad de quedarse con el trabajo. Suena complicado, pero Chris tiene un plan. Para poder subsistir, venderá las seis máquinas de rayos X que le quedan con esperanzas de que al final él quede seleccionado. Pero el camino va a ser sumamente difícil, empezando porque su esposa tiene una muy mala noticia. Se va a ir de la ciudad a buscar otro empleo. Se quiere llevar al niño, pero Gardner habla con ella y le dice que su hijo se tiene que quedar y la mujer acepta. Ahora Chris tiene que hacerse totalmente responsable de su hijo, de vender las máquinas y de aplicarse en los seis meses de prueba. Se muda a un motel cercano para gastar menos dinero en renta, pero su hijo poco a poco empieza a entender que algo no anda bien. Le pregunta por qué ahora viven en un motel y qué le pasó a su madre. Chris le maquilla un poco la verdad diciéndole que es porque consiguió un nuevo empleo y que su mamá simplemente se fue por un pequeño tiempo, pero que pronto volverá a casa. Después le pregunta, ¿confías en mí?, a lo que el niño responde que sí. Gardner logra vender una máquina y con eso sobrevivir un mes más. A su hijo se le antoja un chocolate, pero él mismo se abstiene. A pesar de su corta edad, el niño tiene un ligero entendimiento de la situación económica por la que está atravesando su padre y trata de ayudarlo. Sin embargo, no entienden lo grave que es esto. Chris le dice que tome el chocolate para alegrarle la vida un poco y se van de la tienda. Aparte de vender las máquinas, Chris asiste a los cursos de la empresa en la que quiere ser contratado. Pone atención a todo lo que les dice el encargado y rápidamente entiende que quien se quedará con el único puesto disponible es quien haya vendido más al final de los 6 meses. La competencia es muy complicada debido a que Chris tiene que salir antes de la oficina para recoger a su hijo. Después tomar el metro y después un autobús para por fin poder llegar al motel donde está durmiendo. Y sumado a todo esto, tiene que seguir visitando a los médicos para vender las máquinas y así poder comer. Siente que todos lo subestiman y nadie cree que lo puede lograr. Incluso el mismo encargado de las capacitaciones le está poniendo trabas constantes, lo manda a comprar café, donas y se la pasa pidiéndole favores, pero aún así pone todo su empeño para conseguirlo. Chris es un hombre inteligente, por lo que decide saltarse la lista de clientes pequeños para tratar de venderle a los clientes más grandes. Le marca el primero y corre con suerte. El hombre le dice que lo espera en su casa en 20 minutos para platicar. Sale disparado de la oficina para ir a hacer la visita. Sin embargo, el supervisor lo intercepta y le pide un pequeñísimo favor. Le dice que si puede mover su auto por unas cuadras porque ya no tiene tiempo de hacerlo él. Le deja las llaves y se va. Chris tiene que quedar bien, por lo que mueve el coche, pero esto provoca que llegue tarde a la casa del potencial cliente y pierda la cita. Sin embargo, Chris persiste y va a visitarlo junto con su hijo al día siguiente. El cliente potencial al que van a visitar vive en un vecindario muy caro, ya que tiene muchísimo dinero. Toca la puerta y el cliente le abre. Chris se presenta y le explica lo sucedido para posteriormente pedirle una disculpa por su impuntualidad. La actitud sincera de Will hace que el inversionista confíe en él y los invita a ver el partido. Cuando llegan al lugar, el hijo de Chris se la pasa muy bien y disfruta mucho lo que llena de felicidad a su padre. Ya en el juego, Chris trata de seguir la negociación, pero el inversionista le dice de una manera muy amable que ya no está interesado en invertir y que mejor disfrute el juego. Sin embargo, al final del partido, Chris intercambia números con los amigos que hizo, los cuales sí están interesados en invertir y se vuelven clientes. Lo que le da muchos puntos en su competencia por quedarse con el puesto. Todo parecía ir perfecto, Chris estudiaba, trabajaba, cuidaba de su hijo y finalmente después de 4 meses había logrado vender todas las máquinas que le quedaban. Pero un suceso inesperado está por ponerle fin a todo. Le llega una carta de parte de Hacienda. En esta le informan que como no había pagado impuestos desde hace mucho, el gobierno metió mano en su cuenta y le retiró todo el dinero que debía. Trata de arreglar las cosas, pero ya no hay nada que hacer. Ahora solo le quedan $21 en su cuenta, ninguna máquina que vender y dos bocas que alimentar. Chris Gardner está quebrado. Rápidamente trata de actuar, pero cuando sale de su casa, el rentero le grita de una manera muy agresiva, ya que debe meses de renta, todo esto enfrente de su hijo. Va con el señor de la tienda que le debe dinero a intentar cobrarle, pero este le dice que no le va a pagar y simplemente le cierra la puerta en la cara. Su hijo solo ve toda la situación con los ojos al borde de las lágrimas. Van a un parque a pensar un poco y en eso a lo lejos ven a un indigente con una máquina robada. Va por ella, se la quita al ladrón y se la lleva. En el camino de regreso, la va limpiando un poco para que se vea más presentable. Si logra venderla, podrá pagar la renta y sobrevivir el tiempo justo para que terminen las pruebas de la empresa a la que quiere entrar. Ese mismo día se la va a ofrecer a un médico, pero hay un gran, gran problema. Cuando Chris intenta mostrarle la máquina al médico, se da cuenta de que no funciona. El médico rechaza la compra y a Chris no le queda más remedio que regresar al motel. Pero cuando llega, se da cuenta de algo peor. Cruza el estacionamiento y sube las escaleras y se percata que afuera de su cuarto yacen sus pocas pertenencias. Gardner intenta abrir la puerta, pero esta tiene seguro. A falta de pagos, el dueño del lugar ha decidido dejarlos en la calle. Chris le dice a su hijo que se vayan, pero este por el cansancio y la impotencia intenta abrir la puerta. Su padre le dice que se calme y parten del lugar a buscar un sitio para pasar la noche. El hombre no tiene ni un centavo, por lo que no puede rentar ninguna otra habitación. Así que sin saber muy bien qué hacer, baja al metro de la ciudad. Ya abajo y sin saber qué hacer, empiezan a jugar a que el aparato que vende Chris es una máquina del tiempo. A pesar de estar agotados, los dos se emocionan y el padre empieza a decirle a su hijo que están rodeados de dinosaurios por todos lados, por lo que tienen que buscar un refugio. Así terminan entrando a un baño público, fingiendo que es una cueva donde se refugiarán. Chris aguanta las lágrimas y cuida a su hijo para que este pueda descansar. Y le tapa los oídos para que no escuche que otras personas quieren entrar. Los padres, como Chris en la película, que toma la difícil decisión de maquillarle a sus hijos ciertos aspectos de la realidad, demuestran una forma profunda de amor y valentía. Estos padres hacen sacrificios emocionales muy grandes, a menudo guardando sus propios temores y preocupaciones para sí mismos para no imponer una carga emocional sobre sus hijos. Esto es una forma de valentía que a menudo pasa desapercibida, pero que es esencial para el bienestar psicológico de los niños. Y todos los padres que han pasado por esto podrían sentirse identificados con Chris. Al día siguiente, Chris empaca sus pertenencias en un maletín, le miente a uno de los socios diciendo que está todo bien, pero cuando sale de la oficina, va a buscar un albergue público para poder pasar la noche. En este lugar hay muchísimas más personas en situación de calle esperando poder pasar. Sin embargo, los lugares se terminan y un hombre se mete en la fila, quitándole su lugar a Chris, iniciando una pelea. Chris empieza a luchar por su lugar en el albergue y logra ser el último en pasar. Algo que me parece muy interesante que sucede durante toda la película es cómo las personas en precariedad cometen actos unos contra otros. La señora robándole la máquina a Chris, Chris huyendo sin pagarle al taxista. Y este vagabundo metiéndose a la fila, buscando un lugar donde dormir. Entonces, el dilema inicial de deberíamos de castigar a alguien que roba para darle de comer a sus hijos es un dilema insignificante. ¿Por qué? Porque el castigar a alguien que roba por comer, en este caso, no soluciona el problema de raíz, sino que son consecuencia de un sistema que causa precariedad. Ojo, con esto no estoy tratando de justificar ninguna conducta que haga daño a otra. Pero entender las circunstancias que llevan a que una conducta suceda, nos pueden llevar a modificar y resolver las circunstancias que promueven esas conductas. Alisa a su hijo para dormir y le cuenta que en cuanto arregle y venda la máquina, podrán irse a casa. Juega un poco con él y antes de irse le dice que no se preocupe, que estará arriba y no se irá. Para después preguntarle, ¿confías en mí? a lo que el chico responde que sí. Trata de arreglar su máquina, pero se da cuenta de que necesita un foco que no tiene, pero pronto va a conseguir. Durante los siguientes días, siguió consiguiendo clientes, estudiando y aprendió a terminar su trabajo rápido. Esto último es porque si quería dormir bajo techo, necesitaba estar formado temprano en la fila. Pero sobre todo, estaba enfocado en su objetivo, ser él seleccionado del programa de aprendizaje. Finalmente, llega el día del examen y Chris, gracias a todas sus horas de estudio, logra ser de los primeros en terminar. Sale de la oficina y mientras se dirige a hacer fila para el albergue, es interceptado por un compañero y después uno de los directores le pide prestado 5 dólares para el taxi. Chris titubea, ya que para él representa muchísimo, pero no tiene más remedio que dárselos. Este retraso ocasiona que ni él ni su hijo consigan lugar en el albergue, por lo que sin otra opción, tienen que pasar la noche en el interior del metro. Al siguiente día, Chris decide vender su propia sangre para conseguir algo de dinero, con el que compra las refacciones de su máquina averiada y se pone manos a la obra. Muchos asocian ser un buen padre con la capacidad de brindar solvencia económica. Pero a mi parecer, esta noción reductiva crea un estándar imposible para aquellos que pasan por dificultades económicas. Los problemas financieros pueden ser el resultado de circunstancias fuera del control del individuo, como el desempleo, como la falta de oportunidades, la enfermedad o incluso simplemente mala suerte. Y sí, puede que Chris no haya sido un buen proveedor en términos tangibles, pero eso no le quita que es un excelente padre, dándole a su hijo amor, cariño y luchando por él, demostrando que la paternidad va mucho más allá de la provisión material. El valor de un padre no se puede medir únicamente por su éxito económico. Aspectos como el amor, la atención y el apoyo emocional y la educación son igualmente importantes y en muchos casos, más duraderos en su impacto. Finalmente Chris logra reparar la máquina, venderla y con el dinero que consigue, renta un cuarto de hotel una noche. Y después del trabajo, va a pasar tiempo de calidad con su hijo en la playa. Al día siguiente, mientras Chris trabaja, un supervisor interrumpe una de sus llamadas y le dice que lo acompañe a la oficina de los directores. El hombre está muy conmocionado y nervioso, pero aún así se pone el saco y saluda a la mesa directiva, quienes le piden que tome asiento para darle una noticia. Le comentan que han tomado una decisión para posteriormente decirle, quedaste seleccionado. Al borde de las lágrimas, les agradece por la oportunidad y les dice que acepta el trabajo. Se despide de todos gentilmente, recoge sus cosas y sale a la calle a procesar lo que acaba de suceder. Toda la guerra y el sufrimiento había valido la pena. Después corre a buscar a su hijo a la guardería y le da un abrazo de esos que vienen del alma. Diciendo implícitamente, gracias por confiar en mí. Porque a mi parecer, cuando Chris le preguntaba a su hijo si confiaba en él, no se refería a las pequeñas acciones. Se refería a que si confiaba en que él lograría darle una mejor vida en algún momento. Tiempo después vemos a Chris caminando tranquilamente junto con su hijo. Si prestamos atención, vemos que ya camina sin cargar con esas pesadas y estorbosas máquinas que veíamos en un inicio. Las cuales literal y metafóricamente representaban una enorme carga y fueron una gigantesca fuente de estrés para él. En cambio, ahora en una escena sumamente simbólica, va más ligero y camina en paz. La historia se llama En busca de la felicidad. Y este título fue algo controversial, ya que da a entender que la felicidad significa éxito económico. Y a mi parecer, esto no es cierto, o tal vez sí. Te lo explico y me dejas en los comentarios tu opinión. Aquí podemos ver la pirámide de necesidades humanas de Abraham Maslow. Va desde lo más básico que son las necesidades fisiológicas como comer, beber y dormir, hasta la cima de la pirámide, que son las necesidades de autorrealización. Lo interesante aquí es que Maslow plantea que no puedes cumplir las necesidades de un nivel si las del nivel inferior no están satisfechas. Me explico, no puedes pensar o aspirar a tener confianza o éxito si antes no tienes nada que comer o tu vida está en riesgo. Recordemos que Chris se encuentra inicialmente en una situación en la que ni siquiera tiene cubiertas las necesidades más básicas. Por lo que si comparamos su situación con la pirámide, vemos que está al fondo. No tiene dinero, comida ni refugio. Si subimos un nivel, o sea, a las necesidades de seguridad, podemos ver que tampoco las cubría por completo, porque no tenía un trabajo como tal. Así, sin satisfacer sus necesidades básicas y de seguridad, Chris se encuentra marginado socialmente, lo que limita su habilidad para formar relaciones significativas más allá de su relación con su hijo. Así que el tercer nivel tampoco lo tiene cubierto y en consecuencia, pues ninguno otro superior. Por eso vemos que a Chris no le importa si este trabajo es el de sus sueños o no. Lo importante para él es agarrar cualquier trabajo que le pueda dar dinero. Entendiendo todo esto, podemos llegar a la conclusión de que, en este contexto, el dinero sí le dio, entre comillas, la felicidad. O más bien, un medio crucial para alcanzar estados de bienestar más altos y en consecuencia, una calidad de vida digna. Pero no en el sentido que piensas que el dinero en sí da la felicidad. No, el dinero es lo que el dinero te da, y en nuestro sistema, en el que muchas veces los estados son incapaces de satisfacer estas necesidades tan básicas y primarias para las personas, entonces el dinero es lo que te puede hacer satisfacerlas. En otras palabras, el dinero sí da la felicidad, porque en lugares en donde el Estado falla en cubrir las necesidades más básicas de las personas, el dinero es lo que viene a cubrirlas. En lo personal, me parece que la felicidad, más que un estado de ánimo efímero o un destino final, en realidad es un viaje continuo. Es un equilibrio delicado entre satisfacer nuestras necesidades básicas y aspirar a metas que alimentan nuestro espíritu. El dinero y las posesiones materiales pueden jugar un papel importante en encontrar la felicidad. No obstante, no son la última frontera ni la medida definitiva de la vida bien vivida. Tal vez lo más revelador de todo es que Chris nunca pierde de vista su humildad ni la de quienes lo rodean. Aún en los momentos de mayor desesperación, recuerda pedir disculpas, ofrecer amabilidad y mantener la esperanza. Y eso, al final del día, es lo que la felicidad realmente representa, la capacidad de encontrar momentos de alegría y gratitud, incluso cuando nos enfrentamos a lo peor que la vida tiene para ofrecer. Así que sea cual sea tu definición de felicidad, recordemos que su búsqueda no es tanto acerca de llegar a un destino, sino más bien sobre cómo vivamos el viaje. Algo que me parece importante enfatizar de esta historia es que muchos podrían ver su historia como, ay, una historia de superación, qué bonita, salió adelante a pesar de todas las adversidades. Porque al final es una película de motivación, pero si quitamos ese maquillaje, encontramos una verdad cruda. A lo largo de la película vimos todos los obstáculos que Chris tuvo que enfrentar para resolver su situación. Eran tantos y tan grandes y por cualquier cosa que parecía algo ya ridículo, caqueano. ¿A dónde quiero llegar con esto? Que si quitamos el velo de la motivación y la inspiración, podemos ver que esto realmente es alarmante. Una persona no debería de enfrentarse a tantos obstáculos sistémicos para, por lo menos, tener una vida digna. No estoy hablando de volverte millonario y lo que tú quieras, no, una vida digna. Definitivamente, el que Chris se haya sobrepuesto a todos los obstáculos que enfrentó es algo sumamente admirable y de reconocer. Y el reconocerlo no quita el hecho de que, al mismo tiempo, podamos entender que una persona no debería de enfrentar todos esos obstáculos por darle de comer a sus hijos. Si quieres que relate y reflexione sobre tu historia favorita o responda dudas o comentarios, puedes volverte miembro del canal dando clic aquí abajo donde dice unirse. 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¿Se puede ENCONTRAR FELICIDAD aún en la MISERIA? | En BUSCA de la FELICIDAD | Relato y reflexión
Farid Dieck
22m 25s5,557 words~28 min read
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